Imagen de archivo de Marcelino Camacho.

Imagen de archivo de Marcelino Camacho.

Región

Marcelino Camacho, el sindicalista castellano que marcó la Transición

El soriano fue uno de los impulsores de Comisiones Obreras (CCOO) y fue encarcelado en 1967, pasando nueve años en la cárcel de Carabanchel. Llegó a ser diputado en la primera Legislatura y convirtió a CCOO en la principal organización sindical en los años 80

13 marzo, 2022 07:00

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El pequeño municipio de La Rasa, de poco más de 50 habitantes a 6 kilómetros de El Burgo de Osma, en la provincia de Soria es hoy una de esas poblaciones abandonadas y olvidadas, parte de ese extenso territorio que, cada vez más, se conoce como la España Vaciada. Pero hace 104 años, este municipio vio nacer a Marcelino Camacho, uno de los máximos exponentes de la modernización del sindicalismo español, cuyo papel sería clave en el desarrollo de la Transición Española.

Una infancia entre el ferrocarril y el movimiento obrero

Camacho nace un 21 de enero de 1918, en mitad del helador invierno soriano, en el seno de una familia de ferroviarios. La estación de tren de Osma-La Rasa llevaba décadas siendo clave en las comunicaciones viarias entre Castilla La Vieja y Aragón, y formaba parte de la línea Valladolid-Ariza, que unía la capital castellana con esa localidad zaragozana. En este contexto se crió el futuro sindicalista en su infancia, ya que su padre trabajaba como guardagujas en la estación. Este ambiente obrero La Rasa había surgido como pueblo en torno a la estación y estaba poblada fundamentalmente de trabajadores ferroviarios marcaría profundamente la vida de Camacho.

Su primer trabajo, después de finalizar sus estudios primarios, fue como telegrafista. El joven Marcelino tenía interés en seguir estudiando, como declaró en varias ocasiones décadas después, pero el hecho de que el Instituto de Bachillerato más cercano estuviera en Soria capital, y los pocos recursos económicos familiares, se lo impidieron.

En octubre de 1934, contando Camacho con solo 16 años, estalla la Revolución de Asturias en la cuenca minera de esa región y el miedo a la represión contra los sindicatos que ya se estaba produciendo en otras partes de España como reacción a la insurrección llevó a que los dirigentes del Sindicato de Oficios Varios en La Rasa decidieran disolverlo.

Este hecho llevó al joven Marcelino a tomar una de sus primeras iniciativas políticas y sindicales. Junto con otros jóvenes del pueblo reorganizaron el sindicato y lo pusieron bajo la órbita de la Unión General de Trabajadores (UGT), organización a la que Camacho se afilió en febrero de 1935. A su vez, el joven decide implicarse en política activa y se inscribe en el Partido Comunista de España (PCE), una formación que había recibido un fuerte impulso a nivel nacional tras los sucesos de octubre del año anterior.

El primer activismo sindical y político: la Guerra Civil Española

Un año después de su plena implicación sindical y política, contando con solo 18 años, estalla la Guerra Civil Española. Camacho participa activamente en tareas de sabotaje y, poco después del golpe de Estado del 18 de julio, participa en el descarrilamiento de un tren que se dirigía desde Valladolid con efectivos dispuestos a apoyar a las tropas franquistas en su avance hacia Madrid. Camacho, junto con otros sindicalistas de La Rasa, participó en la retirada los carriles de las vías entre el municipio y San Esteban de Gormaz, lo que retrasó la llegada del tren más de una semana.

Posteriormente, se traslada con otros sindicalistas a la localidad de Ariza el punto de destino de la vía férrea que había marcado su vida hasta ese momento para unirse a la resistencia republicana, ya que el avance franquista en la provincia de Soria era imparable. Lo que encontraron allí no fue lo que esperaban. Las tropas sublevadas habían tomado también posiciones y Camacho participó en sus primeros intercambios de disparos, que obligaron a los sindicalistas a replegarse y modificar su ruta. Finalmente, atravesaron la provincia de Segovia y la de Guadalajara hasta llegar a Madrid, donde se unieron a la resistencia republicana. 

Al final de la Guerra Civil, en marzo de 1939, Camacho se había enrrolado en una milicia del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) que continuaba activa en Cataluña, pero el retroceso republicano era ya imparable. Combatiendo en esa milicia le llegó a Camacho la noticia del golpe de Estado del general Segismundo Casado contra el Gobierno republicano de Juan Negrín, cuyo objetivo era rendirse ante Francisco Franco. La oposición de Camacho a esta rendición llevó a que fuera detenido por los propios republicanos casadistas, aunque logró escapar hacia Madrid. En la capital volvería a ser detenido y enviado a un campo de concentración en Tánger, en el Marruecos español.

La vida en clandestinidad: fundación de Comisiones Obreras

En 1944, con 26 años, se fuga del campo de Tánger y atraviesa la frontera hacia Argelia, estableciéndose en la ciudad de Orán, que contaba con un cuantioso número de exiliados españoles entre sus habitantes. Allí conocería a Josefina Samper, que participaba en un grupo de apoyo a refugiados políticos españoles en Argelia, con la que se casaría cuatro años después, en diciembre de 1948, a los 30 años. Permaneció en el Norte de África hasta el 18 de julio de 1957 justo 21 años después del inicio de la Guerra Civil tras ser indultado por el Gobierno franquista. Aquel día se trasladó a Madrid con su mujer y sus dos hijos, Marcel y Yenia, estableciéndose en el barrio de Carabanchel de la capital.

En Madrid empieza a trabajar en la fábrica metalúrgica Perkins Hispania, en la que se convierte al poco tiempo en el representante de los obreros de la empresa. Finalmente, en 1962 fue uno de los impulsores de Comisiones Obreras (CCOO) bajo el amparo del PCE, en el que continuaba militando en la clandestinidad–, un sindicato de clase y asambleario cuya primera estrategia de actuación sería el conocido como entrismo, es decir, infiltrarse en el Sindicato Vertical franquista para conseguir delegados en los diferentes centros de trabajo. En 1967, el Tribunal Supremo declara a CCOO como "organización subversiva e ilícita", ante el avance que estaban logrando en fábricas de toda España, y esto llevó a un incremento de la represión contra el sindicato, con la detención de miles de miembros de la organización, entre los que se encontraba Marcelino Camacho.

Marcelino Camacho durante la exhumación de una fosa común de la Guerra Civil en Candeleda (Ávila) en 2002

Marcelino Camacho durante la exhumación de una fosa común de la Guerra Civil en Candeleda (Ávila) en 2002 ICAL

Su estancia en la cárcel y el inicio de la Transición

Camacho fue retenido en la prisión de Carabanchel, presidio en el que pasaría los siguientes nueve años de su vida. En la cárcel, el dirigente sindicalista se dedicó a la lectura y el estudio. "Me hubiera vuelto loco si no hubiera leído y estudiado", aseguraría décadas después. Camacho, además, fue uno de los inculpados, estando ya en prisión, en el conocido como Proceso 1001, que condenó en 1973 a toda la cúpula de Comisiones Obreras. En un principio fue condenado a 20 años de prisión, pero al año siguiente el Tribunal Supremo redujo su pena a seis años. Finalmente, el 25 de noviembre de 1975 -cino días después de la muerte de Franco- el recién nombrado rey Juan Carlos I aprobó el indulto de todos los condenados en el Proceso 1001 y Camacho salió en libertad el día 1 de diciembre de ese año.

En 1976 se convirtió en el primer secretario general de Comisiones Obreras, tras constituirse como sindicato legal, en un momento en el que también formaba parte del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE). En las primeras elecciones generales en democracia, celebradas el 15 de junio de 1977, se convirtió en diputado en el Congreso por el PCE. Durante esa primera Legislatura, Camacho se convirtió en un férreo defensor de la Ley de Amnistía, que sería aprobada en el Congreso el 15 de octubre, y que amnistiaba tanto a los opositores al franquismo que hubieran cometido delitos como a los responsables del régimen que lo hubieran hecho. Esta Ley marcaría de forma irreversible los derroteros de la recién estrenada Transición y facilitaría la consolidación de la democracia en España. "Hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores", aseguró Camacho en una intervención parlamentaria, congratulándose de la aprobación de la nueva norma.

En las elecciones del 1 de marzo de 1979 –las primeras tras aprobarse la Constitución Española solo tres meses antes– revalidó su acta de diputado en el Congreso, pero no llegaría a permanecer ni dos años más en el hemiciclo. El 11 de febrero de 1981, poco más de diez días antes del golpe de Estado del 23-F, dimitió como diputado debido a su oposición al recién aprobado Estatuto de los Trabajadores, que había contado con el apoyo del PCE. Además, en 1982 abandonó el Comité Central del partido para "reforzar la independencia" del sindicato. Desde ese momento, se dedicó en cuerpo y alma a la actividad sindical y continúo como secretario general de Comisiones Obreras durante los siguientes seis años. 

Consolidación de Comisiones Obreras y retiro de la vida pública

Durante la década de los 80, Marcelino Camacho llevó a Comisiones Obreras a amplias cotas de implantación en la vida sindical española, y convirtió al grupo en la organización con más presencia en los centros de trabajo del país. El 20 de junio 1985, CCOO impulsó la primera huelga general contra el Gobierno de Felipe González por la reforma de las pensiones, que aumentaba el periodo mínimo de cotización de 10 a 15 años para contar con el derecho a percibir una pensión contributiva. La organización de Camacho capitalizó las protestas en una gran movilización de la que no formó parte la UGT, el sindicato más vinculado al PSOE y, por tanto, en ese momento al Gobierno.

También tuvieron Camacho y su organización un papel fundamental en las movilizaciones contra la permanencia de España en la OTAN, con ocasión del referéndum convocado por Felipe González para el 12 de marzo de 1986. Finalmente, Comisiones no lograría sus objetivos ya que España permaneció en la Alianza Atlántica tras la victoria del SI con casi un 58% de los votos, frente a un 43% para el NO. El sindicato también fue uno de los promotores de las movilizaciones estudiantiles a principios de 1987. Ese mismo año, en el IV Congreso de CCOO, con 69 años, fue sustituido en el cargo de secretario general por Antonio Gutiérrez –después de 11 años en el puesto– y pasó a ostentar el cargo honorífico de presidente del sindicato.

El giro promovido por Gutiérrez en el sindicato, que abogaba por un pacto social y por la disolución del PCE dentro de la recién creada Izquierda Unida, llevó a enfrentamientos entre Camacho y la nueva dirección, cada vez más cercana al PSOE, que culminaría con su destitución como presidente del sindicato, en el VI Congreso del 19 de enero de 1996. A pesar de su retiro de la primera línea, Camacho siguió siendo militante de CCOO –organización de la que tenía el carnet número 1– y del PCE hasta su muerte. Durante sus últimos años recibió multitud de reconocimientos sociales, entre los que destacan la Medalla al Mérito Constitucional, el Premio "Rafael de Riego" a las Libertades o la Medalla del Trabaho. El 29 de octubre de 2010 falleció en Madrid, a los 92 años, tras una larga enfermedad. Acababa así la vida de un hombre cuyo legado en favor de las libertades, la democracia y la defensa de los trabajadores continúa muy presente a día de hoy.