J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las temperaturas extremas han dejado este verano una huella especialmente grave en Europa occidental. El meteorólogo Mario Picazo advierte de que el calor se ha convertido en uno de los mayores riesgos climáticos.

Según explica Picazo en una publicación de su cuenta de X, Europa ha sufrido cinco importantes olas de calor durante este verano, con consecuencias especialmente graves para la población.

Las estimaciones citadas por el meteorólogo apuntan a que las temperaturas extremas habrían provocado al menos 25.000 muertes en Europa occidental. Durante algunos episodios, cerca de 80 millones de europeos estuvieron expuestos al calor.

En distintas zonas, los termómetros alcanzaron valores cercanos o superiores a los 40 ºC. El problema resulta especialmente relevante porque algunas regiones europeas no están acostumbradas ni suficientemente preparadas para soportarlos.

El impacto del calor, además, puede resultar difícil de detectar. Pocas personas fallecen teniendo las temperaturas extremas como causa directa, ya que estas suelen agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de provocar deshidratación.

Tomar medidas

Las altas temperaturas también incrementan el estrés sobre el organismo y afectan especialmente a determinados grupos. Las personas mayores, sobre todo quienes viven solas, figuran entre las más vulnerables durante estos episodios.

El riesgo aumenta cuando las viviendas están mal aisladas o carecen de sistemas de refrigeración. A ello se suma la pobreza energética, que puede impedir mantener los hogares a temperaturas seguras durante periodos especialmente calurosos.

Los trabajadores también afrontan una exposición importante. Algunas personas permanecen durante muchas horas sometidas a temperaturas elevadas sin poder reducir suficientemente su actividad ni acceder a espacios refrigerados, aumentando así los problemas laborales.

Además, el riesgo asociado al calor no desaparece cuando termina oficialmente una ola de calor. Una parte importante de los problemas laborales vinculados a las temperaturas elevadas ocurre fuera de esos episodios.

La dimensión del fenómeno también se aprecia al observar los últimos años. Picazo señala que el calor extremo habría provocado más de 200.000 muertes en Europa durante los cuatro años más recientes.

El verano de 2022 dejó alrededor de 61.700 fallecimientos relacionados con las altas temperaturas, mientras que en 2024 la estimación volvió a superar las 62.000 muertes asociadas al calor extremo.

La gran ola de calor de 2003, responsable de más de 70.000 muertes adicionales en Europa, marcó un punto de inflexión y llevó a varios países a desarrollar planes específicos de prevención.

Sin embargo, las cifras posteriores muestran que las medidas todavía resultan insuficientes ante un clima que continúa calentándose. El cambio climático favorece episodios más frecuentes, largos e intensos en Europa.

Por ello, la adaptación será cada vez más importante. Mejorar las viviendas, ampliar zonas verdes y refugios climáticos, proteger a las personas mayores, modificar horarios laborales y reforzar las alertas puede salvar vidas.