Región

Arrabal, el puente hacia el pasado y tradiciones de Salamanca

20 mayo, 2018 09:39

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en Internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca a través de los recuerdos de niñez de sus habitantes.

Hoy es el turno para el Arrabal del Puente, una de las zonas con más historia de la ciudad junto al Teso de la Feria. Sus primeras referencias se remontan a la Edad Media, cuando era zona de paso de los peregrinos por la Vía de la Plata y lugar para guardar gran parte del ganado de la ciudad. De hecho, la zona que hoy ocupa el Parador de Salamanca estaba cercada. Allí aguardaban las bestias a la espera de su venta o sacrificio.

En la parte baja, junto al río Tormes, estaban molinos y viviendas humildes de planta baja, una fisonomía que más o menos se mantiene en la actualidad, con edificios de escasa altura para no suponer un impacto visual hacia la silueta de la que gozan al otro lado del río, el majestuoso ‘skyline’ de Salamanca con sus catedrales y torres de los templos que se reparten por el casco histórico.

La ubicación de este barrio está intrínsecamente ligada al devenir del Tormes. El Arrabal prácticamente desapareció en la riada de San Policarpo el 26 de enero de 1626. Este desbordamiento provocó 142 muertes, afectó a más de 1.500 viviendas y destruyó infraestructuras vitales para el correcto funcionamiento de la ciudad. El Arrabal quedó totalmente inundado. Incluso el Puente Romano sufrió graves desperfectos en cuatro de sus arcos, debiendo ser restaurado en gran parte durante el reinado de Felipe IV.

Durante siglos este barrio permaneció atento a los caprichos del río. Numerosas fueron las riadas, al igual que las inundaciones y la correspondiente pérdida de todo lo que tenían quienes osaban desafiar a la naturaleza residiendo en el Arrabal. Porque en otras ocasiones la sequía transformó el barrio en un auténtico desierto donde, ironías de la vida, apenas había agua potable para subsistir salvo la de aquellos pozos que indagaban en las entrañas de la tierra.

Hasta que en la segunda mitad del siglo XX, allá por los años sesenta, se construyó la presa de Santa Teresa y se reguló el caudal del río Tormes. Los vecinos del Arrabal respiraron aliviados, miles de hectáreas se transformaron en zona de regadío y el suministro de agua quedó garantizado. De aquellos siglos todavía se conserva la pesquera recientemente destruida con la Harinera El Sur, que a su vez sustituyó a la aceña del Muradal y que actualmente es el Casino del Tormes, al

otro lado del río.

Pero también perdura la iglesia Vieja del Arrabal, dedicada a la Santísima Trinidad, una iglesia románica del siglo XII que muestra el fervor que siempre ostentó este barrio. Fue fundada por un caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén y ocupada por religiosos trinitarios, además de servir de estancia a dominicos y emparedadas. Fue abandonada en los años 1950, una vez que dejó de ser practicable para el culto, trasladándose la actividad a la Iglesia Nueva del Arrabal. Pero al llegar el siglo XXI las tornas cambiaron y recuperó su culto sobre el nuevo templo. Incluso durante su restauración fue descubierta una pintura mural al desprenderse parte de la cal. Porque esta zona de Salamanca siempre fue altar de fe.

Prueba de ello es la romería que tradicionalmente tiene lugar la víspera de Pentecostés con la Virgen de la Encarnación. Una imagen tan venerada como singular, con manto blanco y bordado de oro, así como una corona dorada. Una talla que vuelve a congregar a cientos de salmantinos tras unas décadas con escasez de fieles. Antaño las plazas del Arrabal se llenaban de atracciones y comerciantes, al igual que ocurre una semana después en Tejares con la Virgen de la Salud. Poco a poco va recuperando esta tradición.