El astrofísico e investigador Alejandro Sánchez de Miguel.
Alejandro, astrofísico: “El mundo cambia de golpe durante los últimos minutos de un eclipse total”
El investigador del CSIC explica que el fenómeno más sobrecogedor no es la ocultación del Sol, sino la transformación repentina de todo lo que rodea al observador.
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La experiencia más sobrecogedora de un eclipse total de Sol no se encuentra únicamente en contemplar cómo la Luna oculta al astro.
El verdadero impacto, según el astrofísico e investigador Alejandro Sánchez de Miguel, llega cuando la totalidad está a punto de comenzar y el entorno cambia de forma repentina.
La luz se desploma, baja la temperatura, aparecen planetas en pleno día, los animales modifican su comportamiento y el paisaje adquiere un aspecto difícil de comparar con cualquier otra experiencia cotidiana.
“El mundo cambia de golpe”, resume Sánchez de Miguel en Los eclipses de Sol, el ensayo que ha publicado este año el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) dentro de su colección ¿Qué sabemos de?, según recoge Ical.
La obra, de más de un centenar de páginas, aborda no solo la mecánica celeste de estos fenómenos, sino también sus consecuencias físicas, atmosféricas, biológicas y emocionales.
La paradoja de un eclipse total es que durante buena parte de la fase parcial el cambio resulta mucho menos evidente de lo que cabría esperar.
Aunque la Luna va cubriendo progresivamente el disco solar, el ojo humano compensa con eficacia la pérdida de luminosidad y el ambiente apenas parece alterarse.
La situación cambia radicalmente en los últimos minutos antes de la totalidad. La luz comienza a desaparecer con rapidez, el cielo adquiere tonalidades inusuales y la sensación para quien observa el fenómeno es la de encontrarse en un escenario que no es exactamente de día ni de noche.
Un crepúsculo de 360 grados
Sánchez de Miguel destaca en su obra que durante un eclipse total el horizonte puede convertirse en un auténtico crepúsculo circular. Los colores propios de un amanecer o un atardecer pueden aparecer simultáneamente en todas las direcciones, mientras que sobre la cabeza del observador el cielo adopta tonos azul oscuro o índigo.
En esas condiciones, algunas estrellas y planetas brillantes pueden hacerse visibles pese a que todavía sea de día. A ello se suma el descenso de la temperatura y una modificación del comportamiento de numerosos seres vivos.
Las aves pueden reducir su actividad o dejar de cantar, mientras que determinados insectos modifican temporalmente sus rutinas. También se han documentado respuestas en animales nocturnos, que pueden llegar a activarse durante unos instantes al interpretar el oscurecimiento como el inicio de la noche.
Entre los fenómenos menos conocidos que recoge el investigador se encuentran las llamadas bandas de sombra, unas ondulaciones de luz y oscuridad que pueden aparecer sobre superficies claras en los instantes inmediatamente anteriores y posteriores a la totalidad.
También describe la llegada de la sombra lunar sobre la superficie terrestre, un fenómeno que puede percibirse como el avance de «una gigantesca pared oscura».
Son efectos especialmente difíciles de captar mediante una cámara.
De ahí que los observadores experimentados insistan en que ninguna fotografía o vídeo puede reproducir por completo la percepción de un eclipse total.
La experiencia, explica Sánchez de Miguel, obliga a mirar mucho más allá del propio Sol.
El comportamiento de los animales
La reacción de los seres vivos constituye otro de los elementos analizados en Los eclipses de Sol. Las investigaciones sobre comportamiento animal han documentado respuestas semejantes a las que se producen durante las transiciones naturales entre el día y la noche.
Durante la totalidad, algunas aves dejan de cantar y recuperan su actividad cuando vuelve la luz.
Otros animales e insectos modifican temporalmente sus pautas habituales ante unas condiciones ambientales completamente excepcionales.
Estos cambios ayudan también a comprender la fascinación que los eclipses han provocado a lo largo de la historia.
El investigador repasa cómo diferentes culturas interpretaron estos acontecimientos como presagios, señales divinas o fenómenos capaces de influir en guerras, decisiones políticas y creencias religiosas.
España se prepara para los eclipses de 2026 a 2028
Con España ante una excepcional sucesión de eclipses entre 2026 y 2028, el investigador anima a quienes vayan a contemplar uno por primera vez a no concentrar toda su atención en el disco solar.
La corona, las perlas de Baily o el conocido anillo de diamantes son algunos de los momentos más espectaculares de la totalidad, pero, a su juicio, una parte esencial del fenómeno está fuera del propio Sol: en el horizonte, en el paisaje y en la reacción del entorno.
“Una parte esencial de la experiencia consiste en observar también cómo cambia el paisaje, cómo se oscurece el horizonte y cómo reacciona el mundo que rodea al observador”, sostiene.