Antonio Rodríguez Marcos, 'Petaco' junto a la plaza de toros de Simancas y más creaciones

Antonio Rodríguez Marcos, 'Petaco' junto a la plaza de toros de Simancas y más creaciones Cedida

Valladolid

Antonio (68) reconstruye monumentos con arroz y lentejas y todo a ojo: “La plaza de toros me llevó 800 horas"

Antonio Rodríguez Marcos, 'Petaco', tras ocho años en el paro, decidió ponerse manos a la obra con esta iniciativa que ahora expone con éxito en Simancas (Valladolid).

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En Simancas (Valladolid) hay una exposición que sorprende a quien entra por la puerta. Pero no, aquí no hay grandes máquinas, ni impresoras 3D, ni se ha empleado la ahora tan manida inteligencia artificial.

Aquí solo hay madera, arroz, lentejas… y una paciencia infinita, digna del famoso santo Job.

Detrás de todo está Antonio Rodríguez Marcos, al que en el pueblo conocen cariñosamente como ‘Petaco’, un hombre que encontró en la artesanía una forma de reinventarse tras pasar por la peor época de su vida.

A sus 68 años, Antonio mira sus maquetas con orgullo pero sabedor de todo lo que hay detrás de ellas. Cada una guarda cientos de horas de trabajo y miles de pequeños granos colocados uno a uno. Pero su historia empieza mucho antes de que esas piezas se convirtieran en una exposición visitada por miles de personas.

Y es que Antonio ha hecho de todo a lo largo de su vida. Ha trabajado en el campo, en gallineros durante 27 años y medio, y también como peón en el Ayuntamiento de Simancas. Una vida sencilla pero de esfuerzo diario y de no caérsele los anillos.

Pero en torno a 2008 o 2009, en plena crisis del ladrillo, esa que afectó brutalmente a todo el país, se quedó en paro. Al principio parecía que sería por unas semanas, luego unos meses y así hasta meterse en años y el trabajo no llegaba.

“Un mes o dos se pasan bien… pero cuando pasan los años, la cabeza empieza a pensar cosas que no son buenas”, recuerda a EL ESPAÑOL Castilla y León.

Con 52 años y después de recorrer muchos sitios dejando currículos, llegó un momento en que dejó de intentarlo. El paro primero y una ayuda familiar después apenas le alcanzaban para vivir. Fueron más de ocho años sin trabajo.

Un día cualquiera decidió subir a la plaza de Simancas para hacer una foto al templete. En casa le dijo a su mujer algo que parecía una locura:

—Voy a intentar hacer esto en maqueta.

Ella no lo veía claro.

—Pero si tú no has hecho nunca nada de eso.

Pero Antonio, fiel a su estilo, lo intentó igualmente. Su intención solo era la de mantener la cabeza ocupada “en algo”. El resultado le sorprendió incluso a él.

El templete quedó bien, así que después vino otro trabajo. Y así unos cuantos más.

Primero hizo su casa, luego la ermita del pueblo, después el puente. Poco a poco fue levantando una pequeña Simancas en miniatura, que ya comenzó a ser muy conocida en todo el pueblo.

Sin máquinas, solo paciencia

El método de Antonio es muy suyo, pero sobre todo sorprendente, ya que no utiliza ningún tipo de maquinaria.

Todo está cortado a mano con una serreta de pelo, una herramienta pequeña y sencilla. Las piezas de madera se van ajustando poco a poco hasta encajar. Y lo más llamativo es que este artesano no trabaja con escalas.

“No entiendo de escalas”, explica. “Todas las maquetas las hago al ojo. Las escalas salen de mi cabeza. Eso es lo que más admira la gente”.

Varios monumentos realizados por Petaco

Varios monumentos realizados por Petaco

Las maquetas ya eran buenas, pero Antonio sentía que algo les faltaba. Un día tuvo una idea inesperada.

—Voy a poner arroz.

Su mujer pensó que estaba loco. Una vez más.

Pero lo probó… y funcionó. Una vez más.

Desde entonces, el arroz y las lentejas se han convertido en la marca personal de sus obras. Donde debería haber piedra, coloca granos de arroz y donde irían ladrillos, utiliza lentejas. Esa es su técnica, fácil de decir y complicada de hacer.

Cada grano se coloca uno a uno con un palillo, usando una pequeña gota de cola blanca. Un proceso minucioso que requiere calma y concentración. Para evitar huecos, Antonio incluso machaca algunos granos de arroz para rellenar los pequeños agujeros que aparecen entre pieza y pieza.

Un trabajo casi microscópico.

Algunas de sus maquetas han requerido una dedicación enorme. Por ejemplo, la plaza de toros le llevó 800 horas de trabajo. Lo que vienen a ser 33 días sin parar. El puente medieval de Simancas, con sus 17 ojos, necesitó cerca de 700 horas y casi tres kilos de arroz.

Cada elemento está cortado con precisión milimétrica. Si una pieza queda demasiado pequeña, no sirve y toca empezar de nuevo.

Con el tiempo, Petaco también ha empezado a mirar más allá de su pueblo y así ha hecho el acueducto de Segovia. Para ello no imprimió fotos ni planos, solo utilizó una imagen en el móvil.

Un éxito inesperado

De esta manera, lo que empezó como una forma de pasar el tiempo se ha convertido en una exposición que despierta curiosidad. Muchísima gente se acerca a verla. Solo en enero recibió 1.097 visitas. En febrero, más de 1.000. Todo ello en Simancas .

Incluso han llegado autobuses, grupos de jubilados y turistas que se sorprenden al descubrir cómo están hechas las piezas, algo que a Petaco le llena de “orgullo”.

Petaco muestra la exposición de Simancas

Petaco muestra la exposición de Simancas

En el pueblo todos lo conocen por su apodo, Petaco, un sobrenombre que nació en la escuela entre bromas de niños y que se quedó para siempre.

Hoy ese nombre está asociado a algo que nadie esperaba: un arte paciente y delicado, hecho con materiales tan humildes como un saco de arroz o un puñado de lentejas.

Antonio aún tiene sueños pendientes. Le gustaría hacer el Archivo de Simancas, la iglesia o el ayuntamiento, aunque sabe que serán proyectos enormes y muy complicados. “El problema es que ya no tengo ni dónde meterlo”, apunta.

Mientras, Petaco seguirá haciendo su vida: “Grano a grano”.