Eran las 04:12 de la madrugada del 18 de septiembre de 1980 en el cosmódromo de Baikonur, en la república soviética de Kazajistán, cuando despegó la nave Soyuz 38. Su destino era el complejo orbital Saliut 6, pero la noticia estaba en su interior. La tripulación estaba formada por el experto Yuri Romanenko y por un novato cuyo nombre no sonaba tanto a ruso. Era Arnaldo Tamayo Méndez y se estaba convirtiendo en el primer americano no estadounidense y en el primer negro que viajaba al espacio.

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Sus orígenes humildes habrían convertido su vida en la historia perfecta para que Hollywood vendiese el sueño americano, pero nació en Baracoa, en el extremo más al este de la isla de Cuba, y prosperó en las primeras décadas del castrismo, así que a sus 38 años en todo caso debía estar cumpliendo el sueño cubano, comunista o soviético.

El caso es que era huérfano y ya de niño trabajó de limpiabotas, ayudante de carpintero y vendedor de periódicos para intentar llevarse algo a la boca y ayudar a su familia. Eso no le privó de estudiar y de participar en las protestas estudiantiles contra el régimen de Fulgencio Batista.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana, ingresó en el ejército y se convirtió en piloto de combate a los mandos de un caza MiG-15 cuando solo tenía 19 años y el mundo comenzaba a prepararse para la carrera espacial.

El 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin, a bordo de la nave Vostok 1, se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio exterior. Tan solo unos meses después, el héroe ruso visitó La Habana y el 24 de julio pronunció un discurso que Arnaldo Tamayo no olvidaría, según confesó más tarde: "Llegará el día en que un hijo del pueblo cubano también viaje al cosmos".

Pero aún quedaba mucho para ese momento, años en los que Tamayo fue ascendiendo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y coleccionando méritos, por ejemplo, por participar en misiones de reconocimiento durante la crisis de los misiles.

El programa Intercosmos

Mientras, la URSS ponía en marcha el programa científico Intercosmos con el objetivo de que otros países socialistas participasen en misiones espaciales. Así, el checoslovaco Vladimir Remek se convirtió en 1978 en el primer ser humano de un país distinto a la Unión Soviética y Estados Unidos en viajar al espacio. Polonia, la República Democrática Alemana, Bulgaria, Hungría y Vietnam serían los siguientes países en tener cosmonautas. Y después, Cuba.

Ser candidato no era fácil. Había que ser piloto con experiencia –y sin accidentes por errores propios en su historial-, saber ruso y contar con entrenamiento militar. Aun así, 600 cubanos daban el perfil, así que tuvieron que ir pasando por varias cribas hasta que finalmente la comisión soviético-cubana designó a dos: Tamayo y José López. Era marzo de 1978, ambos se trasladaron a la Ciudad de las Estrellas, cerca de Moscú, e iniciaron el entrenamiento que les habría de convertir en auténticos cosmonautas. Finalmente, el elegido fue Tamayo.

El 19 de septiembre de 1980, un día después de despegar, la Soyuz se acopló con la estación Saliut 6, donde esperaban los cosmonautas Leonid Popov y Valery Riumin. En su estancia, el cubano realizó 21 experimentos relacionados con la medicina, la biología, la física, la psicología y la geología y encargados por la Academia de las Ciencias de Cuba.

Retiro forzoso

En total, permaneció en el espacio 7 días, 20 horas, 43 minutos y 24 segundos antes de volver a aterrizar en las estepas de Kazajistán. No volvió nunca más, pero la experiencia le convirtió en un héroe y cambió su vida. Le prohibieron seguir pilotando: su figura era demasiado importante como para perderla en un accidente, como ocurrió con Gagarin. Desde 1981 es diputado en la Asamblea Nacional y guarda distinciones como la de Héroe de la República de Cuba y la Orden de Lenin y a sus 75 años acaba de ser distinguido con una medalla de la UNESCO.

Por cierto, como es de suponer, en su momento no faltó el correspondiente discurso público de Fidel Castro sobre tan extraordinario acontecimiento. "Arnaldo Tamayo representó en el cosmos a Cuba, a América Latina, a África y al Tercer Mundo", afirmó el comandante. Casi nada.