María Jesús Fernández 'Make' a las puertas de su tienda.
Cierra una tienda con casi 100 años de dulzura en el centro de Valladolid: “Los autónomos estamos asfixiados”
Parsins Make Detalles Boda bajará la persiana el próximo 31 de octubre, y con ella se despide una parte de la historia comercial de la ciudad. Su dueña comenzó hace 25 años como empleada. "Lo dejo porque viene algo mejor", adelanta.
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En la calle Panaderos, en pleno corazón de Valladolid, hay un escaparate que durante más de dos décadas ha sido parada obligatoria de mayores y de pequeños. Globos, lazos, caramelos y detalles de boda que fueron parte de la vida de cientos de familias vallisoletanas.
Ese escaparate, el de Parsins Make Detalles Boda, bajará la persiana el próximo 31 de octubre, y con él se despide una parte de la historia comercial de la ciudad.
Su dueña, María Jesús Fernández, aunque para casi todos es simplemente Make, lo dice con una mezcla de serenidad y nostalgia: “Son entre 23 y 25 años de mi vida aquí dentro. Me he visto crecer como persona y como profesional. He pasado crisis, pandemias y cambios, pero llega un momento en el que necesitas cerrar una etapa”.
Parsins Make no nació de la nada. Su origen se remonta varias generaciones atrás, a los tiempos de Sinforoso Parra, fundador del primer ‘Parsins’, un nombre que combina su apellido y su nombre, con las sílabas invertidas.
Después de él, continuó Elicio Lomas, que lo mantuvo en pie durante otros treinta años, hasta que un día decidió traspasárselo a una joven dependienta de apenas 23 años. Sí, era ella, Make.
“Yo trabajaba con él, con su mujer y con otras compañeras. Aprendí el oficio aquí mismo, desde abajo. Cuando Elicio se jubiló, me lo ofreció a mí y a otra socia, Estelita Rosada. Estuvimos juntas muchos años. Ella se jubiló hace una década y desde entonces seguí yo sola”, recuerda Make con una sonrisa dulce, como las golosinas que todavía vende.
Interior de la tienda
Lo que comenzó siendo una pequeña tienda de chucherías y artículos de cumpleaños acabó convirtiéndose en un punto de referencia en detalles para bodas, bautizos y comuniones, aunque en ocasiones por las circunstancias.
“Hemos tenido que reinventarnos muchas veces. Antes vendíamos más cosas de cumpleaños, pero luego llegaron las modas de los candy bars, las invitaciones, los detalles personalizados… Si no te adaptas, desapareces”, explica.
La carga de ser autónoma
Sin embargo, la adaptación constante no basta cuando por el camino te encuentras tantas piedras. A Make le duele cerrar, pero reconoce que el desgaste de ser autónoma ha sido determinante.
“Cada vez vamos a peor. Llevas una baldosa encima y te ponen otra y otra. Impuestos, tasas, nuevas obligaciones como lo del QR directo a Hacienda… No te dejan prosperar. En vez de ayudarnos a crecer, nos hunden poco a poco”.
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Lo dice con voz firme, sin victimismo, pero con la resignación de quien lo ha vivido en carne propia durante muchos años y por eso puede hablar.
“Yo podría haber tenido cuatro tiendas más, contratar gente, crear empleo… pero las condiciones no acompañan. Al final acabas pensando que vivirás mejor trabajando para otros que llevando tu propio negocio”.
A pesar de todo, no hay amargura, lo que hay es un camino hacia la esperanza. “Cierro porque necesito un cambio, no porque me vaya mal. He visto una oportunidad y la he cogido. Seguiré en el comercio, porque esto es lo mío, pero ya sin la carga del autónomo”.
Una nueva etapa
El destino, a veces, devuelve lo que quita. En este caso, le abre a Make las puertas de Dulces El Toro, una afamada empresa vallisoletana conocida por su repostería artesanal y que abrirá una nueva tienda en el centro de la ciudad.
“Me han ofrecido llevar sus tiendas. Me conocen, saben que tengo experiencia y que me gusta el trato con la gente. Yo también tengo ilusión. Es un proyecto bonito y estoy segura de que estaremos bien”.
La ilusión del nuevo comienzo se mezcla con la tristeza del adiós. “Me da mucha pena. Me viene gente a llorar, compañeros del gremio, clientes de toda la vida. Algunos piensan que cierro porque me va mal, pero no es así. Simplemente, creo que hasta aquí he llegado”. Solo hay que ver el nuevo hachazo que prepara el Gobierno para los autónomos.
En apenas tres semanas la tienda se vaciará. Sin traspaso, sin espera. Solo con una liquidación honesta: todo a mitad de precio. “No tenía sentido esperar por un traspaso. Es mejor cerrar con orden y cariño, sin alargarlo”.
Si algo ha definido a Parsins Make es que ha formado parte de la vida cotidiana de varias generaciones. “He visto venir a parejas jóvenes a preparar su boda, luego he hecho los detalles del bautizo de sus hijos, después la comunión… Y ahora vienen esos niños convertidos en adultos. Es muy bonito y me emociona mucho pensarlo”.
El pequeño comercio, en peligro de extinción
Make no es la única. En la zona de Panaderos, Mantería y alrededores, muchos comerciantes veteranos están bajando la persiana.
“Cada semana alguien me dice: ‘¿Otra persona que se va?’. Es triste, porque somos el alma del barrio, pero estamos abocados a desaparecer. El comercio de toda la vida se muere, y con él se van las historias, las relaciones, la cercanía”, lamenta.
Sus palabras son un retrato exacto de la realidad que viven miles de autónomos en España, como son el cansancio de remar contracorriente, las trabas fiscales, la competencia digital y la falta de relevo generacional.
Make en el interior de la tienda
Cuando se le pregunta qué siente, Make respira hondo. “Siento nostalgia, mucha. Pero también gratitud. A toda la gente que ha pasado por aquí, que me ha acompañado, que me ha visto crecer. Me quedo con eso, con el cariño de todos”.
Y deja un último mensaje para todos los que han pasado por esta centenaria tienda: “Gracias por todo. Por haber formado parte de mi vida. Por haber confiado en mí y en esta tiendina que ha sido mi casa. Os llevaré conmigo, porque Parsins Make no se olvida”.
Parsins Make no es solo una tienda más que cierra en el centro de Valladolid. Es un símbolo de esos pequeños comercios que durante años llenaron las calles de vida, de escaparates coloridos y de relaciones humanas que ya no volverán. Ahora se cambian por bazares orientales, por restaurantes de comida rápida o salones de juegos.