Zamora

Rosina, misionera: "En Mbuji-May comen una vez cada dos días"

9 febrero, 2017 11:46

El concepto de los alimentos como comida y no como negocio, la garantía de productos locales y evitar el desperdicio de los alimentos. Estos son los tres compromisos o premisas que se marca el colectivo de Manos Unidas para intentar erradicar el hambre en la sociedad. Así lo ha explicado Manos Unidas este miércoles en el Seminario de San Atilano donde han presentado al público los proyectos solidarios de Manos Unidas bajo el lema "El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida".

De este modo se ha manifestado que los lácteos, verduras y frutas son los que más terminan en la basura y se ha destacado lo "escandaloso" que es el hambre en muchos países. Y es que, "un tercio de nuestros alimentos terminan en la basura casi 800 millones de personas pasan hambre", señalaban.

Asimismo, tras el acto de presentación, tuvo lugar el testimonio de la religiosa mercedaria Rosa Mª de los Reyes, conocida como Rosina, misionera en África. De los Reyes explicó su misión desde hace seis años en el país africano de Mbuji-May, la ciudad de los diamantes o "la cabra de agua", a 8.000 kilómetros. "Una ciudad en el interior del país y muy mal comunicada" en la que habitan unos dos o tres millones de habitantes, "porque no hay censo".

En este sentido, Rosina explicó como era la vida allí y destacó que "los hospitales se encuentran sin camas y sin colchones, debes llevar tus medicamentos y tus inyecciones", algo muy precario a día de hoy en el siglo XXI. Además, también contó como existen dos tipos de mercados, el que tiene producto local, maíz, piña, patatas, lo que se consigue fácilmente y otro que tiene cosas más excepcionales como latas de bonito, azúcar o latas de sardinas.

Por último expuso que hay mucha pobreza extrema, ya que "suelen comer una vez cada dos días o así" y que existen muchos niños desnutridos. "Para resistir durante el día y las ocho horas de trabajo suelen comer algo como un cacahuete entre medias", resaltaba la misionera. Así también mencionó los problemas del saneamiento, que "es brutal". "No hay agua y la higiene es un lujo", explicaba mientras contaba que la ciudad amanece a las 5.30 horas de la mañana para realizar la primera tarea: ir a buscar agua. De esta forma, los hombres en bici acuden a los puntos externos a por agua para después venderla en la ciudad donde un bidón de agua de 20 litros cuesta cuatro céntimos.