En 1939 Lorenzo Sanmiguel dio los primeros pasos de una red de espionaje en León.

En 1939 Lorenzo Sanmiguel dio los primeros pasos de una red de espionaje en León. Ical

León

Lorenzo Sanmiguel, un espía al servicio de Inglaterra

La trama de espionaje pagada por el MI-6

16 octubre, 2022 07:00

El 1 de abril de 1939 sonaron en España los últimos bombardeos de la Guerra Civil española. Unos pocos meses más tarde, la ofensiva de Adolf Hitler sobre el país polaco provocaba el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En medio de este panorama político a nivel mundial, en la ciudad leonesa se fraguaban los primeros pasos de lo que sería una red de espionaje al servicio de Gran Bretaña. Su núcleo logístico estuvo registrado en diferentes lugares de esta ciudad, donde comenzó la actuación de Lorenzo Sanmiguel Martínez, conocido también con el nombre falso de Juan Martínez Martínez, líder de esta organización de espionaje.

Con un currículo de ideales comunistas, antecedentes izquierdistas y mala conducta, Lorenzo Sanmiguel regresó a España desde México en 1935, y tras participar como voluntario en el Regimiento de Infantería número 31 de Astorga, fue detenido y procesado por sedición, acusado de la distribución de hojas de propaganda subversiva redactadas en el interior del cuartel. Al estallar el Movimiento de Liberación, logró escapar y se trasladó a Asturias, donde se ocultó hasta el 1939.

Fue en ese momento cuando, vestido de mujer, viajó a León para esconderse en el domicilio de sus padres hasta 1941, momento en que decidió cruzar clandestinamente la frontera de Portugal para viajar a Lisboa y visitar las Embajadas de México, Cuba y Gran Bretaña y avisar de su posición en favor de la “causa roja”. De nuevo en España, entró en contacto con la Embajada inglesa en Madrid y comenzó a dirigir una red de espionaje en las provincias del norte de España.

Esta organización de espionaje contó con más de una treintena de agentes permanentes y numerosos colaboradores que Sanmiguel reclutaba, o bien directamente entre sus familiares y amigos afines de ideología política, o bien por sugerencia de alguno de ellos. Dichos colaboradores prestaban fundamentalmente servicio de información periódicamente, tanto de movimientos de fuerzas militares, como de enclaves y lugares de interés.

Cada uno de estos agentes disponía en su poder de una contraseña consistente en una letra escrita en tinta china con un pequeño cuadro de papel vegetal, una rosa en el ángulo superior izquierdo del papel y una estrella de cinco puntas. Además de estos agentes ‘fijos’, había otros eventuales, a los que visitaba cada quince días, fingiendo ser un agente de negocios o alegando relaciones amorosas, de las que se descubrieron varias de manera simultánea.

Las informaciones que recogía las refundía en un boletín informativo escrito en clave, empleando la composición de letras de traducción recíproca U-S, I-L, F-A, M-E, C-O, que posteriormente remitía a la Embajada Inglesa a través de José García Robles, que era el enlace encargado de proporcionar instrucciones y el dinero necesario para el desarrollo y el pago de los servicios encargados.

El espía leonés Lorenzo Sanmiguel.

El espía leonés Lorenzo Sanmiguel. Ical

En octubre del 43, Libertario García, trabajador de la Fábrica de Cañones de Trubia, en Asturias, fue detenido por la Guardia Civil, para quien no había pasado desapercibido su elevado nivel de vida, no demasiado acorde con sus ingresos. El detenido reconoció la percepción de una remuneración de doscientas cincuenta pesetas mensuales a cambio de información de la producción y las visitas que tenían lugar en la fábrica. El hombre afirmó que hacía llegar dicha información a un hombre llamado “Juan Martínez” o a su novia, Consuelo Argüelles. Para ser identificado, había recibido un papel con la clave 'O', y confirmó que había conocido a este hombre por medio de un amigo y vecino de Gijón llamado Miguel Mauro Estévez. A las pocas horas, todos fueron arrestados y se empezó una investigación que consiguió, en apenas unos días, la detención de prácticamente todos los agentes de la organización, con la salvedad de uno de sus pilares, Ángel Monge, que fue declarado como rebelde.

El gobernador militar de Oviedo ordenó continuar urgentemente con la investigación para proceder a la detención de todos los implicados en la red de espionaje, así como el traslado a León de las fuerzas de seguridad. Así, el delegado accidental de orden público de Asturias, José Blanco, y el comandante del puesto de la Guardia Civil de Trubia, Teófilo Rodríguez, se trasladaron a León el 19 de octubre de 1943.

Un día más tarde, a las cinco de la mañana se acudió a la vivienda de Manuel Rivero, el agente radiotelegrafista, quien afirmó conocer a Lorenzo Sanmiguel, por lo que los acompañó al piso alquilado por el jefe de la organización, en la travesía de Mariano Andrés, así como a otro de los pisos al que solía acudir Sanmiguel, en el paseo de la Condesa de Sagasta, lugar donde tenía una habitación alquilada.

Al llegar a este domicilio, estaba saliendo el propietario del inmueble, Gabriel Carrizo, quien negó que en su casa se encontrara Lorenzo Sanmiguel, aunque facilitó un registro domiciliario. En la segunda de las habitaciones que se solicitó inspeccionar, la esposa de Gabriel Carrizo, María González Pardo, no pudo evitar ponerse nerviosa al abrir la puerta con la llave, y en su interior se halló a una persona tendida en la cama que no dudó en apuntar a los agentes con una pistola.

El propio comandante Teófilo Rodríguez, disparó al varón, que resultó ser Juan Martínez Martínez. Aunque se avisó a los servicios médicos para asistir al herido, el cabecilla de la trama falleció y se continuó con el registro en la habitación, en la que se encontraron armas, dinero, fotografías y planos, así como distintas herramientas y material reunido en los últimos años, entre ellos una agenda en la que se incluían los nombres de todos los agentes y colaboradores de la entidad, así como la contraseña que recibieron o los pagos con las que se les recompensaba a cada uno de ellos.

A partir de los datos aglutinados en la agenda localizada tras el fallecimiento de Lorenzo Sanmiguel, se inició el procedimiento por providencia, por el que se ordenó al teniente coronel José Blanco, el descifrado, clasificación y estudio de la documentación incautada, así como la busca y captura de los miembros de la red de espionaje.