El presidente del CES, Enrique Cabero Morán; la presidenta de Unicef Castilla y León, Eugenia García Rincón; el director del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad en Red.es, Juan Miguel Márquez Fernández , presentan el informe 'Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital'
Los niños de Castilla y León tienen su primer móvil a los 11 años: “No es demonizar el mundo digital, sino proteger”
Un informe de Unicef elaborado a partir de 4.788 escolares revela que el 51,9% de los alumnos de quinto y sexto de Primaria ya tiene teléfono propio.
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Los niños y adolescentes de Castilla y León acceden cada vez antes al mundo digital. La edad media a la que reciben su primer teléfono móvil se sitúa en los 10,85 años, mientras que el 51,9% del alumnado de quinto y sexto de Primaria ya dispone de uno propio.
Son algunos de los datos que recoge el informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, presentado este miércoles en el Consejo Económico y Social (CES) de Castilla y León, que pone el foco en los hábitos tecnológicos de los menores y en sus consecuencias para la salud, las relaciones sociales y el bienestar emocional.
El estudio, elaborado a partir de las respuestas de 4.788 escolares de entre 10 y 20 años de 26 centros educativos de la Comunidad, dibuja una realidad con luces y sombras.
Aunque el 92% de los adolescentes está registrado en al menos una red social, el uso de la tecnología no está exento de riesgos.
El informe constata que el 13% del alumnado presenta síntomas claros de malestar emocional, el 12,4% muestra síntomas de ansiedad y el 12% presenta síntomas depresivos. Además, el 7,3% registra un riesgo suicida elevado.
Los datos invitan a reflexionar sobre cómo acompañar a los menores en su incorporación al entorno digital, una tarea que implica tanto a las familias como a las instituciones educativas, las administraciones y las empresas tecnológicas.
“No se trata de demonizar el mundo digital, sino de proteger y saber aprovecharlo”, defendió Eugenia García Rincón, presidenta de Unicef Castilla y León, durante la presentación del informe.
La responsable de la organización subrayó que la infancia tiene derecho a estar protegida frente a los riesgos de internet y destacó el valor de un estudio que permite conocer mejor cómo viven los niños y adolescentes en este ámbito.
“Les damos voz para conocer sus preocupaciones”, señaló García Rincón, quien recordó que los resultados muestran una realidad compleja: los menores manifiestan una buena satisfacción con su vida y mantienen buenas relaciones con sus padres, pero también aparecen indicadores que impiden mirar hacia otro lado.
Un acceso temprano
La presencia de la tecnología en la vida cotidiana de los menores va más allá de la comunicación.
El 54,4% juega a videojuegos al menos una vez por semana y el 19,2% lo hace todos o casi todos los días. El estudio también recoge que el 10,6% de los menores afirma haber apostado o jugado dinero, de forma presencial u online, pese a las restricciones legales que afectan a estas prácticas.
El acceso a contenidos pornográficos constituye otro de los ámbitos de preocupación.
Aunque el 7,6% de los encuestados afirma consumirlos semanalmente, el informe advierte de que el primer contacto puede producirse a edades tempranas, con una media de 11,63 años.
La exposición digital precoz, especialmente cuando no existe un acompañamiento adecuado, puede favorecer usos problemáticos, situaciones de violencia digital y un deterioro del bienestar emocional.
En este contexto, la mediación parental aparece como uno de los aspectos con mayor margen de mejora.
Según los resultados, el 53% de los progenitores habla habitualmente con sus hijos sobre los riesgos de internet, pero solo el 34% establece normas o límites para el uso de la tecnología.
La diferencia refleja que conversar sobre los peligros del entorno digital no siempre se traduce en unas pautas claras para utilizarlo.
«Dejarlos fuera no es una opción»
Enrique Cabero Morán, presidente del CES de Castilla y León, destacó la relevancia del estudio por el enfoque con el que aborda la relación entre infancia y tecnología.
A su juicio, el informe representa una oportunidad para analizar esta realidad desde la perspectiva de los derechos de los niños y adolescentes, la salud, la convivencia y la responsabilidad social de las instituciones, las empresas y las entidades del tercer sector.
Cabero calificó el documento como uno de los estudios más relevantes en esta materia y defendió la necesidad de ampliar la mirada sobre el entorno digital. Ya no se trata únicamente de las tecnologías de la información y la comunicación, sino también de las relaciones que se establecen a través de ellas.
Una dimensión que, como explicó, justifica incorporar una «R» más a las conocidas TIC para poner el acento en las relaciones.
El presidente del CES también agradeció la implicación de Unicef Castilla y León, entidad vinculada al Consejo, y el trabajo que desarrolla para mejorar el conocimiento sobre la situación de la infancia.
Por su parte, Nacho Guadix, responsable de Derechos Digitales de Unicef, incidió en la necesidad de evitar tanto la exclusión digital de los menores como su incorporación prematura y sin orientación.
Las experiencias recogidas en el estudio cualitativo muestran que las decisiones familiares sobre el primer dispositivo responden a motivos diversos: desde la petición de los propios niños hasta la voluntad de los padres de mantenerlos localizados.
Los testimonios también reflejan la presión social y comercial que rodea al acceso a la tecnología, en una sociedad en la que los dispositivos y sus modelos más recientes se han convertido en objetos de deseo desde edades tempranas.
La respuesta, según esta perspectiva, no pasa por apartar a los menores de una realidad que forma parte de su vida, pero tampoco por acelerar su entrada en ella.