Los agricultores europeos seguirán teniendo durante los próximos años una herramienta peculiar para combatir las malas hierbas. No se trata de uno de los herbicidas sintéticos más conocidos, sino de un ácido graso que aparece de manera natural en diferentes plantas y que actúa destruyendo rápidamente los tejidos vegetales con los que entra en contacto.
La Comisión Europea ha renovado la aprobación del ácido pelargónico, también denominado ácido nonanoico, mediante el Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1696. La nueva autorización comenzará a aplicarse en todos los Estados miembros, incluida España, el próximo 1 de octubre de 2026 y permanecerá vigente hasta el 30 de septiembre de 2041.
Hay, sin embargo, un matiz importante. Europa no está autorizando esta sustancia por primera vez. El ácido pelargónico llevaba años aprobado como sustancia activa y ya existen en España productos fitosanitarios que lo contienen. Beloukha, por ejemplo, figura en los registros españoles con el número ES-00222 y una composición del 68% de ácido pelargónico. El producto fue inscrito originalmente en agosto de 2016.
Lo que Bruselas ha hecho ahora es completar el procedimiento necesario para renovar su aprobación durante otros 15 años, después de revisar nuevamente su eficacia y sus posibles efectos sobre la salud y el medioambiente.
El ácido pelargónico es un ácido graso saturado de nueve átomos de carbono. Aparece naturalmente en pequeñas cantidades en aceites esenciales de plantas del género Pelargonium y también puede encontrarse en otras fuentes vegetales y animales. Precisamente de este género procede su nombre.
Su funcionamiento como herbicida es bastante diferente al de productos sistémicos que penetran en la planta y se desplazan por su interior.
Actúa directamente sobre las hojas
El ácido pelargónico funciona fundamentalmente como herbicida de contacto y no selectivo. Al alcanzar las partes verdes de la planta altera rápidamente la superficie y las membranas celulares, favoreciendo la pérdida de agua y provocando la desecación de los tejidos.
El resultado puede apreciarse rápidamente en las hojas alcanzadas por el tratamiento. La literatura científica describe necrosis y desecación después de la alteración de las membranas y de las ceras que protegen la superficie vegetal.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria evaluó usos representativos muy diferentes. Entre ellos aparecen el control de malas hierbas y rebrotes en viñedos, la desecación de la parte aérea de la patata, además de aplicaciones en caminos, zonas con plantas leñosas, arbustos ornamentales, céspedes y jardines. EFSA concluyó que la sustancia proporcionaba una eficacia herbicida suficiente frente a distintas malas hierbas anuales y perennes.
Eso no significa que, a partir del 1 de octubre, cualquier agricultor pueda aplicar ácido pelargónico de cualquier manera o sobre cualquier cultivo.
La aprobación europea afecta a la sustancia activa. Los productos comerciales siguen necesitando autorización y cada formulado establece cultivos, dosis, número de aplicaciones y condiciones concretas de utilización. El agricultor debe utilizar únicamente productos fitosanitarios autorizados y respetar sus condiciones de uso.
La renovación tampoco convierte el origen natural en sinónimo de ausencia de riesgo. Durante la evaluación, EFSA identificó para algunos usos posibles riesgos relacionados con las aguas subterráneas, los organismos acuáticos, los artrópodos no objetivo —incluidas las abejas— y los organismos del suelo, aunque no detectó ningún aspecto que constituyera un área crítica de preocupación capaz de impedir la renovación.
Por esa razón, el nuevo reglamento obliga a los Estados miembros a prestar especial atención a la protección de las aguas subterráneas cuando se utilice en zonas con acuíferos vulnerables bajo suelos predominantemente alcalinos. También deberán protegerse organismos acuáticos, abejas, otros artrópodos y organismos del suelo, introduciendo medidas de reducción del riesgo cuando resulte necesario.
La Comisión exige además una pureza mínima de 889 gramos por kilogramo y calidad alimentaria conforme a las especificaciones europeas correspondientes a determinados ácidos grasos, además de limitar varias impurezas relevantes. La decisión europea garantiza así la continuidad de una herramienta que ya estaba disponible en el campo español.
