La prisión salmantina de Topas y Alfonso Basterra, en un montaje de EL ESPAÑOL

La prisión salmantina de Topas y Alfonso Basterra, en un montaje de EL ESPAÑOL

Salamanca

Alfonso Basterra, con permiso para salir de prisión, novia y una novela dedicada a Asunta 13 años después de asesinarla

El periodista, condenado a 18 años por el asesinato de su hija y preso en la cárcel salmantina de Topas, disfrutará por primera vez de un beneficio penitenciario desde 2013.

Más información: Alfonso Basterra saldrá de la cárcel de Topas: concedido el primer permiso tras 13 años en prisión por el crimen de Asunta

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Este lunes, Alfonso Basterra, de 62 años, obtuvo su primer permiso penitenciario ordinario: cuatro días fuera de la cárcel de Topas, en Salamanca, donde cumple condena desde hace algo más de un año.

Tras casi 13 años entre rejas, la mayor parte en Teixeiro (A Coruña), el juez de vigilancia penitenciaria ha autorizado la salida tras un informe favorable de la junta de tratamiento. 

Se trata, no obstante, de una resolución recurrible y el permiso no podrá ejecutarse hasta que adquiera firmeza. Es un permiso condicionado: deberá presentarse diariamente en comisaría, facilitar una dirección y permanecer localizable.

Fuentes internas de la prisión de Topas aseguran, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, que Basterra tiene un comportamiento "muy bueno" en el módulo de respeto, el número 12, en el que se encuentra preso desde hace más de un año.

"Su comportamiento es muy bueno, hace sus tareas y luego tiene destino sociocultural, que va de lunes a viernes. Se dedica a leer, no recibe comunicaciones, su conducta es muy buena, va a lo suyo y hace deporte con los compañeros", añaden.

El asesinato de Asunta

Para el hombre condenado en 2015 a 18 años de prisión por el asesinato de su hija adoptiva Asunta, este breve respiro marca un punto de inflexión en una trayectoria carcelaria marcada por el aislamiento y una evolución reciente hacia una conducta calificada como "muy buena".

Basterra entró en prisión preventiva en 2013, acusado junto a su entonces esposa, la abogada Rosario Porto, del asesinato de Asunta, de 12 años, cuyo cadáver apareció en una pista forestal de Teo.

El jurado popular los declaró culpables en 2015 y la Audiencia Provincial de A Coruña les impuso 18 años de cárcel con agravante de parentesco.

Las sentencias posteriores del TSXG y el Tribunal Supremo confirmaron la pena. Rosario Porto se suicidó en prisión en 2020; Basterra continuó solo, manteniendo su inocencia y sin mostrar arrepentimiento, factor que durante años le cerró las puertas a cualquier beneficio penitenciario.

La biblioteca como refugio

La mayor parte de su condena transcurrió en el centro penitenciario de Teixeiro. Allí forjó una rutina metódica y solitaria que se convirtió en su marca personal. Basterra se levantaba alrededor de las ocho de la mañana, ordenaba su celda, hacía la cama y desayunaba.

A las nueve ya estaba en la biblioteca, donde ejercía como encargado: ordenaba volúmenes, repartía novelas solicitadas por los internos, recogía las leídas y recorría otros módulos y celdas para gestionar préstamos.

Al mediodía iba al comedor, descansaba una siesta entre las dos y las cuatro de la tarde y regresaba a la biblioteca hasta las nueve de la noche. Luego, cena, celda y sueño.

Era una persona "altiva" que "no vestía como el resto de presos", ya que iba "siempre con chaqueta" y que "no hablaba con casi nadie". "Casi no tiene amigos, habla con muy poca gente", relataba un interno.

Basterra se consideraba intelectualmente superior: "El resto de presos no están a mi altura intelectual", llegó a transmitir en su entorno.

Fuentes penitenciarias lo describían como alguien que "pasa desapercibido, le cuesta expresar sentimientos" y que "no empatiza con nadie". No quería, no le hacía falta. Prefería "estar mejor sin relaciones de confianza, a su aire".

No recibía visitas y apenas le llegaba correspondencia. Carecía de apoyo familiar significativo, ni en Galicia ni en su Bilbao natal. En el módulo de respeto donde residía, un entorno más ordenado que otros, su aislamiento era casi total.

Algunos excompañeros lo retrataron como "narcisista, calculador y egocéntrico". Hubo rumores de altercados y algún episodio de contrabando, aunque nunca llegó a romper del todo la disciplina.

Tras el suicidio de Rosario en 2020, se le aplicó el protocolo antisuicidio; superó el trance y recuperó su frialdad habitual.

En ese encierro encontró refugio en la lectura y, sobre todo, en la escritura. Participó en concursos literarios organizados por Instituciones Penitenciarias y dio forma a relatos cortos.

En febrero de 2025, pocos días antes de su traslado, publicó su primera novela, ‘Cito’, editada por Vitruvio: una historia de amor y desamor ambientada en el mundo rural de los años cuarenta, con toques mágicos.

La obra, de 140 páginas, lleva una dedicatoria explícita a Asunta. La literatura se convirtió en su principal vía de escape.

El traslado a Topas

En febrero de 2025, Basterra solicitó y obtuvo el traslado a Topas, en Salamanca. La razón oficial fue una petición personal; pero algunas fuentes apuntaron a una relación sentimental mantenida por carta con una mujer que reside en la provincia salmantina.

Tras más de una década en Teixeiro, llegó al penal salmantino el 28 de febrero de 2025, hace poco más de un año.

Al principio, se mostró "prepotente y engreído" y fue clasificado en el módulo 12, el módulo de respeto destinado a internos con buena conducta y alta implicación en la vida penitenciaria.

Un año después, el panorama ha cambiado y Basterra cumplió su primer aniversario en Topas "entre paseos, libros y conversaciones con otros reclusos". Mantiene un perfil bajo, no recibe visitas ni cartas y su conducta es calificada por fuentes penitenciarias como "muy buena".

Ha pasado de la estricta soledad de Teixeiro a una integración relativa: habla con otros internos, participa en la dinámica del módulo y aprovecha los espacios comunes. El módulo de respeto exige responsabilidad y buen comportamiento; Basterra ha demostrado ambas cosas.

La recompensa del permiso

Durante años, Basterra solicitó permisos y el tercer grado sin éxito. Cumplió la cuarta parte de la condena en 2018, pero se le denegó.

En 2024 volvió a intentarlo; tampoco prosperó, entre otros motivos por no reconocer los hechos. El traslado a Topas y su estancia en el módulo de respeto han sido determinantes.

La junta de tratamiento emitió un informe favorable y el juez de vigilancia penitenciaria lo autorizó este lunes. Es el primer beneficio penitenciario real tras 13 años en prisión.

Fuentes cercanas al caso señalan que su implicación en las actividades del módulo, su "muy buena" conducta reciente y el tiempo cumplido han pesado más que su persistente negación de los hechos y su absoluta falta de arrepentimiento.

Alfonso Basterra no es el mismo que entró en Teixeiro en 2013, pero sigue siendo el mismo hombre que, según una sentencia firme, asesinó a su hija de 12 años y nunca ha pedido perdón ni reconocido su crimen.

De la biblioteca como fortaleza intelectual a los paseos compartidos en Topas; de la arrogancia declarada al perfil bajo y la conducta "impecable".

Ha escrito una novela dedicada a la hija a la que, según la Justicia, asesinó. Ha pasado de no relacionarse con nadie a mantener conversaciones con reclusos. Ha pedido un traslado por amor y, finalmente, ha conseguido abrir una pequeña ventana al exterior.

Cuatro días de permiso no borran 11 años de condena ni el peso de una sentencia firme. Pero sí representan, para un hombre que ha vivido entre libros y silencios, el primer paso tangible hacia una posible reinserción.

Si la resolución adquiere firmeza tras los posibles recursos, Alfonso Basterra cruzará las puertas de Topas.

Llevará consigo su rutina de orden, su afición a la escritura y, quizá, la esperanza de que casi 13 años de encierro hayan bastado para que la sociedad le devuelva un atisbo de la libertad que él le arrebató brutalmente a su hija.