Romy posando en una fotografía.
El lado más personal de Romy, del ballet a un grave accidente y más de 30 años en la hostelería: “No le temo a la muerte”
Nació en Lisboa y llegó a Valladolid en el año 1974. Tras mucho esfuerzo, trabajo y dedicación, a los 70 años, ha decidido jubilarse.
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“Me encanta la naturaleza y, sobre todo, las buenas personas. En los tiempos en los que vivimos es difícil encontrarlas. Lo que más me duele es la traición, la falsedad y la mentira. Son cosas que me rompen el alma”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Hortensia Dos Santos.
Más conocida como Romy, nuestra protagonista hace con este periódico un repaso a una vida que no ha sido, ni mucho menos fácil. Un paso que nos va a transportar desde nacimiento en Lisboa, en 1956 hasta su estancia en la ciudad del Pisuerga.
La Portuguesa, como es conocida, decidió jubilarse el pasado 31 de diciembre de 2025, poniendo fin a una larga experiencia en el siempre sacrificado mundo de la hostelería tras 30 años en los que ha parado.
Nos habla de su faceta de bailarina, también de un grave accidente que cambió, por completo, su vida y también del futuro, tras colgar el delantal, como diría aquel.
El lado más personal de una persona que asegura que “no quiere sufrir más” y que afronta lo que tiene que venir con mucho optimismo.
De Portugal a Valladolid
“Me defino como una mujer con mucho arte. De hecho, he sido bailarina hasta los 28 años. Una etapa de mi vida en la que disfruté mucho. También una persona que tiene muchas ganas de ayudar al prójimo”, confiesa nuestra entrevistada.
Nació en Lisboa, la capital de Portugal, donde estuvo hasta los 16 años para trasladarse a España posteriormente y llegar a Valladolid allá por el año 1974, para comenzar una nueva vida.
“De pequeña quería ser peluquera o artista. En mis inicios fui bailarina. Hacía ballet, aunque recuerdo que en Portugal pasé mucho frío en mi infancia. En 1992 sufrí un grave accidente que hizo que mi vida fuera por el mundo de la hostelería ya que me dejó graves secuelas en la pierna”, añade Romy.
Ahí comenzarían los más de 30 años de historia de nuestra entrevistada en diferentes bares y restaurantes, sumamente conocidos de la ciudad del Pisuerga.
Una profesional de la hostelería
“Mi comienzo en el mundo hostelero fue en el Bar Nido, en la calle Portillo del Prado. Con un socio, pero a los dos meses decidí afrontar la aventura en solitario sin tener ni un duro. Fueron 14 años los que pasé allí. Unos inicios muy duros”, añade La Portuguesa.
Tras su paso por allí estuvo, posteriormente, de cocinera, en el Hotel Mozart, hasta que en el año 2012 decidió afrontar una nueva aventura en la calle Estación, en concreto en el Café Fado La Portuguesa.
“Lo abrí y triunfé. Mi cocina se hizo muy famosa y progresé mucho. Allí estuve hasta junio de 2022, muy feliz, pero teniendo que afrontar muchos gastos. Después me jubilé y comencé una experiencia nueva visitando a mi madre y demás”, añade Hortensia Dos Santos.
Sin embargo, lo suyo era la hostelería y volvió. En concreto abrir otro establecimiento hostelero ubicado en la carretera de Rueda número 35.
Romy y el Gastrobar Amanecer La Portuguesa.
“Lo abrí el 16 de enero de 2023 y se ha cerrado el 31 de diciembre de 2025, que ha sido cuando he decidido jubilarme. La hostelería ha cambiado mucho y el ser humano también. No hay respeto en la mesa. Hay que distinguir lo bueno, lo malo y lo fantástico. No quiero sufrir más. Llevo haciéndolo 70 años”, apunta nuestra protagonista.
Sin miedo a la muerte
“A pesar de que me he jubilado y he de tirar con 1.100 euros de jubilación tras toda una vida trabajando, me siento una persona muy afortunada y agradecida. No le temo a la muerte”, afirma Romy.
Romy abrazando a un cuadro de la muerte.
Asegura, eso sí, que lleva un mes jubilada y que se siente “como en la cárcel”. Es por ello que ha decidido “ofrecer el arte de su cocina, con sus recetas de bacalao a un restaurante de Valladolid”. No se le quita el gusanillo de seguir ligada al mundo hostelero y de la cocina.
“Quiero enseñar a alguien a hacer mis platos para que cada semana estén en la carta de algún establecimiento hostelero de la ciudad. Me duele que mi gente de Valladolid no siga disfrutando de mis recetas. Quiero seguir colaborando”, apunta.
Romy está muy agradecida a todas las personas de Valladolid que demostraron que le quieren de verdad.
La Portuguesa abre su corazón a este medio para mostrar su lado más personal. Una vida dura, con accidentes y mucho trabajo en el mundo hostelero. Ahora, afronta una merecida jubilación.