J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Europa atraviesa un verano marcado por temperaturas extremas, récords y episodios de calor cada vez más frecuentes. Para Diego Ferraz-Castiñeiras, ambientólogo, comparar esta situación con los veranos tradicionales ya no tiene sentido.

Los datos de Alemania muestran con claridad el cambio experimentado durante las últimas décadas. Desde el inicio de los registros meteorológicos, en 1881, hasta el año 2000, únicamente se superaron los 40 grados en una jornada.

Sin embargo, entre los años 2000 y 2025, Alemania acumuló nueve días con temperaturas superiores a los 40 grados. La diferencia resulta todavía más llamativa al observar lo ocurrido durante junio de 2026.

En apenas una semana de ese mes se registraron cuatro jornadas por encima de los 40 grados. Así, un fenómeno prácticamente excepcional durante 119 años se ha repetido con mucha mayor rapidez recientemente.

Francia también refleja la creciente intensidad de las temperaturas extremas. Cada vez que una de sus 120 estaciones meteorológicas supera los 40 grados, se activa una alarma para registrar estos episodios excepcionales.

Entre 1950 y 2000, las estaciones francesas activaron 30 alertas por temperaturas superiores a ese umbral. En cambio, durante 2026 ya se habían contabilizado alrededor de 114 avisos de este tipo.

Las consecuencias del calor extremo se han dejado sentir en distintos países europeos. En Alemania se han producido problemas en las infraestructuras ferroviarias, mientras París ha alcanzado nuevos récords de temperatura durante este verano.

Además, algunas personas han tenido que dormir en las calles porque sus viviendas no estaban preparadas para soportar temperaturas tan elevadas. El aumento del calor también provoca situaciones que afectan directamente a la población.

El impacto se extiende más allá de las ciudades y las infraestructuras. Las temperaturas extremas están relacionadas con muertes, daños en los cultivos y la pérdida de aves, mientras el Mediterráneo registra un preocupante sobrecalentamiento.

La acumulación de estos fenómenos lleva a una conclusión inquietante: Europa podría dejar atrás los veranos sin olas de calor. Estos episodios ya forman parte de una realidad climática cada vez más habitual.

La intensa ola de calor registrada en Europa durante junio de 2026 tuvo una causa inequívoca: el cambio climático. El fenómeno está modificando la frecuencia y la intensidad de las temperaturas extremas en el continente.

Pese a la sucesión de récords y sus consecuencias, todavía existen voces que minimizan el problema. Algunas consideran que temperaturas de 36 grados no justifican la preocupación ni las advertencias sobre el calentamiento global.

Pero los registros meteorológicos muestran una tendencia difícil de ignorar. Europa se abrasa mientras los episodios extremos aumentan y los efectos del calor afectan a viviendas, infraestructuras, cultivos, ecosistemas y personas.