El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, junto a los consejeros del Gobierno tras la toma de posesión

El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, junto a los consejeros del Gobierno tras la toma de posesión Rubén Cacho / ICAL

Opinión

Impulso decidido… ¿hacia dónde?

"No es poco -aunque paradójico- que uno de los primeros acuerdos de nuestro gobierno autonómico sea el de mirarse al espejo y reorganizar despachos"

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A comienzos de esta semana el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León aprobó su nueva estructura orgánica para la recién estrenada legislatura en la que el Partido Popular y Vox sellaron su segundo acuerdo de gobierno, tras su divorcio en 2024 a instancias de Santiago Abascal.

Vox vuelve a casa –como los turrones de El Almendro por Navidad - y donde dijeron digo, ahora el bebé nacido se llama Diego.

La comunicación institucional de la Junta también se ha hecho marketiniana. Unos venden trajes de Emidio Tucci como El Corte Inglés –siempre inigualable en su exitosa publicidad- y otros venden “acción política”.

La Dirección de Comunicación de la Junta esgrime en el comunicado oficial de los acuerdos del Consejo de Gobierno que la “estructura aprobada está pensada para dar un impulso decidido a la Comunidad”.

Ya está creado el eslogan: “impulso decidido”. Y ¡tatachín! …bacalao vendido.

Tan genérico lema es como comerciar peras conferencia del Bierzo, pimientos de Benavente o cebollas de Palenzuela pesados en romana.

El “impulso decidido” es un reclamo para el despacho al peso, una declaración de intenciones irrefutable (si no se escarba, hurga o trastea). Tiene algo de manifiesto o de proclama, pero con un barniz de marketing moderno.

No es poco -aunque paradójico- que uno de los primeros acuerdos de nuestro gobierno autonómico sea el de mirarse al espejo y reorganizar despachos.

El “impulso decidido” de la fábrica de motores que montan ahora Partido Popular y Vox no debe quedarse en una paradoja.

La física institucional se ha movido, pero sería un fiasco que solo lo hiciera para cambiar las cartelas de las puertas o mover de lugar los escritorios.

Hay algo de poético en el lenguaje administrativo utilizado por la Dirección de Comunicación del gobierno castellano y leonés, pero su “prior” Julio López Revuelta no igualará de esta guisa su brillante y recordado pregón de la Semana Santa de Salamanca.

El ciudadano de a pie asocia el término “impulso” con el viento a favor. Ojito con los vendavales que atizan los incendios y ponen en jaque a la consejera González Corral.

La política es más estática que las ventoleras. Prefiere la física cuántica y necesita primero moverse sobre el mismo eje, incluso si intenta avanzar.

Es de celebrar que las consejerías de la Junta de Castilla y León estén en búsqueda de su estructura ideal.

El diseño de organigramas necesita de sutileza. Es casi una obra de orfebre de platería fina, de joyería serrana salida de los talleres de La Alberca y Mogarraz.

Si los consejeros consiguen cada año los objetivos de la campaña “impulso decidido”, Fernández Mañueco ya ha puesto premio al bonus. Obsequiará con una “cruz de ánimas” o un “botón charro”.

Nada de joyas legendarias y de la Rusia de los zares, como las que se escondían en la caja fuerte de Zapatero que para la UDEF abrió su fiel Gertrudis Alcázar.

El verdadero nuevo impulso requiere aligerar estructuras y simplificar la legislación. El ciudadano, la iniciativa emprendedora, el progreso económico de la Comunidad precisan acortar la tramitación administrativa.

Demasiados formularios digitales plagados de casillas como instancias antañonas encabezadas con póliza engomada comprada en los estancos y final de escrito con “Dios guarde a usted muchos años”.

Pollán, desregule usted. Que el desregulador que lo desregule, buen desregulador será.

El impulso que el consejo de gobierno de la Junta de Castilla y León desea para la recién reorganizada Administración autonómica no puede ser como tunear el coche para que parezca más fardón e impresionar a tu vecino o para que crean en tu pueblo que te has hecho rico.

Estéticamente puede hasta resultar imponente, pero lo que importa es que las ideas sean propulsadas por un potente motor y lleguen a todos los puntos de esta extensa Comunidad.

Los gobernantes de esta región deben perder esa fascinante creencia litúrgica en el poder de lo impreso, que tanto abunda en la política.

Suponemos que son conocedores que la realidad no muta por la magia de la lámpara maravillosa de Aladino. Esta Comunidad, tan vasta como compleja, tiene muchas asignaturas pendientes.

Bienvenida sea la reestructuración orgánica de la Junta de Castilla y León, si nace en búsqueda de mejores iniciativas y soluciones.

El “impulso decidido” no puede ser solo una customización de consejerías y direcciones generales.

El empujón se medirá cuando el motor de la Junta llegue con la misma fuerza a las capitales que a los más pequeños municipios del territorio, estos últimos cada vez más despoblados.

Un atractivo slogan no solucionará todas las necesidades de Castilla y León. El “impulso decidido” no puede quedarse en un viaje estático. Esta Comunidad se enfrenta a desafíos estructurales profundos.

El flamante organigrama ha de traer movimiento para avanzar.

¡Buen viaje! presidente, vices, consejeros y consejeras (no sirve tomar Biodramina para aliviar el mareo o los vértigos).