Julián, a la izquierda, junto a su padre elaborando turrones.

Julián, a la izquierda, junto a su padre elaborando turrones. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Valladolid

Julián (41), un maestro en una histórica pastelería vallisoletana: "Cada vez se hace menos turrón artesano"

Cuentan con 30 variedades distintas de turrones que van de los sabores más clásicos a los más novedosos.

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Lo cierto es que, prácticamente, no ha finalizado el verano y los turrones ya son protagonistas en muchos supermercados y centros comerciales. Los tiempos cambian y las pastelerías cada vez se ponen antes, manos a la obra, para elaborar los mejores.

Un ejemplo es Julián Arranz Ortega, al frente de la Pastelería Julián Arranz, que confiesa en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, que cuando finalice la campaña por el 1 de noviembre, Día de Todos Los Santos, con los buñuelos y los huesos de santo como protagonistas, “tocará ponerse a hacer turrones”.

En la pastelería vallisoletana cuentan con, ni más ni menos, que 30 variedades distintas. Van desde los más tradicionales a los más modernos. Ya preparan esta campaña para seguir haciendo, desde hace 60 años, “el turrón artesano”.

Padre e hijo elaborando los turrones

Padre e hijo elaborando los turrones Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

La historia de la Pastelería Julián Arranz

“La mejor definición que de uno se puede dar es la que ofrecen los demás de ti. El que te conoce y está en tu vida sabe cómo y quién eres realmente”, asegura a este periódico el vallisoletano Julián Arranz Ortega, que en la actualidad vive en Pedrajas de San Esteban.

Amante de los viajes, del deporte, y de la gastronomía y el vino, nuestro protagonista recuerda su infancia como “muy feliz”. La pasó en el obrador y tienda que su familia tiene en Pedrajas y tuvo la suerte de compartirla con sus abuelos y algunos tíos que ya no están.

“El obrador de Pastelería Julián Arranz, en Pedrajas de San Esteban, lo abre mi abuela María Luisa en 1965. Es la fundadora. Después coge las riendas mi padre, allá por el año 1980, y en 2005 me incorporo con él al negocio. Soy la tercera generación y trabajamos los dos juntos en la actualidad”, añade nuestro protagonista.

Pastelería Julián Arranz cuenta en la actualidad, además de con su obrador de 60 años de historia en la calle Libertad de la localidad vallisoletana, con otra tienda en la capital pucelana. Abierta en 2013 y que se sitúa en la calle Lencería, muy cerca de la Plaza Mayor.

Julián y varias delicias

Quedaría muy bien decir que, desde pequeño, quería ser pastelero, pero no fue así. Pese a que he mamado el oficio desde pequeño y me he criado entre harinas y chocolates, la profesión me fue envolviendo, poco a poco. Sobre todo, desde los 19 años”, explica Julián Arranz.

Fue a esa edad cuando se trasladó a Barcelona para completar sus estudios como Técnico Superior en Pastelería por la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona. Después se formó con varios prestigiosos pasteleros del país y de Europa. Más tarde estuvo también en otros lugares aprendiendo. Al volver a Pedrajas, además de en el obrador, ha estado dando distintas formaciones y recibiéndola, constantemente. No ha parado.

“El producto estrella de nuestra pastelería es, sin lugar a dudas, la pasta de té. También hacemos bombones, tartas, dulces tradicionales, bollería y tenemos una marca especial de palmeritas. Combinamos el trabajo del obrador y la tienda de Valladolid”, explica.

Además, y desde el comienzo del negocio, también elaboran una amplia variedad de turrones artesanos que quitan el sentido. Van de los sabores más tradicionales a los más novedosos.

Turrones artesanos

Hacemos turrones artesanos desde hace 60 años. Contamos con 30 variedades distintas. También, en época navideña, hacemos figuritas de mazapán, pastel de gloria, y troncos o roscones”, añade el profesional.

El turrón de almendra

El turrón de almendra Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Comenzarán a elaborar esos deliciosos turrones desde el 2 de noviembre. La variedad es amplia. Va desde los de almendra, avellana o piñón, que no podía faltar en tierra piñonera como Pedrajas de San Esteban, a los de nata y nuez, pan de Cádiz o coco.

“Estamos combinándolas, además, con variedades más modernas de turrones. Como los de Peta Zetas o kikos. Hacemos un turrón de calidad, partiendo de la mejor materia prima. Cada vez se hace menos turrón artesano, pero el nuestro se diferencia por su elaboración, usando muy buenos ingredientes”, añade.

Para elaborar el turrón, como cualquier producto pastelero, hay que “partir de la técnica” y “saber ejecutarla”. “Nosotros apostamos por hacerlo artesano, de gran calidad”, añade.

Explica que, además, cuentan con una caja especial con siete turrones de autor. Miniturrones tradicionales con el de almendra, avellana y otros que “funciona muy bien”.

La caja de los turrones de autor

La caja de los turrones de autor Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Un producto que gusta y el futuro

Nuestro turrón creo que gusta mucho. Contamos ya con una clientela asentada. El precio difiere porque, por ejemplo, a nosotros nos cuestan más unos frutos secos que otros, y eso se nota en nuestro bolsillo y también en ese importe final a pagar por el cliente”, asegura nuestro entrevistado.

Julián se pone serio a la hora de hablar de “la subida disparatada” de la materia prima y también de la electricidad o de “los impuestos abusivos”. Al final, todo repercute en ese precio final porque, a ellos, también les sale más caro producir estos turrones.

Veo el futuro con incertidumbre por la subida de todo. También por la falta de personal con ganas y compromiso y muchas cosas más. Sin embargo, nosotros vamos a seguir luchando. Quiero tener salud para disfrutar de este maravilloso oficio y endulzar la vida de los clientes mostrando nuestro trabajo en cualquier lugar del mundo muchos años más”, finaliza.