J. Rodríguez
Publicada
Las claves

La avena se ha convertido en uno de esos alimentos atrapados entre recomendaciones saludables y advertencias virales. David Céspedes cuestiona ahora los argumentos que relacionan este cereal con inflamación, insulina o aumento de peso.

El experto en longevidad sostiene que afirmar que la avena inflama no encaja con los resultados disponibles. Cita metanálisis de ensayos clínicos aleatorizados que analizaron distintos biomarcadores relacionados con la inflamación.

Según Céspedes, ninguno de estos marcadores inflamatorios aumenta significativamente después de consumir avena.

De hecho, explica que algunos análisis incluso encuentran pequeñas reducciones en determinados biomarcadores. Por eso, considera más útil preguntar qué indicador concreto de inflamación se está utilizando antes de realizar esa afirmación.

Otro de los argumentos habituales apunta a los supuestos picos de glucosa e insulina provocados por la avena. Céspedes responde que contiene hidratos de carbono, por lo que es normal que aumenten.

Mitos de la avena

El incremento de glucosa provoca una respuesta de insulina, algo que forma parte del funcionamiento normal del organismo. Además, recuerda que determinados alimentos ricos en proteínas también pueden generar respuestas de insulina.

Sin embargo, el experto destaca una característica concreta de la avena: su contenido en betaglucano, una fibra soluble. Esta fibra aumenta la viscosidad intestinal y retrasa la absorción de glucosa.

Según el metanálisis de ensayos controlados que menciona, el betaglucano consiguió reducir aproximadamente un 23% la glucosa después de las comidas y un 22% la respuesta de insulina en términos generales.

Para Céspedes, estos resultados introducen un matiz importante en el debate sobre los supuestos picos. La avena puede elevar la glucosa porque contiene hidratos, pero su fibra contribuye a amortiguar esa respuesta.

El tercer argumento que cuestiona relaciona la avena con la alimentación de los cerdos. El experto considera que utilizar lo que come un animal para decidir qué debe comer una persona carece de sentido nutricional.

Además, señala que la avena contiene bastante fibra y presenta una densidad energética menor que otros cereales, como el maíz. En alimentación porcina, incluso puede reducir la eficiencia de ganancia de peso.

Por tanto, Céspedes rechaza utilizar ese ejemplo como prueba de que la avena engorda. También aclara que defender su consumo no significa convertirla en un supuesto superalimento, porque esos conceptos pertenecen al marketing.

El experto la describe simplemente como un cereal integral con fibra, betaglucano, proteínas, vitaminas y minerales. También menciona evidencia clínica sobre algunos efectos, como una reducción pequeña pero consistente del colesterol LDL.

Su conclusión es que se puede comer avena, aunque no existe ninguna obligación de incluirla en la dieta. Puede elevar la glucosa después de comer, pero eso no significa necesariamente que resulte perjudicial.