Salamanca

La otra procesión: tradiciones que perduran

27 marzo, 2018 12:29

Lunes Santo en Salamanca. Protagonismo para el Cristo de los Doctrinos. Como es tradición, cientos de personas se agolpaban en el Campo de San Francisco para ver la salida de una talla sin más ornamentos que unos cardos, sin acompañamiento musical, un desfile sobrio. Porque respetar las tradiciones es una de las señas de identidad de nuestra sociedad.

Tradición es ver antes del inicio de cada desfile al barquillero de Salamanca, vendiendo obleas a los presentes. De Cipérez, faltaría más, que allí cocinan como los ángeles. También es tradición que multitud de coches estacionen en zonas peatonales, lo más cerca posible del templo, porque en Salamanca es común coger el coche hasta para ir a comprar el pan, y si se puede dejar en la misma puerta, mejor. Si luego llega la hostia (con perdón) en forma de multa, en lugar de comunión, pues ya se verá. Hoy la calle Sorias era el aparcamiento improvisado.

Como improvisada fue la llegada de un ciclista hasta casi la puerta de la iglesia de la Vera Cruz, pretendiendo atajar entre el trayecto que dos filas de público marcaban mientras aguardaban al inicio de la procesión. Pero como se pasó de listo, la Policía Local, con lógica y criterio, le obligó a dar la vuelta y circular por donde debía. Que las bicicletas también son vehículos y por tanto se rigen por las normas de tráfico, esas que dictan restricciones y desvíos durante las horas de procesiones.

También es tradición que llueva en Semana Santa. Dicen que desde el jueves hasta el domingo, justo cuando más desfiles deben salir a las calles de Salamanca. Preparen los paraguas si piensan acudir, pero sobre todo los pañuelos para secar las lágrimas si son cofrades o hermanos y han aguardado un año para salir en procesión.

Y tradición es ver al fotógrafo Gabriel Alonso, cofrade de la Vera Cruz. 33 años plasmando la Semana Santa de Salamanca, la edad de Cristo, para más inri. La providencia le ha puesto últimamente importantes pruebas de fe. Eso, más que tradición, es el sino que nos toca en esta montaña rusa que es nuestro paso terrenal. Pero Gabi tiene una fuerza de voluntad y una alegría vital que si el resto de los mortales alcanzáramos sólo un uno por ciento de ella, el mundo avanzaría mejor.