Región

La otra procesión: nunca llueve a gusto de todos

31 marzo, 2018 04:06

Viernes Santo, el día con más procesiones en la calle, con más pasos, con más fieles, con más turistas... pero no este año. La lluvia, por momentos granizo y nieve, han dejado sin salir de sus templos a la Vera Cruz con el Acto del Descendimiento y el Santo Entierro, la Oración en el Huerto de los Olivos, a Jesús Rescatado y a Jesús Nazareno.

Tras una 'madrugá' esplendorosa con la Hermandad Dominicana por las calles de Salamanca, histórica al salir desde San Esteban por primera vez la Piedad y la Esperanza, había ganas de que el tiempo también respetara al viernes. Y precisamente la esperanza es lo último que se pierde, a lo que se aferraban cientos de cofrades y hermanos al comparar el cielo a las tres de la tarde, soleado y con escasas nubes, con la predicción de la Agencia Estatal de Meteorología, que anunciaba agua a partir de las cuatro. En esta ocasión la ciencia se impuso a la fe.

Porque a las cuatro y cuarto comenzó a llover de forma intermitente. Así llegaba la primera suspensión de la tarde, el Acto del Descendimiento y la procesión del Santo Entierro. Por cierto, un cero para el responsable de que los medios de comunicación no pudieran acceder al templo para recoger el momento en que se anunciaba la suspensión, pese a contar con una acreditación especial de la Junta de Semana Santa.

A las cinco, el cielo estaba más gris aún y la lluvia era más persistente. La procesión de la Oración en el Huerto de los Olivos tampoco pudo desfilar. "Claro, tanto rezar para que lloviera con eso de la sequía que nos hemos pasado de frenada y ahora tenemos agua para dar y regalar", ironizaba uno de los presentes.

A las seis, la lluvia era ya continua. Y media hora después, incluso granizó y nevó. Jesús Rescatado y Jesús Nazareno se quedaron en sus respectivos templos. El agua que arreciaba fuera procedente del cielo era directamente proporcional a la que resbalaba por las mejillas de los y las miembros de la congregación. Y mientras en la Plaza Mayor se resonaba el 'oh' de admiración al tiempo que los presentes grababan la nevada con sus teléfonos móviles, en el interior de las iglesias de Salamanca el 'oh' era de desánimo. Porque ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.