Hugo Girāo, autor, acompañado por Carlos Fernando Fondón Zaballa, ilustrador del libro.
Hugo Girāo (50), escritor de un poemario solidario: "La sensibilidad se confunde con debilidad y muchos hombres esconden lo que sienten"
El autor madrileño desgrana para EL ESPAÑOL de Castilla y León la génesis de 'Cuando todo parecía perdido', un poemario nacido del altruismo y la sensibilidad para dar voz a las familias de la asociación 'Corriendo con el Corazón por Hugo'.
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Hugo Girāo no se considera poeta, pero maneja la palabra con la precisión de quien sabe que un verso puede salvar una vida. Vinculado a la asociación 'Corriendo con el corazón por Hugo', acaba de publicar 'Cuando todo parecía perdido', un poemario solidario ilustrado por Carlos Fernando Fondón.
En esta entrevista, despoja su alma para explicar por qué un hombre de 50 años, nostálgico de los 80 y de sensibilidad especial, ha decidido que su mejor batalla es la que se libra por los demás, de manera aún más especial cuando es por los niños con enfermedades raras.
Pregunta-: Hugo, este libro es una colección de reflexiones y poemas muy personales. ¿Cómo se pasa de escribir en la intimidad a exponerse en un libro solidario?
Respuesta-: Mira, yo no me considero un poeta. Soy hijo y nieto de músicos, y desde muy temprana edad siempre tuve la necesidad de escribir lo que sentía. Recuerdo que mi primer texto, de niño, hablaba sobre Rambo en la selva; luego pasas al amor y al desamor.
Pero escribir es, en realidad, un delicado acto de guerra contra uno mismo. Es la batalla por lo que uno quiere y casi nunca tiene. Decidí que esos poemas, que estaban ahí adormecidos, debían servir para algo más grande.
Un libro es algo imperecedero, algo que siempre está presente, y entregarlo a favor de la asociación es mi manera de decir que aquí estamos.
Portada del libro de Hugo Girāo.
P.-: "Cuando todo parecía perdido" es un título que golpea. ¿A qué se refiere exactamente?**
R.-: El título es la génesis de lo que viven muchas familias. Hay personas cuyos diagnósticos son áridos, complicados, que viven en una situación de dependencia constante.
Para esas mamás y papás, a veces parece que todo está perdido porque no abren telediarios ni tienen las oportunidades de otros.
Pero el libro quiere decir que, gracias a Dios, está la asociación para paliar, para ayudar y para que el nombre de Hugo y el de todos esos niños siga latiendo.
El medio —mis versos— es solo la excusa para alcanzar el fin: que la gente entienda que hay un propósito.
P.-: Tu vínculo con la asociación es casi premonitorio. Fuiste vecino de Raúl, el presidente, y viviste de cerca la pérdida de su hijo Hugo. ¿Cómo te marcó aquello?
R.-: Fui al entierro de Hugo y aquello me impactó. Es una marca indeleble que es muy complicada de borrar. El féretro de un niño, de ese tamaño, te impacta la retina para siempre. Una persona mayor ha vivido, ha tenido sus "síes" y sus "noes", pero Hugo no tuvo la oportunidad de crecer.
Sin embargo, hoy está más vivo que nunca a través de este trabajo. Raúl y su mujer, Eva, son un espejo en el que deberíamos mirarnos todos al menos una vez al día. Ellos podrían haber seguido su vida tras la tragedia, pero decidieron crear esta fuerza de la naturaleza que es la asociación.
P.-: Hablas mucho de la sensibilidad masculina, algo que a veces parece un tabú.
R.-: Es verdad. Soy una persona de lágrima fácil, espiritual, y eso te hace mirar al mundo de manera distinta. Mucha gente me dice que es raro ver tanta sensibilidad en un hombre, pero es que a menudo se confunde sensibilidad con debilidad.
Seguramente hay muchos hombres que esconden lo que sienten por ese pudor o miedo al juicio. Yo intento aportar ese granito de nostalgia y belleza porque, con todo lo que vemos en el mundo, necesitamos ese refugio.
P.-: El libro no sería lo mismo sin las ilustraciones de Carlos Fernando Fondón. ¿Cómo fue ese trabajo a dúo?
R.-: Carlos ha sido fundamental. Sin sus ilustraciones el poemario sería muy árido. Él trabaja el carboncillo con una energía increíble. Le pasé los poemas y al día siguiente ya tenía tres o cuatro ideas preparadas.
De hecho, hay una anécdota curiosa: el poema anterior y el posterior a cada dibujo intentan coordinarse con la ilustración en sí. Es una simbiosis total entre palabra e imagen.
P.-: Para quien tenga el libro en sus manos, ¿a dónde van destinados esos 10 euros que cuesta el libro?
R.-: Van íntegramente a ayudar en lo que la Seguridad Social no apoya: fisioterapia, logopedia, fármacos que para algunas carteras son inasumibles, o incluso la compra urgente de una silla de ruedas o aparatos ortoprotésicos.
También financiamos terapias con perros para fomentar la autonomía. Somos un reducto en la Avenida Víctor Gallego de Zamora donde la gente puede hablar sin sentirse incomprendida. Mientras haya un euro en la cuenta de la asociación, se utilizará para ayudar a quien lo necesite.
P.-: ¿Qué esperas encontrar en la Feria del Libro de Toro y en los próximos meses con este proyecto?
R.-: Espero que la gente tenga curiosidad. Ya hay personas que lo han leído y lo recomiendan, y eso es lo más bonito. Estaremos allí en Toro, paso a paso, intentando llevar el libro al mayor número de librerías posibles.
No me da miedo la sobreexposición si sirve para que el nombre de la asociación llegue más lejos. Yo ya tengo nuevos versos guardados en mi grupo de WhatsApp conmigo mismo; la inspiración surge de las maneras más inusitadas y hay que estar preparado para que no se escape.