Montaje con imágenes de parte de la acción y movimiento social de la asociación Asdecoba.
Asdecoba: de herencia de un aristócrata obrero a pulmón social que lucha contra el narcotráfico en Salamanca
Nacida en los años 90 en respuesta a la exclusión social del boom demográfico, Asdecoba sostiene hoy una infraestructura de 127 empleos y cinco pisos de acogida que transforma la realidad de la provincia.
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La historia de la Asociación para el Desarrollo Comunitario de Buenos Aires, conocida en Salamanca como Asdecoba, es la crónica de un búnker social levantado en la periferia para combatir el desarraigo a base de contratos laborales.
Las bases de la entidad nacieron en el año 1983, en pleno corazón del barrio de Buenos Aires, una zona que por aquel entonces se diseñaba a marchas forzadas para absorber el boom demográfico de la época.
Sin embargo, el crecimiento poblacional llegó acompañado de una profunda crisis de exclusión, marginalidad y la penetración masiva del narcotráfico, que amenazaba con convertir el vecindario en un gueto dominado por el dinero de los clanes de la droga.
Frente a la dispersión de las fuerzas vivas del barrio, el tejido comunitario ensayó una fórmula de orfebrería social inédita en la ciudad.
Trabajos en las huertas de Torresmenudas (Salamanca) de usuarios de Asdecoba.
En lugar de atomizar las demandas, se tomó la determinación de unificar en un único colectivo a la asociación de vecinos, la asociación de madres y padres, los colectivos de mayores y las agrupaciones juveniles.
Aquel primer frente común, que inicialmente adoptó el nombre de Asociación Cultural Buenos Aires antes de transformarse en la actual agencia de desarrollo, se fijó una doble meta desde sus estatutos: generar tejido productivo propio en un barrio eminentemente joven y construir una alternativa real frente a las dinámicas de la delincuencia.
La base intelectual sobre la que se construyó este andamiaje fue el pensamiento del teólogo y sociólogo Fernando Urbina de la Quintana, de familia aristocrática, nacido en Murcia y referente intelectual en la lucha de los pobres, la clase obrera y los barrios marginados.
Su patrimonio intelectual y sus reflexiones sobre la mística en el espesor de la vida cotidiana atravesaron de forma definitiva la metodología de la organización, que se estructuró bajo la premisa de que no se puede realizar una denuncia pública de la pobreza sin proponer simultáneamente una salida material.
Imagen recurso de feligreses en la Parroquia de Nuestra Señora de Nazaret en el barrio de Buenos-Aires de Salamanca.
El gran punto de inflexión operativo se produjo a partir de septiembre de 1994, coincidiendo con la llegada de fondos europeos del programa Horizon, destinados a articular las primeras iniciativas de formación para mitigar los efectos de la crisis económica del 92.
Fue en ese periodo de transformación cuando la asociación impulsó, tras un exhaustivo estudio sociológico elaborado en colaboración con la Universidad de Salamanca, el diseño de un servicio de comidas a domicilio enfocado en la tercera edad.
Los inicios de este proyecto, que hoy constituye el motor económico de la entidad, fueron casi testimoniales: la red comenzó gestionando apenas seis comidas diarias y apoyándose en la infraestructura de los bares de la capital charra.
La consolidación definitiva llegó con una ocupación simbólica del propio espacio de exclusión del barrio, al rehabilitar un edificio abandonado que se utilizaba habitualmente como picadero de heroína para instalar las dependencias centrales del catering Algo Nuevo.
Aquel embrión de seis menús se ha convertido hoy en una red logística que elabora mil doscientas comidas diarias del servicio de comida a domicilio y sostiene sesenta y dos puestos de trabajo directos en el catering.
El coordinador de la asociación, el sacerdote Emiliano Tapia, pone en valor la dimensión de este esfuerzo colectivo frente a la inacción exterior, recordando que "hemos aportado a Salamanca y estamos aportando a Salamanca algo que Salamanca no ha aportado al barrio de Buenos Aires, sin duda".
Emiliano Tapia, párroco del barrio salmantino de Buenos Aires y coordinador de Asdecoba. ICAL.
Mientras las redes del narcotráfico y sus intereses económicos persisten en la zona debido a una histórica permisividad institucional, Asdecoba se ha consolidado como la única malla de protección que ofrece seguridad a través de la inserción laboral.
Mantener esta dualidad entre la denuncia de los puntos de venta y el empleo legal ha conllevado costes severos para los miembros del proyecto, que han tenido que hacer frente a episodios de violencia y coacciones a lo largo de las últimas tres décadas.
"El narcotráfico es violencia, porque el narcotráfico son intereses económicos", explica Tapia sobre los riesgos asumidos por una organización que quita de la calle a los eslabones más vulnerables de la cadena delictiva.
Para la entidad, la reinserción es un proceso que desborda las cocinas, por lo que complementan el trabajo con una red de cinco pisos de acogida y una casa comunitaria donde residen cuarenta y una personas sin recursos, entre ellas familias inmigrantes a las que se acompaña en los trámites de regularización porque el fin último es siempre "acoger a los que no cuentan".
Rodrigo, educador y convencido de los valores de la asociación
La labor de la organización encuentra su reflejo en la experiencia de profesionales como Rodrigo Hernández Reyes, educador de la casa de acogida de Asdecoba, quien define la entidad como un paraguas que unifica a la Iglesia, los vecinos y los colectivos del barrio para romper la utopía académica y dar una respuesta integral a la exclusión.
Bajo esta filosofía de acción directa nació la casa de acogida, diseñada en su origen para atender a los jóvenes del barrio con adicciones en los años ochenta y por la que ya han pasado tres mil personas.
Desde entonces, el proyecto no ha dejado de expandirse para cubrir las necesidades de Salamanca y su provincia, tejiendo una red de economía circular donde los cultivos de las huertas abastecen al catering Algo Nuevo, y que incluye una guardería, dos residencias de mayores en el medio rural y una panadería en Monleras que suministra el pan a toda la infraestructura comunitaria.
Rodrigo Hernández, educador de Asdecoba con compañeros y usuarios de la asociación.
La expansión del proyecto continúa con la inminente apertura de una lavandería industrial que funcionará como empresa de inserción para mujeres víctimas de violencia de género, migrantes o parados de larga duración.
Para Rodrigo, trabajar en este entorno exige un compromiso que desborda la jornada laboral convencional y que traspasa la vida por completo, funcionando también como un almacén de solidaridad que permite gestionar un ropero social o enviar colchones y mantas ante catástrofes como la de Valencia.
"En la asociación se mantiene la máxima de que quien quiere y puede trabajar, trabaja, ofreciendo un espacio donde cualquier propuesta orientada a mejorar la colectividad es escuchada siempre que se tenga como horizonte irrenunciable la defensa de la dignidad humana".
En la actualidad, la infraestructura comunitaria se ha expandido hasta abarcar tres empresas de economía social y tres asociaciones integradas que sostienen proyectos como una panadería y un molino en Monleras para frenar la pérdida de servicios esenciales en los pueblos, repartiendo incluso el pan a todos aquellos pueblos de la comarca que carecen de este servicio fundamental.
Un entramado de resistencia colectiva que mantiene una relación diaria con más de tres mil personas en toda la provincia y sostiene ciento veintisiete puestos de trabajo estables de personas que vuelven a tener un lugar en el sistema.