Jean Poll junto a la delegada de COOCYL en Salamanca, Estefanía García

Jean Poll junto a la delegada de COOCYL en Salamanca, Estefanía García Cedida

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Jean Pooll, de 7 años, estrena un verano sin gafas gracias a un tratamiento que frena el avance de la miopía: "Mamá, puedo ver"

A sus siete años, este niño de Salamanca ha dejado de depender de las gafas durante el día gracias a un tratamiento de ortoqueratología (Orto-K).

Más información: El Colegio de Ópticos-Optometristas de CyL: "La miopía se dispara hasta el 62,5% en jóvenes"

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Mientras muchos niños esperan con ilusión las vacaciones, los campamentos o las tardes de fútbol, Jean Pooll vive un verano muy especial.

A sus siete años, este niño de Salamanca ha dejado de depender de las gafas durante el día gracias a un tratamiento de ortoqueratología (Orto-K). Además de mejorar su visión, esta técnica busca frenar el avance de una miopía hereditaria que estaba progresando con rapidez.

Su caso forma parte de la campaña #COOCYLConLosPacientes, impulsada por el Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León (COOCYL). La iniciativa da a conocer historias reales que muestran cómo estos profesionales ayudan a mejorar la salud visual y la calidad de vida de sus pacientes.

Jean Pooll llegó a la consulta de la óptico-optometrista Estefanía García Cerviño después de que su graduación aumentara casi una dioptría en solo un año. El niño ya estaba siendo revisado desde 2024, pero la evolución de la miopía hizo necesario buscar una solución para controlar su progresión.

Actualmente presenta 2,50 dioptrías de miopía y 2,50 de astigmatismo en el ojo derecho, además de 1,25 dioptrías de miopía y 3 de astigmatismo en el izquierdo.

Sus antecedentes familiares también influyeron en la decisión, ya que ambos padres tienen problemas refractivos, especialmente su madre.

Tras valorar las distintas alternativas, la familia eligió la ortoqueratología. Se trata de unas lentes de contacto rígidas que se utilizan únicamente durante la noche.

Mientras el niño duerme, moldean suavemente la córnea y, al retirarlas por la mañana, permiten ver con normalidad durante todo el día sin necesidad de gafas ni lentillas.

Según explica Estefanía García Cerviño, este tratamiento cuenta con una sólida evidencia científica para controlar la miopía infantil.

Mientras la progresión habitual ronda las 0,75 dioptrías al año, la Orto-K puede reducir de forma importante ese avance.

La adaptación fue mucho más sencilla de lo esperado. Durante las primeras semanas, Jean Pooll aprendió a ponerse y quitarse las lentes prácticamente solo, siempre bajo la supervisión de su madre.

La especialista recuerda que muchas familias creen que los niños pequeños no pueden utilizar lentillas, pero asegura que, si son responsables y siguen las indicaciones, pueden hacerlo sin problemas. Además, las lentes siempre se colocan y se retiran en casa, lo que facilita el control y la higiene.

El cambio fue inmediato. Después de la primera noche con las lentes, Jean Pooll acudió a revisión con una gran sonrisa. Hasta entonces, lo primero que hacía cada mañana era ponerse las gafas. De repente, podía levantarse, ir al colegio y hacer su vida sin ellas.

Su madre, Valentina Rendón, no olvida aquellos primeros días. "La primera semana salía de casa diciendo: 'Mamá, puedo ver, puedo ver'. Iba feliz por todos lados. Ver esa alegría ha sido lo más satisfactorio de todo el proceso", recuerda.

Ahora, con la llegada del verano, las ventajas son todavía mayores. Jean Pooll puede jugar al fútbol, correr, ir al parque o participar en actividades al aire libre sin preocuparse por las gafas.

El pequeño, apasionado del fútbol y seguidor del FC Barcelona, de la selección colombiana y de la selección española, asegura que disfruta mucho más de los partidos y de los juegos con sus amigos. También reconoce que en clase ve mejor la pizarra y se siente más cómodo.

Su madre explica que buscaban precisamente esa libertad. "Es un niño muy activo y las gafas siempre terminaban siendo una limitación. Ahora ha ganado comodidad, seguridad y libertad", afirma.

Los especialistas recuerdan que la miopía se ha convertido en uno de los principales problemas de salud visual infantil. Se calcula que afecta a uno de cada cinco niños de entre cinco y siete años y a más del 30 % de los adolescentes. Cuando progresa hasta convertirse en alta miopía, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades oculares graves en la edad adulta.

Por ello, insisten en la importancia de las revisiones periódicas y de mantener hábitos saludables. Entre las recomendaciones destacan pasar al menos dos horas al día al aire libre, reducir el tiempo de uso de pantallas y mantener una distancia adecuada durante la lectura o el uso de dispositivos electrónicos.

La historia de Jean Pooll también refleja el papel que desempeñan los ópticos-optometristas en la detección precoz y el seguimiento de los problemas visuales infantiles.

Valentina Rendón asegura que encontró una respuesta rápida en la consulta de su óptico-optometrista mientras esperaba una cita en el sistema sanitario. Considera que estos profesionales deberían formar parte de la Atención Primaria para facilitar un diagnóstico temprano y evitar demoras.

Por su parte, Estefanía García Cerviño destaca que el trabajo no termina con la adaptación de unas lentes. Explica que el seguimiento incluye asesorar a las familias, recomendar hábitos visuales, mantener contacto con el colegio y realizar revisiones continuas.

De hecho, durante el periodo de adaptación informó al centro educativo para que Jean Pooll pudiera sentarse en las primeras filas mientras alcanzaba el máximo rendimiento visual. El objetivo era facilitar tanto su aprendizaje como su adaptación al tratamiento.

La historia del pequeño forma parte de la campaña #COOCYLConLosPacientes, puesta en marcha por COOCYL para dar voz a quienes han mejorado su calidad de vida gracias a una atención visual personalizada.

En el caso de Jean Pooll, el resultado se resume en una frase que su madre escuchó una y otra vez durante aquellos primeros días de tratamiento: "Mamá, puedo ver".