María, vallisoletana, posa junto a libros.
María (61) tenía ganas de gritar tras el cáncer, pero cogió un papel: “10 años después publico un libro para ayudar a otros”
La vallisoletana busca financiación para editar un relato real cuyos beneficios quiere destinar íntegramente a la investigación del cáncer infantil y juvenil.
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María tenía ganas de gritar, muchas ganas, pero en lugar de hacerlo cogió un papel.
Era la cuenta de un supermercado, lo recuerda perfectamente. Allí escribió todo lo que sentía. En este caso, la rabia, el miedo y todo aquello que no era capaz de decir en voz alta.
Después llegó otra hoja y otra más. Y ahora, diez años después, aquellas palabras se han convertido en un libro.
María, vallisoletana de 61 años, prepara la publicación de Con la corona puesta, un relato personal sobre los diez años que ha convivido con un proceso oncológico del que no especifica en concreto “para que sirva a todo el mundo”.
Lo primero que nos dice es que no se considera escritora ni pretende dar consejos médicos.
Su objetivo es contar lo que vivió, con sus momentos más duros y también con sus pequeñas victorias, para acompañar a quienes atraviesan una situación similar.
“Si a mí me ha servido para sanar y desahogarme, quizá a otra persona le pueda servir simplemente para no sentirse sola”, explica a EL ESPAÑOL Castilla y León.
El libro tendrá además un fin solidario. Quiere que todo lo recaudado con su venta vaya íntegramente a la Fundación Alba Pérez, dedicada a apoyar la investigación del cáncer infantil y juvenil y a las familias que se enfrentan a esta enfermedad.
Para conseguirlo busca ahora patrocinadores que puedan ayudarle con los gastos de impresión.
“Mi idea es que, si consigo esa ayuda para publicar el libro, todo lo que se recaude pueda ir directamente a la fundación”, apunta.
María se define como “pucelana de pura cepa” y lleva años vinculada al voluntariado. Precisamente conoció a la asociación Entre Todos Ayudamos hace una década, a la salida del hospital, después de recibir radioterapia.
2015, año 0
La historia de María comenzó en 2015. El tratamiento fue largo y los controles se prolongaron durante años. Recibió finalmente el alta en noviembre de 2025. La famosa década para poder decir, o en su caso, que está limpia.
Pero durante todo ese tiempo siempre le acompañó: la necesidad de escribir.
“Yo tenía muchas ganas de gritar y llegué a casa. Cogí un papel y empecé a escribir”, recuerda. “Todo lo que no gritaba lo escribía con rabia, con tachones”.
A veces dejaba una frase corta sobre el papel. “Hoy no puedo más”. Otros días escribía durante horas. Poco a poco, aquel desahogo fue tomando forma de diario.
Cuando terminó el proceso, volvió sobre aquellas páginas y decidió completar la historia. “Pensé que quizá podía servir de compañía a alguien”.
Ese es el punto de partida de Con la corona puesta. María insiste en que no es un libro de autoayuda ni un manual para afrontar el cáncer.
“Yo no digo a nadie lo que tiene que hacer. No soy médico y cada caso es diferente. Yo simplemente cuento mi historia”.
Una historia que quiere narrar sin ocultar las dificultades, pero también sin convertir el libro en un relato de miedo.
No solo la quimioterapia
María quiere hablar de una parte del proceso que muchas veces queda fuera de las conversaciones sobre el cáncer. Y es que los que han pasado por ello saben que no todo ocurre en una sala de quimioterapia.
Están las consultas, las pruebas, los análisis, las esperas y los resultados. Pero también los tratamientos y los trámites.
Además del trabajo y la necesidad de seguir atendiendo asuntos cotidianos mientras la enfermedad ocupa cada vez más espacio.
“Cuando tienes cáncer, parece que tu profesión pasa a ser enferma”, resume.
En el libro cuenta cómo la rutina acaba girando alrededor del hospital. “Cambias el cine por el hospital y el café por las consultas”.
María durante el tratamiento con el famoso gorro azul.
También habla de cuestiones aparentemente menores, pero que forman parte de la vida diaria de una persona enferma.
Una intervención dental que tuvo que aplazar. Y recuerda, entre otras situaciones, las visitas a la mutua. “Había días en los que tenía que ir aunque estuviera vomitando”.
Son esas experiencias las que María quiere poner sobre la mesa. No solo los grandes momentos de la enfermedad, sino todo lo que cambia alrededor de ella.
Porque, como explica, el cáncer “quita muchas cosas”.
Entre los recuerdos que recoge en el libro hay uno que conserva con especial cariño.
Una de sus sesiones de quimioterapia con el famoso sabor metálico en la boca.
La sensación de intentar quitarse aquel gusto con zumo de melocotón. Y un compañero de sala, que le dijo una frase que no olvidaría. “Esto es solo una piedra más. No es el final del camino”.
Desde entonces, María convirtió aquella imagen en una manera de afrontar el proceso. Y es que a esta vallisoletana, trabajadora de la Junta, le gustan mucho las metáforas.
Pero ella decidió que las piedras no iban a detenerla. Al salir de algunas sesiones de quimioterapia no se iba directamente a casa, ella se sentaba a comer en un restaurante.
“Con el cuerpo mal, con el sabor metálico, yo decía: me voy a sentar a comer encima de la piedra”, y así comenzó todo.
La escena es un buen resumen su libro. No se trata de negar la enfermedad ni de minimizar el sufrimiento. En este caso se trata de buscar espacio para la vida incluso en medio del proceso.
“Después del cáncer se puede seguir”, asegura María, con secuelas pero se puede.
Una corona de guerra
El título del libro también nació en uno de los momentos más difíciles. María recuerda una noche en la que no podía dormir. Entonces imaginó que se colocaba una corona sobre la cabeza.
«Pero no era una corona de reina. Era una corona de guerra» y aquella imagen le ayudó a enfrentarse a lo que estaba viviendo.
A lo largo de esos años hubo además personas que se convirtieron en parte fundamental de la historia. Una de ellas es una amiga a la que María considera una hermana.
Ella le regaló un gorrito azul que se convertirá en uno de los símbolos del libro. Pero el gesto más importante fue otro, incluso se rapó la cabeza para que María no se sintiera sola durante el proceso.
“No es mi hermana de sangre, pero sí del alma”, dice emocionada.
El libro incluirá fotografías reales del antes, del durante y del después. Imágenes de una vida que cambió de forma radical durante aquellos años y que después tuvo que aprender a continuar.
Todo el mundo le está echando una mano en este libro, sobre todo a la hora de la corrección. “Yo sé de muchas cosas, pero los puntos y aparte se me atragantan”, bromea.
Un libro para pacientes y familias
María quiere que su libro llegue a las personas que están atravesando un proceso parecido al suyo, pero también a sus familias.
Por eso habla de los miedos antes de una prueba, también de la incertidumbre ante un resultado.
De esos momentos en los que una persona parece estar bien, pero por dentro sigue teniendo miedo. “Cada cuerpo es diferente y cada persona vive esto de una manera distinta”.
Su intención es la de compartir una historia pero sobre todo dejar claro que sentirse cansado, tener miedo o pensar que no se puede más también forma parte del camino.