Vivimos en una época donde la población general se ha obsesionado con el uso de suplementos a cada cual más específico y, por supuesto, más caro que el anterior, además de los costosos laboratorios antienvejecimiento de Silicon Valley.
Sin embargo, dentro de esta vorágine, el conocido investigador de National Geographic, Dan Buettner, descubridor de las 'Zonas Azules', defiende una tesis simple pero poderosa: la esperanza de vida no se compra, sino que se diseña a través del entorno.
Según ha explicado Buettner en una entrevista, tan solo el 20% de nuestra esperanza de vida dependería de la genética, mientras que el 80% restante dependería de factores ambientales y hábitos que nos empujan, de manera inconsciente, a mantenernos activos y sanos.
Entre los hábitos que nombra Buettner, destaca especialmente una medida física que sirve como indicador de nuestra salud cardiovascular: si tienes 80 años y eres capaz de caminar 1 milla (1,6 kilómetros) en menos de 17 minutos, la estadística indica que añades al menos seis años a tu esperanza de vida.
Claves para vivir más
Si bien es cierto que no es una meta atlética extrema, esta cifra puede valernos como indicador de capacidad física y reserva cardiorrespiratoria en la vejez. Y, de hecho, en una persona sedentaria, el simple paso de caminar 20 minutos diarios ya sumaría tres años de expectativa de vida.
Según explica este experto en longevidad, el verdadero secreto de las comunidades más longevas de la Tierra o 'Zonas Azules' (Cerdeña, Okinawa, Nicoya) es que ninguno de sus centenarios entrena de forma activa.
No se trata de personas longevas que corran maratones o precisen de un gimnasio: "La gente piensa que tiene que hacer ejercicios extremos. Caminar te dará el 90% de la actividad física que necesitas en un día" según explica Buettner.
El problema de la sociedad occidental actual es que hemos externalizado el movimiento y construido ciudades enemigas del peatón. En este aspecto, Buettner analiza dos modelos de diseño urbano.
En la ciudad de Los Ángeles, el conductor promedio pasa 47 horas anuales detenido en el tráfico, aislado en su automóvil.
Por el contrario, en Singapur (lo que denomina 'Zona Azul 2.0'), el gobierno ha implementado políticas de transporte drásticas, cobrando hasta 100.000 dólares por el derecho a conducir y aplicando un impuesto adicional del 300% sobre el vehículo, dando lugar a que el 89% de la población se desplace a pie o en transporte público y obligando a la población a acumular unos 7.500 pasos diarios de forma natural sin esfuerzo consciente.
En definitiva, rediseñando el entorno para obligar al movimiento incidental, algo que ha resultado ser mucho más efectivo que pagar un gimnasio que se abandona al cabo de unos meses.
Pero, para Buettner, esta caminata rápida de 17 minutos es tan solo la parte visible de una existencia equilibrada. Según explica, la longevidad requiere de un enfoque integral donde el movimiento físico coexista con una red de apoyo social y un sentido de trascendencia o "propósito".
Como él mismo explica, las estadísticas al respecto de esta idea clave son contundentes:
- Amistad: Contar con al menos tres amigos cercanos con quienes reír y contar en un mal día equivaldría a unos ocho años más de vida en comparación a la soledad.
- Propósito: Tener un propósito claro (o 'ikigai' como lo llaman en Okinawa) añadiría unos ocho años de esperanza de vida frente a vivir a la deriva.
- Dieta: En lugar de consumir "superalimentos" procesados, los centenarios de las 'Zonas Azules' consumen productos naturales, destacando especialmente el consumo diario de legumbres, lo cual aportaría al menos cuatro años extra de vida.
Así pues, como conclusión, como explica el experto, el verdadero secreto para superar los cien años de vida consiste en dejar de buscar atajos tecnológicos o modas pasajeras y simplemente empezar a caminar, conversar con los vecinos y comer de forma más simple.
Caminar 17 minutos a un buen ritmo no es una penitencia, sino la consecuencia de un entorno diseñado para vivir en movimiento.
