Salamanca

La contracrónica: Rajoy, la Universidad y su filosofía

27 mayo, 2018 12:18

Si el Rey Felipe VI fue el encargado de inaugurar la cuarta edición del Encuentro de Rectores Universia, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha tenido la responsabilidad de clausurarlo. Una jornada marcada por las conclusiones del evento, el néctar extraído de una convivencia de tales dimensiones que a buen seguro será el jugo que nutra e inspire los axiomas que rijan la educación del futuro. Los rostros de felicidad de cuantos han asistido han sido la mejor prueba de que España, Salamanca y su Universidad pueden sentirse orgullosos del resultado del encuentro que ha tenido lugar en su seno. 'Chapeau'.

Entre las personalidades que han arropado al presidente, algunas caras repetidas, como la del presidente de la Diputación, Javier Iglesias, que no ha querido perderse ninguno de los dos días, o el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el consejero de Educación, Fernando Rey. También, claro, el rector Ricardo Rivero y el vicerrector Enrique Cabero han estado este martes. Tampoco faltaron el subdelegado del Gobierno, Antonio Andrés Laso, y el delegado de la Junta, Bienvenido Mena. Debutaban, eso sí, el alcalde de la ciudad, Alfonso Fernández Mañueco, que ha hecho de cicerone de Rajoy, o la consejera de Cultura y Turismo, Josefa García Cirac.

El acto de clausura ha estado plagado de similitudes respecto al de este lunes. Si bien se ha leído la llamada 'Declaración de Salamanca' a cargo del rector de la Universidad Politécinca de Valencia, Francisco Mora, a modo de compendio de tan distinguido evento. Además ha intervenido la secretaria general iberoamericana, la costarricense Rebeca Grynspan, que se ha congratulado por haber podido definir los modos de modular y moldear el mundo que viene y ha rematado citando a William Faullkner. Diana. Quien repitió parlamento y volvió ha resucitar al pobre Unamuno fue Ana Botín, muy resuelta en su discurso y con un empaque que muchos representantes públicos quisieran.

Seguramente, entre ellos, el presidente del Gobierno, aunque solo sea por haber 'cantado' en otros idiomas (el inglés y el portugués). El mandatario popular reconoció el orgullo que siente la nación (así en general) por Salamanca y su Universidad, y destacó cómo la capital del Tormes representa los valores nacionales. Y en eso, seguramente, tenga mucha razón. Acabado su discurso, cortito y al pie, Rajoy desapareció entre bambalinas y los esforzados periodistas se reunieron en la salida para encontrarse con él.

Y es que había que preguntar, cómo no, por el caso Zaplana. El exmandatario del PP valenciano ha sido detenido este martes por blanqueo de capitales. Cabía esperar una huida sin mirar atrás, como así sucedió, aunque los más optimistas confiaban en alguna respuesta del tipo: “ese señor del que usted me habla ya no pertenece al PP, y de aquellos que ya no pertenecen al PP, no puedo hablar”. Ni eso. Mariano salió con Alfonso y, juntos, se fueron 'de cañas'. El presidente tomó su Audi A8 oficial y se bajó en algún lugar cercano al centro para tener un encuentro en un colegio, antes de degustar un aperitivo en la plaza de las plazas.

Con cuentagotas fueron dejándose caer por el sitio las cargos del Partido Popular de Salamanca. Concejales y diputados. Todos. Después, Rajoy salió repartiendo sonrisas y sin dar explicación alguna por el enésimo caso de corrupción que salpica a su partido. Miento. Hubo una buena señora que se echó adelante y le preguntó aquello que los periodistas habíamos 'vociferado' a la mínima ocasión. “¿Qué opina de lo de Zaplana?”. Y tuvo mejor suerte. Rajoy se giró y le espetó una frase que resume a la perfección toda su filosofía. “Pienso lo que usted pensaría si fuera yo”, le dijo. Y ya está. Rajoy estuvo en Salamanca y estuvo en estado puro.