Región

Crónicas rurales, gastronómicas… y de toros: Frandovinez

27 mayo, 2018 14:10

Por quinto año consecutivo volvimos  por mayo a Frandovinez, ese rincón burgalés que baña el Arlanzón y donde nos tratan de la familia. Y eso que no estaba Jesús Angel…

Pero estaba su sobrino Miguel Angel y la alubiada que, con mimo y paciencia, preparó mi amigo Castellanos. Una alubiada con todos sus sacramentos. Ya les he contado, por activa y por pasiva, que mi amigo José María tiene en Frandovinez sus ancestros. Y a su primo carnal Jesús Angel; más una retahíla de parientes y amigos de un lado y otro.

En este viaje se nos unió Mariano Hernández (el agricultor de Castrouño), otro amigo de la Peña Afición Vallisoletana que ya conocía este camino y les he hablado de él en más de una ocasión. Sí echamos de menos a mi amigo Chuchi Martínez (“Curro Leyes”), pero obligaciones en su Rioseco le impidieron acompañarnos. Con lo que le gusta…

El viaje era con motivo de la final del Certamen de Tentaderos “Ciudad de los Almirantes” que anualmente se celebra en la finca “La Cabañuela”, en el borde del Páramo de Masa. Antonio Bañuelos, propietario y criador de reses bravas cede, generosamente, sus instalaciones - y sus vacas- a la organización para rematar este festejo taurino que reúne a cientos de aficionados.

Y allí pasamos una mañana deliciosa, solo enturbiada en la cuarta vaca por una pertinaz lluvia acompañada de fuerte viento que nos hizo refugiarnos en la sala de invitados y trofeos de la ganadería. Allí, el propio ganadero y los miembros del jurado, entregaron capote y muleta como premio al ganador de la X edición: Christian Galeano, de Guadalajara.

E inmediatamente partimos los tres hacia Frandovinez donde nos esperaba Miguel Angel con la puerta entornada y los fogones encendidos. “Mi tío Jesús Angel, que está de turismo por Chequia y Austria, me ha dicho que os atienda lo mejor posible”.

Y así fue, pero solo hubo que calentar el puchero de aluviones que de Pucela trajo ya Castellanos cocinado. Hasta el pan, con lo bueno que es el del pueblo! Y Mariano una bota con tinto de la Ribera!!!

El cazuelón de alubiones impresionaba. Pero mucho más los “sacramentos” que acompañaban al guiso. Toda una mañana al chup chup para degustarlos al día siguiente. Dicen que está mejor.

Y así fue, porque lo devoramos con fruición. Los aluviones estaban impregnados de chorizo con y sin picante, oreja y rabo de ibérico que Castellanos desala cuidadosamente antes de echarlo al puchero… Y morcilla de Burgos hecha en Valladolid -eso duele en tierras de El Cid- . Todo en abundancia y con la generosidad que mi amigo José María Castellanos hace las cosas. En fin.

Comida sencilla, la del puchero de toda la vida. Y de postre unas naranjas que nos trajo Miguel Angel. Y café, y chupitos. Y luego hablamos de su Atleti y del Madrid, aunque menos…

Y siesta. Mientras Miguel Angel y Mariano salieron a dar un paseo hasta el Arlanzón, con la pequeña perrina de Jesús Angel, Castellanos y un servidor nos quedamos sobando el sillón para el buen tránsito del puchero... Había que volver a Pucela con el “Ibiza” de mi amigo José María y uno, responsabilizado en la conducción, se mantuvo a raya con la cosa del “bebercio” que no del “comercio”.

Hasta otra. Y como dijo Don Quijote refiriéndose al puchero: "O dos manos de ternera que parecen uñas de vaca, están cocidas con sus garbanzos, cebollas y tocinos, y a la hora de ahora están diciendo cómeme, cómeme”.

Pues eso hicimos. Lo que te has perdido, Chuchi!!!