Estefanía Mencos Fernández posa en su puesto de trabajo

Estefanía Mencos Fernández posa en su puesto de trabajo Cedida

Segovia

Estefanía (34), maestra segoviana con TDAH que se fue a Alemania: "Gano 800€ más, estoy fija y me respetan"

Su día a día transcurre entre asambleas, juegos libres, comidas a las doce del mediodía y cenas a las seis de la tarde. “Es otro ritmo de vida. Me levanto a las 5:30, ceno a las 17:00 y a las 21:00 ya estoy en la cama”, cuenta esta 'vallisegoviana' que se atreve a decir que tiene TEA, TDAH y Altas Capacidades.

Más información: De camarero en Burgos a maestro en una escuela infantil alemana: “Volver supone un sueldo que no da para vivir”

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Lleva dos años en Alemania, pero su mentalidad y su corazón todavía laten al ritmo de Castilla. Estefanía Mencos Fernández, nacida en Valladolid hace 34 años pero segoviana de corazón, enseña hoy en una Kita (centro de educación infantil) en Ludwigsburg, en el estado de Baden-Württemberg.

Allí trabaja con niños de entre tres y siete años, muy lejos de las aulas en las que comenzó su camino docente, pero sin perder nunca la raíz de quien descubrió su vocación en la Facultad de Educación de Segovia.

“Me considero más vallisegoviana que otra cosa”, dice entre risas. “Viví toda mi vida en Segovia, y es esa ciudad y su gente la que llevo dentro de mí allá donde voy”.

Estefanía no siempre soñó con ser maestra, pero algo cambió durante su primer año en la Universidad de Valladolid, en el campus de Segovia.

“Fueron mis profesores de la Facultad quienes despertaron mi vocación. Me mostraron que otra Educación era posible, una en la que el alumno fuera realmente protagonista de su aprendizaje”, recuerda y a los que ahora está agradecida.

Al acabar la carrera, dudó entre presentarse a oposiciones o continuar formándose. Eligió el camino de la investigación con un máster y, más tarde, probó suerte en el sistema de interinidades.

Como suele ser habitual en el gremio, pasó por colegios rurales de Bernuy de Porreros (Segovia), San Pedro Manrique (Soria) y Aldeatejada (Salamanca).

“El sistema no siempre es justo, y llega un momento en que no puedes pasarte la vida esperando una llamada. Necesitas estabilidad, pero también seguir siendo maestra”, reflexiona.

Esa necesidad de estabilidad la llevó a cruzar fronteras con mucha valentía. A través del proyecto europeo EURES, Estefanía encontró una oferta de empleo en Alemania.

“El proceso duró más de un año. Al principio las entrevistas eran en español y en inglés, porque todavía no sabía alemán”, relata.

Una vez superadas todas las pruebas de selección, llega lo que aquí denominan Hospitation: en verano, las Iglesias Evangélicas y Católicas de Ludwigsburg Baden-Württemberg, la financiaron el viaje a Ludwigsburg durante 5 días para ver in situ el futuro lugar de trabajo.

Así, su llegada a Ludwigsburg fue toda una sorpresa: “Nos financiaron el viaje, la estancia, la manutención, e incluso me ingresaron 1.200 euros para la mudanza. Apostaron por nosotros a fondo perdido, sin saber si nos quedaríamos o no. Fue un trato impecable”.

"Nos financiaron el viaje, la estancia, la manutención, e incluso me ingresaron 1.200 euros para la mudanza. Apostaron por nosotros a fondo perdido, sin saber si nos quedaríamos o no”.

En su caso, le contrató la Iglesia Evangélica, “no hay problema si eres católico, como en mi caso”, y el trato recibido fue impecable desde el minuto uno.

“Tanto las personas de referencia que tuve en España, como mis jefes de la Iglesia Evangélica de Ludwigsburg y mis compañeros de trabajo, fueron muy atentos y considerados”.

Eso sí, el aterrizaje no fue fácil. “Lloré en el avión pensando en lo que estaba haciendo. Dejas atrás tu familia, tu gente, tus costumbres... hasta nuestra comida o nuestras fiestas. Pero aprendes a valorar más lo que significa ser española”, confiesa.

Desde entonces, trata también de desmontar los tópicos sobre España: “No todo es flamenco y siesta. España tiene una riqueza cultural, paisajística y humana enorme”.

Educación sin prisas

En Alemania, Estefanía ejerce como Erzieherin, una figura similar a la de educadora infantil. Su trabajo se desarrolla en una Kita, donde los niños permanecen hasta los seis o siete años.

“Aquí los grupos son mixtos por edades, y cada uno tiene varios educadores. Es muy enriquecedor ver cómo los mayores ayudan a los pequeños”, explica.

Entre las diferencias más curiosas, menciona los zapatos de interior —“los niños se cambian el calzado al entrar, una gran medida de higiene”— y el hábito de salir al exterior haga el tiempo que haga. “Aquí dicen que no hay mal tiempo, solo ropa inadecuada”, comenta en tono jocoso.

Pero también valora el enfoque pedagógico que se realiza en este país: “La autonomía y la independencia son pilares básicos. Con dos o tres años ya recogen sus platos y se visten solos; con siete van solos al colegio en autobús”.

Aun así, defiende que España no está tan lejos de un buen modelo educativo.

“Allí empezamos antes con la lectoescritura y los idiomas, y tenemos una gran sensibilidad hacia la diversidad. En ese sentido, no estamos tan mal como pensamos”.

En lo que no hay duda es en lo económico, como ocurre con muchas otras profesiones.

“El que aquí percibo es muy superior. Cobro casi 2.500 euros limpios y en España, mi sueldo como docente en Castilla y León, dependiendo de las retenciones y demás, era de 1.700 euros aproximadamente”, apunta.

"Cobro casi 2.500 euros limpios y en España, mi sueldo en Castilla y León, dependiendo de las retenciones y demás, era de 1.700 aproximadamente”.

Y apunta algo que llama la atención: “La calidad de vida o los precios no son para nada diferentes a los españoles. El coste de la comida o la ropa es similar al español, y el precio de la casa, lo mismo. Lo único que sí que es caro aquí es la peluquería”.

En estos dos años en Alemania le ha dado tiempo para comprobar que hay muchos españoles. Por ejemplo, muchos ingenieros, muchos docentes, muchos médicos y enfermeros.

“En España, parece que estamos sobrados de personal en estos sectores y en Alemania están carentes de ellos, así que eso supone un tándem perfecto”, señala.

“O aprendes alemán o lo aprendes”

Adaptarse al idioma fue, quizás, el reto más grande para la segoviana. “Al principio no entendía nada, ni en las reuniones ni con los niños. Para colmo, en mi zona hablan un dialecto propio. Yo pensaba: ‘¿Qué alemán he aprendido yo que no se parece en nada a esto?’”, bromea.

Ahora se comunica con naturalidad con familias, compañeros y alumnos, aunque no deja de reconocer la dificultad: “El alemán es un idioma que se las trae. Pero los niños son increíbles, tienen una paciencia infinita. Me ayudaban a entenderles y se interesaban por aprender español”.

Su día a día transcurre entre asambleas, juegos libres, comidas a las doce del mediodía y cenas a las seis de la tarde. “Es otro ritmo de vida. Me levanto a las 5:30, ceno a las 17:00 y a las 21:00 ya estoy en la cama”, cuenta casi con resignación.

Estefanía no es solo una maestra comprometida, sino también una voz valiente. Habla abiertamente de su condición: tiene TEA (Trastorno del Espectro Autista), TDAH y Altas Capacidades. “Son parte de lo que soy, pero no me definen por completo”, subraya.

"Tengo TEA (Trastorno del Espectro Autista), TDAH y Altas Capacidades. Son parte de lo que soy, pero no me definen por completo"

Esa triple condición ha influido profundamente en su forma de enseñar: “Mis clases siempre han sido accesibles para todos, sin señalar ni estigmatizar. Preparaba materiales diferentes, pero disponibles para todos. Cada alumno elegía el recurso que mejor se adaptaba a él: visual, textual o auditivo”.

En Alemania, sin embargo, echa de menos la sensibilización que existe en España.

“Aquí la neurodiversidad se aborda más desde lo clínico que desde lo educativo. No hay tantas asociaciones ni formación para los docentes. En España aún queda mucho por hacer, pero vamos por delante”.

Para Mencos, la clave de un centro verdaderamente inclusivo es la visibilización. “Yo siempre digo que tengo TEA, TDAH y AACC porque forman parte de mí. Cuando lo normalizas, ayudas a otros a hacerlo también”.

Cree que los docentes deben transmitir ese mensaje a las familias. “A veces un padre llega preocupado diciendo que su hijo no va a llegar a nada, y yo le digo: ‘Yo también tengo TDAH, y aquí estoy’. Con apoyos y estrategias adecuadas se puede llegar a donde uno quiera”.

También reivindica la importancia de contar con más especialistas en los colegios: “PT, AL, enfermeros... son esenciales para garantizar una verdadera inclusión”.

Contra el acoso escolar

Uno de los temas que más la apasiona, y que más la marcó personalmente, es el acoso escolar. “Lo viví en mis propias carnes y sé lo que se sufre en silencio. Por eso me especialicé en ello”, confiesa.

Su mensaje es claro, “no se puede permitir que la víctima sea quien tenga que cambiar de centro. Hay señales, siempre. Otra cosa es que miremos hacia otro lado. Tolerancia cero significa actuar desde el primer minuto”.

Para ella, el papel del docente es fundamental: “Si mi equipo directivo no me apoya, muevo cielo y tierra. Es mi deber como persona y como maestra”.

Antes de llegar a las aulas, Estefanía también fue entrenadora de fútbol sala para adolescentes de entre 15 y 17 años. “Fue mi primer trabajo y me enseñó mucho sobre constancia y esfuerzo. El deporte transmite muchos valores”, afirma.

"Viví en mis propias carnes el acoso escolar y sé lo que se sufre en silencio. Por eso me especialicé en ello”.

Hoy, sus pasiones siguen siendo parte de su vida: la astronomía, los Legos, el rap, el piano y los tambores de su cofradía segoviana. “Echo mucho de menos tocar en Semana Santa”, lamenta.

“Ser friki también educa”

Como se puede comprobar, habla con naturalidad de su forma de ser y de las estrategias que usa para autorregularse. “El TEA implica mucho masking diario. Aprendes a filtrar comportamientos, a observar e imitar lo que ves en la sociedad. Es agotador, pero necesario”.

Sin embargo, lo asume con humor: “Tengo siete pantalones iguales, uno para cada día de la semana”, dice entre risas. “Y mi vestuario es friki, estilo Sheldon Cooper. Pero la comodidad manda”.

Su participación en las Charlas Educativas de Ingrid Mosquera le ha permitido compartir su experiencia con cientos de docentes y familias.

“Es necesario hablar de esto. Lo que no se escucha se convierte en tabú. Gracias a Ingrid, muchos hemos podido visibilizar la neurodiversidad desde otro prisma”, asegura.

A quienes empiezan su camino —familias, docentes o personas neurodivergentes— les lanza un mensaje de esperanza: “Que sigan adelante. Que no dejen que nadie les diga que no pueden. Con trabajo, apoyos y estrategias todo es posible. Somos como cualquier otra persona, solo necesitamos herramientas diferentes”.

Aunque se siente afortunada por su vida en Alemania, no oculta su deseo de volver. “Sí, me veo regresando a Castilla y León. No sé cuándo, pero sí tengo claro que quiero hacerlo como funcionaria, con plaza fija. Mientras tanto, seguiré disfrutando de esta oportunidad que me ha dado la vida. Hay trenes que solo pasan una vez”.