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Las claves

Dos personas pueden recorrer el mismo supermercado y fijarse en cosas diferentes. Para una puede pesar más encontrar el precio más bajo; para otra, la calidad del alimento puede convertirse en el primer criterio antes de meterlo en la cesta.

Un estudio publicado en 2024 en Foods encontró una diferencia generacional de este tipo. Tras encuestar a 1.000 adultos polacos, los investigadores observaron que las generaciones de mayor edad mencionaban más la calidad, mientras las más jóvenes destacaban el precio.

Calidad y precio seguían siendo importantes para una mayoría. Lo que cambiaba era cuál aparecía con mayor frecuencia entre los motivos de compra. Las respuestas permitían señalar varias opciones, de modo que valorar una característica no obligaba a descartar la otra.

En conjunto, el 69% mencionó la calidad y el 68,6% el precio. La diferencia global era mínima. El contraste apareció al dividir a los participantes por generaciones, sobre todo entre los más jóvenes y los de mayor edad.

Los autores dividieron la muestra en cuatro grupos de 250 personas. Los baby boomers habían nacido entre 1946 y 1964, y la generación X comprendía los años 1965-1979. En esta clasificación, los nacidos en 1980 ya pertenecían a la generación Y.

Entre los baby boomers, el 78,4% señaló la calidad como criterio de compra, frente al 62,4% que mencionó el precio. Fue el grupo donde la distancia entre ambos factores resultó más clara.

En la generación X la diferencia era bastante menor. El 68% valoraba la calidad y el 64,8% el precio. Ambos factores prácticamente competían en importancia, aunque la calidad continuaba siendo la opción más citada.

Entre los participantes más jóvenes ocurrió lo contrario. Tanto en la generación Y como en la Z, el 73,6% citó el precio frente al 64,8% que señaló la calidad entre sus principales motivaciones.

En relación a qué entender por calidad, los investigadores la relacionan con el grado en que un producto satisface las necesidades del consumidor, algo que puede incluir distintos atributos según la persona.

Para unos compradores puede significar mejores ingredientes; para otros, sabor, frescura, origen o confianza en la marca. La encuesta no permite saber qué característica tenía en mente cada participante cuando marcaba la calidad como prioridad.

La encuesta también preguntó por la información sobre los ingredientes que aparece en el envase. Este criterio se analizó por separado de la calidad, junto al origen del producto, las promociones y las certificaciones ecológicas.

El presupuesto también influye en la elección

El país de origen tenía más peso entre los mayores. Lo mencionó el 23,6% de los baby boomers y el 21,6% de la generación X, frente al 13,6% de los millennials y el 12% de la generación Z.

La certificación ecológica fue citada por el 9,7% del conjunto de participantes. Entre los baby boomers alcanzaba el 14,4%, el doble que entre los más jóvenes. Las promociones y los hábitos, en cambio, no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre generaciones.

Los autores sitúan los resultados en un contexto económico concreto. La encuesta se realizó en febrero de 2023, cuando Polonia atravesaba un periodo de inflación elevada y los precios de los alimentos habían aumentado con fuerza.

Los investigadores plantean que unos ingresos menos estables o los gastos de vivienda y formación podrían ayudar a explicar la atención al precio entre los jóvenes. Es una interpretación del resultado, no una causa demostrada por la encuesta.

Como contexto europeo, el Eurobarómetro de Seguridad Alimentaria de 2025 encontró que el coste era el factor más mencionado al comprar alimentos en la Unión Europea, citado por seis de cada diez ciudadanos.

La importancia del coste aumentó seis puntos respecto a 2022. El sabor y la seguridad alimentaria aparecían a continuación. El presupuesto sigue teniendo un peso importante en las decisiones de compra europeas, aunque las prioridades varían entre grupos.

El estudio preguntó además por hábitos relacionados con el consumo responsable. El 85,9% de los encuestados afirmaba comprobar la fecha de caducidad antes de comprar. Entre los baby boomers lo hacía el 92,8%.

En la generación Z el porcentaje descendía hasta el 80,4%. Una diferencia similar aparecía al preguntar si compraban únicamente lo necesario. Lo afirmaba el 88% de los baby boomers frente al 77,6% de los más jóvenes.

Los autores construyeron con cuatro preguntas un índice de consumo sostenible. La puntuación aumentaba entre las cohortes de mayor edad y alcanzaba su máximo entre los baby boomers, un resultado contrario a algunas de sus hipótesis iniciales.

Sin embargo, al preguntar si pagarían un 10% más por un producto ecológico, no aparecieron diferencias estadísticamente significativas entre generaciones. Tampoco las hubo al preguntar si comprobaban que el producto o su envase fuese biodegradable.

Lo que el estudio permite contar sobre España

Las diferencias se concentraban, por tanto, en determinados hábitos. Los mayores declaraban revisar más las fechas y ajustar las compras a sus necesidades, pero el cuestionario no medía el impacto ambiental real de sus cestas.

Los autores recuerdan que todos los participantes eran residentes en Polonia y usuarios de internet. La historia económica y social del país forma parte de su interpretación, por lo que los resultados no pueden trasladarse directamente a los compradores españoles.

Además, los baby boomers incluidos eran personas con acceso y capacidad para utilizar herramientas digitales. Los mayores alejados de internet quedaban fuera, una limitación que impide considerar la muestra representativa de toda su generación.

Las respuestas reflejan lo que las personas dicen hacer, no lo que realmente compraron. Los investigadores reconocen que puede haber distancia entre las declaraciones y la conducta, especialmente cuando se pregunta por comportamientos considerados responsables.

El trabajo tampoco siguió a las mismas personas durante décadas. No permite separar el efecto de pertenecer a una generación del de encontrarse en una etapa vital concreta. La asociación observada no demuestra que el año de nacimiento determine las preferencias.

Entre los polacos estudiados, las generaciones mayores citaron más la calidad y las jóvenes, el coste. Ambas preocupaciones convivían en todos los grupos. La diferencia estaba en sus prioridades declaradas, no en dejar de mirar el precio al hacer la compra.