Daniel López Almanza, florista y cofrade.

Daniel López Almanza, florista y cofrade. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Dani (36), cofrade y florista en Valladolid: “Todo sube de precio, las flores también. Se hace un gran esfuerzo económico”

El vallisoletano es cofrade en La Sagrada Cena y florista y destaca el esfuerzo que llevan a cabo las cofradías para paliar la subida de estos precios.

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Las cofradías cada vez están más formadas. Cada día me sorprende menos cuando me piden determinadas flores por su nombre. No solo en este ámbito. En el arte, en la música. Las redes sociales y las nuevas generaciones ayudan a este cambio y están más implicadas en lo que nos rodea, teniendo claro su estilo e idiosincrasia”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Daniel López Almanza.

Vallisoletano, de 36 años, entró con ocho años a la hermandad del Atado a la Columna y, desde hace apenas un año, pertenece a la Cofradía de La Sagrada Cena de Valladolid y vive la Semana Santa como el que más, y de una forma especial y diferente.

Él es florista. Se encarga de poner a cada paso y en cada procesión el color y la flor adecuada para que todo vaya en armonía y el vallisoletano o el turista que se empapa en la semana de pasión vallisoletana lo haga a lo grande.

Charlamos con Dani que nos da algunas pinceladas de lo que las diferentes cofradías buscan en la actualidad y nos habla también del aumento de precios de dichas flores en esta entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Su comienzo en el mundo de las cofradías

“Siempre he sido muy creativo. En el colegio no destacaba mucho por mis estudios, pero siempre sacaba ideas para proyectos de cualquier cosa. Estudié un Grado Medio de Forestales pero la vida no me llevó por esos derroteros”, explica Daniel López Almanza, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Añade que por una tía suya “descubrió una escuela de floristería” que al final “unía los dos mundos” el de las plantas y el de ser creativo. A sus 36 años, nuestro entrevistado cuenta con un Grado Medio de Trabajos Forestales y Conservación del Medio Natural y otro de Ayudante de Florista.

“Con ocho años entré en la hermandad del Atado a la Columna donde estuve unos 27 años. Ahora llevo apenas uno en La Sagrada Cena. Ser cofrade es vivir en comunidad la fe y va mucho más allá. Lo he vivido siendo directivo durante muchos años. Es muy gratificante pero muy duro”, nos explica nuestro entrevistado.

Son llamadas, noches sin dormir, todo pensando en que al día siguiente no falte un detalle de nada y esté a la perfección.

Cofrade y florista

Apenas llevo un año siendo cofrade. En La Sagrada Cena. Como florista sumo alguno más. Al final vas estrechando la relación con otros cofrades y miembros de la Junta Directiva. Hemos compartido cenas y alguna que otra cerveza hablando de flores para la virgen, de la cercanía con las imágenes que me da mi trabajo que, al final, acaba por ser una devoción”, añade.

Dani y las flores.

Dani y las flores. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Por su trabajo en el que cubre los pasos de flores indica que “gana en fluidez con las cofradías” porque “busca entender sus gustos, preferencias y estilo” para que las tallas y los elementos florales tengan el equilibrio perfecto. Él se encarga de hacer los exornos florales para los cultos, pasos y ofrendas.

Vivo la parte de florista con mucho estrés. Hay flores complicadas. Tienen que estar bonitas el día indicado. Hay veces que no llegan a tiempo, o no es el color adecuado. Con el tiempo aprendes cuál es la adecuada para cada talla. En la parte de cofrade, con muchas ganas de ver a los míos y compartir momentos”, explica.

Él habla con estos encargados de las cofradías vallisoletanas que le transmiten y guían para, en definitiva, elegir la flor más adecuada en cada momento.

Diferentes elecciones

Nuestro entrevistado nos pone algunos ejemplos de los gustos florales de las diferentes cofradías de Valladolid. Cada una elige las suyas para lucir de la mejor de las maneras el día indicado.

Por ejemplo, La Sagrada Cena es una cofradía a la que le gusta lo clásico. Con formas de las de siempre, exornos con una sola flor, un solo color. Claveles, rosas de tonos rojos o iris morados para el paso de Jesús de la Esperanza o iris blancos y rosas del mismo color para Nuestra Señora del Sagrario. Por el contrario, en La Exaltación, son arriesgados con las flores. Mezclan colores”, señala. Curioso, muy curioso.

Y pone más ejemplos. El Viernes de Dolores, el Cristo de la Buena Muerte “sale a la calle con un pequeño monte con una variedad de flores que van desde rosas moradas, calas en tonos morados, orquídeas o musgo natural”, explica.

“Para Nuestra Señora de los Dolores siempre intentamos buscar tonos muy maternales. Blancos, tonos pastel o rosados. Una cosa que gusta hacer es intentar buscar una flor que una a madre e hijo. Si el Señor las lleva moradas, su madre en rosa. Si el Señor en rojo, ella en blanco”, añade.

Para él “supone un reto superar las expectativas año tras año” sin repetir flor y “siendo original dentro de lo clásico”.

El precio de las flores

Todo sube de precio, las flores también. Se hace un gran esfuerzo económico para asumir los costes, sobre todo por parte de las cofradías. Intentamos cuadrar con variedad de flores en las que el resultado sea el mejor, estética y económicamente”, añade nuestro protagonista.

Sobre el futuro, este experto florista apunta que ve que las cofradías están “cada vez más formadas” y que le piden “flores por su nombre concreto”. Cada vez saben más lo que quieren en base a criterios sólidos.

Yo vivo la Semana Santa cuidando los detalles. Me encanta oír hablar a los más jóvenes del Señor, con todo ese respeto o inclinándose ante el Santísimo en el Sagrario, con la naturalidad de quien saluda a un amigo”, finaliza.

Un vallisoletano que vive la Semana Santa como el que más a ritmo de color y muchas flores.