Hornazo de Salamanca

Hornazo de Salamanca

Salamanca

La contundente empanada única en España que vuelve locos a los turistas y que se hace en Salamanca

Es tradición disfrutar de este manjar durante la celebración del Lunes de Aguas

24 febrero, 2024 07:00

La menestra de Palencia, el chuletón de Ávila, el lechazo de Valladolid, el torrezno de Soria, la morcilla de Burgos, el cocido maragato de León, el arroz a la zamorana de Zamora o el cochinillo de Segovia. Da igual el rincón en el que te encuentres de Castilla y León, que cada uno guarda con especial cuidado y dedicación sus productos gastronómicos estrella. 

Castilla y León es sinónimo de gastronomía y buen comer. Además de los nombrados, existen centenares de platos que desde bien pequeños disfrutamos en las mesas de nuestras casas. Hechos por nuestros abuelos, abuelas, padres y madres, luego por nosotros y en un futuro por nuestros hijos. La cultura culinaria de la Comunidad es tan amplia como diversa y también esconde ella múltiples productos fruto del campo castellano y leonés.

Les hay con más o menos identidad. También aquellos que suponen un gran debate público sobre su origen, concepción o forma de cocinarlo. Pero existe uno que es único en España y que se relaciona íntimamente con Salamanca. En este caso, es posible que no haya discusión... o prácticamente no la hay. Hecho a base de productos tan identitarios como el embutido, es un producto que deshace los paladares de hasta los más exigentes.

Quién no se ha comido alguna vez un buen trozo de hornazo de Salamanca. Esta especie de empanada, única en España, hace las delicias de autóctonos y también turistas, que en cada visita a la provincia no dudan en llevarse uno para no olvidar el sabor a Salamanca. Y es que este producto charro tan característico guarda mucha historia.

Pero antes de nada, debemos saber que el típico hornazo de Salamanca se compone de una base de pan engrasado, que va relleno de diferentes embutidos ibéricos como chorizo, jamón o lomo adobado y, en algunas ocasiones, huevo duro. Es típico comerlo durante la celebración del Lunes de Aguas, un festejo que tiene lugar en tierras charras como colofón final a la Semana Santa el lunes siguientes al del Lunes de Aguas.

En Salamanca se dice que la tradición se remonta a la época de Felipe II, que llegó a la provincia a mediados del siglo XVI para casarse con su primera esposa, María Manuela de Portugal. Aquí descubrió grandes fiestas que solían hacer los estudiantes durante aquella época.

Con objetivo de fastidiar estas fiestas y con la mira puesta en preservar la moralidad, durante la Cuaresma prohibió el consumo de carne y el contacto carnal, dando además orden de que las "profesionales del amor" (prostitutas) abandonasen la ciudad durante esas semanas.

De esta forma, desde entonces, cada año en Cuaresma, un sacerdote que era conocido como 'Padre Putas', recogía a todas estas mujeres y las llevaba en una barca hasta el otro lado del río Tormes, donde permanecían hasta el lunes siguiente al Lunes santo. Llegado el momento, se las traía de vuelta a Salamanca y todos los muchachos iban a recibirla a las orillas, donde montaban una fiesta donde se consumía el típico hornazo de Salamanca.

Y esto es lo que cuenta la leyenda de todo lo que rodea al hornazo de Salamanca y su origen. Aunque este plato suele asociarse a este día en concreto, nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que es un manjar perfecto para cualquier ocasión, ya que nunca decepcionará.

En la propia provincia de Salamanca existen otras variantes de este plato, como el hornazo de Cepeda, enclavada en plena Sierra de Francia, donde añaden una capa de azúcar por encima que le hace inusual para lo típico de la zona y que a su vez le confieren de una identidad diferente y un gusto distinto.

Modo de preparación

Esta masa rellena, con un enrejado a modo decorativo muy característico, se hace al horno, técnica que luego posteriormente le da parte de su nombre. La masa se prepara con una mezcla de levadura con media taza de agua templada y una de harina. Se amasa hasta hacer un bollo, que se tapa con un paño de algodón y se deja en un lugar sin corrientes de aire hasta que fermente y doble su tamaño.

Una vez dado este paso, en un recipiente voluminoso o en una mesa de cocina se mezcla el resto de la harina con azafrán y se añade sal, para posteriormente formar una circunferencia. Seguidamente, se ablanda un poco la manteca y se añade a la circunferencia previamente preparada.

Dentro se coloca la masa fermentada que habíamos dejado fermentando anteriormente. Se amasa todo y se añade poco a poco agua templada, hasta tener una masa elástica y suave que no se quede pegada a nuestros dedos. Volvemos a tapar el resultado con un paño y esperamos a que vuelva a doblar su tamaño.

Por otro lado, se cuece un huevo, se quita la piel al chorizo, el lomo y el salchichón y se corta en rodajas, dividiéndolas en dos partes para que no sean muy grandes. En una sartén se pasa ligeramente el lomo de cerdo fresco y se reserva. Una vez completado el paso, se vuelve a amasar la masa durante un minuto. 

Se coge la mitad de la misma y la extendemos en la bandeja del horno, colocando sobre ella todo el relleno. Cortamos el huevo cocido en rodajas y lo repartimos sobre lo anterior. Se cubre con la otra mitad de la masa y cerramos bien por los lados uniendo la capa superior e inferior.

Una vez completado todo este proceso, se deja en reposo durante aproximadamente una hora y con un tenedor se pica la parte de arriba para que se expulse el aire y no se formen ampollas. El horno hay que precalentarlo a temperatura media. Se pinta la parte superior de la masa con un huevo batido y se introduce todo en el horno durante alrededor de media hora, hasta que se dore.

Ingredientes

(para 6-8 comensales)
1/2 kilogramo de harina
20 gr de levadura
1 chorizo cular
1 salchichón ibérico
100 gr de jamón serrano en lonchas
100gr de lomo de cerdo fresco adobado
2 huevos
Manteca
Agua, sal y azafrán (opcional)