Cuando un gato necesita perder peso, la parte difícil no siempre está en elegir una dieta adecuada. En muchos hogares, el verdadero problema es controlar exactamente cuánto come, evitar que robe comida de otros animales y resistirse a sus peticiones constantes. Un estudio veterinario sugiere que, en esas situaciones, un comedero automático puede hacer más fácil y efectivo el programa de adelgazamiento que servir las comidas manualmente en un cuenco.
La investigación, publicada en Journal of Feline Medicine and Surgery, siguió durante hasta seis meses a 23 gatos con sobrepeso u obesidad que vivían en hogares con varios felinos. Todos tenían una puntuación corporal de al menos 7 sobre 9 y siguieron una dieta diseñada para conseguir una pérdida aproximada de entre el 0,5% y el 1,5% de su peso cada semana.
Los animales fueron repartidos en tres grupos. Unos recibían dos comidas diarias en un cuenco convencional, servidas por sus propietarios. Otros utilizaban un comedero automático individualizado, también dos veces al día. El tercer grupo empleaba ese mismo sistema automático, pero repartiendo la comida en seis pequeñas tomas.
El resultado más llamativo apareció al final del programa. Entre los gatos que recibían seis comidas mediante el comedero automático, el 83,2% alcanzó una condición corporal considerada ideal o cercana al ideal. Entre los que utilizaban el dispositivo solo dos veces al día lo hizo el 40%. En el grupo alimentado manualmente con un cuenco convencional, ninguno alcanzó ese objetivo durante el estudio.
El aparato no hace adelgazar por sí solo
Eso no significa que un comedero automático tenga una capacidad especial para quemar grasa. Los investigadores observaron que la velocidad semanal de pérdida de peso fue similar en los tres grupos, y tampoco existieron diferencias significativas en las calorías que los gatos necesitaban consumir por kilo de peso.
La ventaja parece estar en algo mucho más práctico: facilitar que el plan se cumpla correctamente.
Los comederos utilizados en el estudio reconocían a cada gato mediante una identificación por radiofrecuencia. Solo el animal asignado podía acceder a su comida, lo que evitaba que otros miembros de la casa robasen parte de la ración. Además, el dispositivo dispensaba cantidades previamente establecidas, reduciendo la posibilidad de errores al medirlas.
Esto resulta especialmente relevante en hogares con varios gatos. Cuando uno necesita adelgazar y otro no, separar las comidas puede convertirse en una tarea complicada. Dejar un cuenco disponible para el animal delgado puede hacer que el que está a dieta termine comiendo también de él.
Los propietarios que utilizaron los sistemas automáticos declararon precisamente que seguir el programa les resultaba más sencillo que a quienes tenían que proporcionar las raciones manualmente. La diferencia fue estadísticamente significativa.
También notificaron menos episodios de algunas conductas relacionadas con la búsqueda de comida. Este aspecto puede ser importante porque uno de los motivos por los que fracasan las dietas de los animales domésticos es que sus cuidadores terminan ofreciéndoles algo extra cuando maúllan, los siguen por casa o parecen tener hambre.
Un comedero programado rompe parcialmente esa asociación. La comida deja de aparecer siempre directamente de la mano del propietario y pasa a depender de horarios y cantidades previamente fijados.
La American Veterinary Society of Animal Behavior ha destacado precisamente esta particularidad del experimento: sacar parcialmente al humano de la ecuación de la alimentación puede reducir algunas de las dificultades habituales de los programas de pérdida de peso.
El estudio también analizó si repartir la comida en seis pequeñas tomas era mejor que hacerlo en dos.
Aquí el resultado fue diferente. Comer seis veces al día no aceleró significativamente la pérdida de peso ni hizo que los gatos necesitaran más calorías para adelgazar al ritmo previsto. Tampoco redujo de forma clara todas las conductas relacionadas con el hambre frente a los gatos que utilizaban el mismo comedero dos veces al día.
Por tanto, la principal ventaja observada no parece proceder simplemente de aumentar la frecuencia de las comidas, sino de controlar con precisión las raciones y evitar que los gatos compartan alimento.
Otros ensayos realizados en hogares con varios gatos han llegado a conclusiones compatibles. Un estudio controlado que combinó básculas digitales, comederos inteligentes y otros dispositivos tecnológicos comprobó que los propietarios valoraban especialmente los comederos y las básculas como herramientas para gestionar un programa de adelgazamiento. En esos hogares, los gatos realizaban de media alrededor de seis pequeñas comidas diarias, aunque existía una gran variabilidad individual.
También existen datos que muestran que facilitar el control de las porciones puede mejorar la experiencia del propietario. En otro ensayo con gatos obesos, las estrategias basadas en raciones preparadas previamente consiguieron pérdidas de peso similares a otros métodos, pero los propietarios percibieron menos hambre en sus animales y mostraron mayor satisfacción con el programa.
Esto es relevante porque un plan de adelgazamiento felino depende enormemente de la constancia del cuidador. Añadir incluso pequeñas cantidades de comida extra cada día puede reducir el déficit energético previsto.
Lo cierto es que la dieta y la cantidad total de calorías siguen siendo lo fundamental, y la pérdida de peso debería realizarse bajo supervisión veterinaria para evitar una restricción excesiva. En gatos, adelgazar demasiado rápido puede ser peligroso.
Lo que muestran estos datos es algo más concreto: automatizar las comidas puede hacer mucho más fácil cumplir correctamente una dieta, especialmente cuando viven varios gatos juntos. El aparato no hace adelgazar por sí mismo, pero puede evitar dos de los enemigos más habituales de cualquier dieta felina: las raciones imprecisas y ese pequeño extra de comida que aparece cuando el gato mira a su dueño y vuelve a pedir.
