Un día el termómetro puede acercarse a los 40 ºC y apenas unas jornadas después hacer falta una chaqueta para salir de casa por la mañana. Aunque el contraste resulte extraño después de semanas de calor, este tipo de vuelcos tienen una explicación meteorológica y son posibles cuando agosto llega a su recta final.
España está viviendo precisamente uno de ellos. El miércoles 26 de agosto, AEMET registró 39,6 ºC en Híjar, 38,2 ºC en Zaragoza y 38 ºC en Valmadrid. Al mismo tiempo, una borrasca avanzaba desde el Atlántico preparando un cambio mucho más evidente para las horas siguientes.
Mar Gómez, doctora en Físicas y meteoróloga de eltiempo.es, explica que tras el paso de los frentes está penetrando en la Península una masa de aire de origen polar. El descenso se notará especialmente durante la noche del jueves al viernes, cuando coincidirán ese aire más fresco y cielos más despejados.
Las previsiones dejan cifras que parecen corresponder a otra estación. Ávila, León y Salamanca pueden bajar hasta 7 ºC, mientras Burgos, Palencia y Soria rondarán los 8. En Segovia se esperan unos 9 ºC y Madrid podría amanecer alrededor de los 13. En muchas zonas interiores serán entre cinco y diez grados menos de lo habitual para finales de agosto.
No significa que una ciudad pase directamente de 40 a 7 grados entre la tarde y la madrugada. Son registros correspondientes a lugares distintos y conviene no mezclarlos. Pero sí muestran hasta qué punto puede cambiar el mapa térmico español en apenas uno o dos días.
La atmósfera puede cambiar de masa de aire muy rápido
La explicación está varios kilómetros por encima de nuestras cabezas. Durante los episodios más calurosos del verano, una dorsal subtropical puede favorecer que masas de aire muy cálidas permanezcan sobre la Península. Si esa configuración se rompe y el chorro polar comienza a ondularse, pueden descender desde latitudes septentrionales masas de aire mucho más frescas.
José Luis Camacho, portavoz de AEMET, recuerda en El País que estas irrupciones no son excepcionales a finales de verano. “Este temporal entra dentro de lo normal, lo que no era normal era lo que teníamos hasta ahora”, explicó al analizar el anterior descenso de temperaturas de agosto.
Samuel Biener, climatólogo y meteorólogo de Meteored, señala igualmente que estas situaciones “entran relativamente dentro de lo normal a partir de la segunda quincena de agosto”. Tradicionalmente se habla incluso de la “rompida de la canícula”, cuando el calor persistente comienza a sufrir interrupciones y las vaguadas y tormentas ganan protagonismo.
El cambio puede ser rápido porque la temperatura que sentimos depende en gran medida de la masa de aire situada sobre el territorio. Si un frente desplaza aire muy cálido y detrás entra otro procedente de latitudes mucho más altas, las máximas pueden perder varios grados de un día para otro.
Esta semana el contraste ha sido especialmente llamativo. El miércoles España llegó a estar prácticamente partida en dos: mientras Zaragoza se aproximaba a 40 ºC, Lugo tenía una máxima de unos 20. La diferencia entre ambas zonas alcanzaba casi veinte grados dentro del mismo país. Y unas horas después, el aire polar continuará extendiéndose por el interior.
Esto tampoco significa que el otoño haya llegado definitivamente. A finales de agosto las noches son cada vez más largas y el Sol pierde fuerza, lo que facilita enfriamientos nocturnos mayores cuando los cielos quedan despejados, pero septiembre todavía puede dejar episodios de calor intenso.
De hecho, AEMET mantiene para agosto, septiembre y octubre una probabilidad muy alta de que la temperatura media termine dentro del tercil cálido en toda España respecto al periodo 1991-2020.
