Paz Pérez Encinas, hija de Paz Encinas, propietaria con 93 años de la perfumería de La Cibeles.
Paz (93 años), dueña de la perfumería más antigua de Salamanca: "Ni he fumado ni he bebido; lo mío ha sido trabajar"
Fundada en 1941 por un excombatiente de la Guerra Civil, esta emblemática droguería y perfumería sigue atendida por su viuda, Paz, a sus 93 años recién cumplidos, y por su hija filósofa, custodiando un catálogo único de fragancias descatalogadas, talqueras y productos de antaño.
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El templo del comercio tradicional salmantino se erige como una auténtica cápsula del tiempo frente al avance de las grandes superficies y la venta digital.
La Droguería y Perfumería 'La Cibeles' abre sus puertas en pleno corazón de la ciudad conservando intacta la esencia con la que nació en 1941, cuando el marido de la actual propietaria abrió el negocio tras regresar del frente de la Guerra Civil.
Pocos años después se incorporaría su esposa, Paz, quien antes de contraer matrimonio convirtió este mostrador en el centro de su vida.
Hoy, tras haber celebrado 93 años el pasado sábado, la veterana comerciante mantiene una lucidez extraordinaria al frente de un establecimiento que es referencia del buen perfume y la atención de toda la vida.
Paz (hija) enciende el letrero luminoso original (años 50) de la tienda La Cibeles en la calle Concejo para EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Cruzarse por el umbral de 'La Cibeles' supone realizar un viaje olfativo y sentimental directo al pasado. En sus estanterías de madera descansan frascos de frágil tesoro que parecen haber desaparecido del resto del mapa comercial.
Es probablemente el único rincón de Salamanca donde aún se custodian colonias históricas como Farala, Joya, Chispitas o Agua Brava.
Junto a ellas conviven reliquias de la estética de antaño que provocan una regresión inmediata de medio siglo: empolvadores, talqueras, o las icónicas líneas de baño y tocador de firmas legendarias como Maja o La Toja.
Paz, en una imagen de 2020 del Facebook de la tienda. Todo un ejemplo a seguir Meta.
El mostrador de la entrada se completa con una cuidada selección de complementos que incluye pañuelos, monederos y pulseras de estilo atemporal.
Al avanzar hacia la trastienda, el perfume de tocador cede el paso al aroma inconfundible de la droguería clásica.
Tal como anuncia el rótulo original que preside la entrada, la zona posterior del local alberga una despensa inagotable de artículos de limpieza, detergentes, celulosas, pinturas, insecticidas, abonos y semillas para la huerta.
Imagen del interior de la tienda con los carteles que indican donde empieza la zona de ultramarinos.
Es allí donde el asesoramiento se vuelve pura química práctica, resolviendo desde la erradicación de una plaga de pulgón en limoneros hasta el remedio más eficaz contra las hormigas.
La custodia cotidiana de esta joya comercial cuenta además con la presencia de su hija, también llamada Paz.
Su figura aporta un matiz singular a la dinámica del mostrador, ya que combina la atención al público con su vocación filosófica: es colaboradora activa en Radio Nacional de España dentro del espacio 'Ágora, un espacio para pensar', donde junto a su grupo de trabajo divulga la trayectoria y el pensamiento de las mujeres filósofas relegadas por la historia.
Paz (hija) envuelve de manera tradicional un artículo comprado en la tienda.
La conversación en el local fluye así de manera natural entre el pragmatismo del comercio de barrio y la reflexión intelectual.
Pese al interés que despierta la longevidad y el mérito de su trayectoria, Paz madre rehúsa tajantemente posar ante las cámaras.
Fiel a una modestia inquebrantable, no se considera ni desea considerarse protagonista de nada.
Parte interior de la tienda con artículos de ultramarinos para limpieza, huertos, invernaderos. Etc.
Rechaza el estatus de personaje público porque entiende su existencia bajo una sola premisa: la de una mujer sencilla que se ha dedicado a su oficio sin estridencias.
"Ni he fumado ni he bebido; lo único que he hecho ha sido trabajar", sintetiza con rotundidad la matriarca, firme en su intención de seguir al pie del cañón mientras el cuerpo se lo permita, sosteniendo con su presencia el último gran bastión del comercio con alma en la capital.