El presidente de la Junta y del PPCyL y candidato popular a las elecciones autonómicas, Alfonso Fernández Mañueco, durante el acto de este viernes en Salamanca
Mantenerse no es ganar
Si el PP alcanza este domingo una victoria insuficiente pero finalmente logra con el concurso de Vox formar gobierno en la comunidad, el PSOE y los partidos que pasen a ocupar los escaños de la oposición pondrán el grito en el cielo. Acontecerá el “dies irae”. Ya lo escribió Raúl del Pozo: “Los políticos son un borracho de mal vino”. Hasta siempre, admirado maestro.
Ayer moría Raúl del Pozo, uno de los grandes columnistas de prensa de todos los tiempos. Escribió como los ángeles y sus vocablos se entrelazaban con tanto mimo, que edificaron máximas para el ayer, el hoy y la eternidad. La guerra de Oriente Medio está que echa chispas.
En la Europa de confort y la conformidad el conflicto bélico es “distante y distinto” como dijera el presidente Leopoldo Calvo Sotelo sobre la guerra de las islas Malvinas. Raúl del Pozo no se va, se queda para siempre: “Estamos rodeados de muertes y los políticos se ponen a hacer retórica”.
Es de prever que nos encontremos con demasiada ampulosidad este próximo domingo, cuando las urnas de las elecciones en Castilla y León hayan emitido su veredicto y se recuenten los votos. Cada uno de los candidatos a liderar el gobierno de la comunidad hará de su capa un gran sayo. Nadie querrá asumir los desastres de la lid de los votos.
La elocuencia será la gran protagonista de la noche dominical y de la boca de nuestros políticos manará con fuerza una exuberante retórica que todo lo justificará. Políticos y retórica, ese binomio cosido con letras. Raúl del Pozo solicita ya inscripción en lápida y mármol.
Si se confirman las previsiones demoscópicas, el Partido Popular será nuevamente la fuerza política más votada en los comicios de Castilla y León. La victoria que consiguiera José María Aznar hace casi cuarenta años parecería perenne, perpetua, sempiterna, inextinguible. Sin embargo, el candidato Fernández Mañueco no debería caer en altisonancias. En caso que los sondeos acierten – que no es lo mismo uno que cincuenta y uno - el Partido Popular será la fuerza que reúna el mayor número de votos en las urnas.
Los sondeos demoscópicos no son en demasía generosos y para el PP otorgan una ganancia de algunos escaños más de los que acumulaba en la legislatura pasada. Las victorias que no otorgan una sólida mayoría absoluta en las Cortes y permitan a los populares gobernar en solitario – como lo hicieran Juan José Lucas y Juan Vicente Herrera- no son triunfo irrefutable para que los turiferarios de la retórica humeen tanto incienso. Mañueco no debe embriagarse con los gases de tamaña fumarada, pura niebla. El incienso es un gas letal.
Si el PP, crédulamente, se arroba de euforia por reunir mayor número de escaños que las otras fuerzas políticas contendientes en las elecciones -pero sin visos de alcanzar la mayoría absoluta de los escaños- caerá en la trampa de su funesto solitario de cartas. La victoria no es gran escalada si no alcanza los picachos de la cima. Mantenerse no es ganar.
Precisamente ese escenario es el que vaticinan los sondeos demoscópicos. El PP no rinde la posición, no abandona la trinchera, permanece de guardia en la garita. Pero solo sumaría unos cuantos escaños más. Permanece a dieta, en la sobriedad cuaresmal y su condumio es de garbanzos viudos, escabeche y aceitunas negras.
La derecha – porcelana frágil que Fraga trató de pegar bajo el concepto de “mayoría natural” y que José María Aznar conquistó - se quebró bajo el cetro de Mariano Rajoy. Su falta de firmeza ideológica alentó el nacimiento de Vox. Aquella polvareda tornó en lodo, en argamasa que no une. En ese alfar, los olleros no embarran ni cántaros ni botijos.
Probable, posible, seguramente Fernández Mañueco comenzará este domingo de Cuaresma su recorrido por la “vía dolorosa” con la pesada carga con la cruz de las negociaciones y los pactos. Santiago Abascal no se conmoverá tan buenamente como el Cirineo bíblico. No está dispuesto a mover fichas con celeridad. Si el Partido Popular y Vox llegan finalmente a un acuerdo para gobernar en compañía, que no en amor, en Castilla y León – por ahora mera conjetura, pues a falta del veredicto real de las urnas toda afirmación es juego floral - la partida de ajedrez será lenta. Nada que se aproxime al juego de la oca y tiro porque me toca.
Si el PP alcanza este domingo una victoria insuficiente pero finalmente logra con el concurso de Vox formar gobierno en la comunidad, el PSOE y los partidos que pasen a ocupar los escaños de la oposición pondrán el grito en el cielo. Acontecerá el “dies irae”. Ya lo escribió Raúl del Pozo: “Los políticos son un borracho de mal vino”. Hasta siempre, admirado maestro.