El torero Roca Rey entrega al Papa un capote en su visita al Vaticano Instagram @rocarey
¿Un Papa taurino?
"Me he permitido escribir una carta al Nuncio de su Santidad en la que, entre otras cosas, señalo que “en nuestras plazas de toros suele haber una capilla donde se encomiendan y recogen los toreros antes de afrontar la lidia"
Ni que decir tiene que la visita del Papa León XIV ha sido el acontecimiento del año, con unas dimensiones de grandeza y repercusión increíbles, por lo que hemos podido ver. La palabra “histórica”, tantas veces manoseada, es esta vez cabal y correcta.
No obstante, como dicen los ingleses, siempre hay un “no obstante”, para muchos se nos dirá puntillosos, ha habido un vacío también importante en la recepción con los representantes de las áreas del Trabajo, la Economía, las Bellas Artes y la Cultura.
Estuvo ausente la Tauromaquia, a pesar de intentos interesados en desmentirlo posteriormente.
En efecto, la manifestación cultural más importante del pueblo español brilló por su ausencia, sin que ni siquiera de pasada se hiciera mención alguna de la misma ni mucho menos participara en el acto nadie en su nombre.
Hubo, sin embargo, tres representantes sindicales, lo que da idea de una mano gubernamental que, naturalmente, eludió lo taurino.
No obstante, otra vez lo menciono, en honor del Papa habría que recordar, como han manifestado escritores taurinos de la talla de François Zumbiehl y Antonio Lorca, que León XIV recibió al torero peruano Roca Rey en el Vaticano y como regalo un artístico capote de paseo de esta figura del toreo.
Pero aún hay más, en su larga estancia en el Perú como misionero, se hizo amigo del también torero peruano Paco Céspedes y asistió varias veces a los toros en aquel país.
Por tanto, quienes pretendan apartarlo de lo taurino lo van a tener difícil por los antecedentes reseñados.
El Papa no solo ha vivido experiencias taurinas, sino que como es una persona inteligente y culta, sabe el terreno que pisa.
Por ello, me he permitido escribir una carta al Nuncio de su Santidad en la que, entre otras cosas, señalo que en nuestras plazas de toros suele haber una capilla donde se encomiendan y recogen los toreros antes de afrontar la lidia.
Que estos hacen siempre signos religiosos como persignarse antes de la faena o lances arriesgados como recibir al toro de rodillas.
Son, pues, reflejo de la profunda relación entre torero y creencia religiosa pues saben perfectamente el peligro que asumen en una profesión tan arriesgada a la vez que creativa y artística”.
Además, también destaco la intensa relación entre festividades patronales y Fiesta de los Toros, como vemos continuamente en nuestros pueblos y ciudades.
“Sr. Alcalde, Sr. Alcalde, que si no hay toros tampoco hay baile y si no hay baile tampoco hay misa, porque los mozos no la precisan”, dice la vieja copla charra salmantina.
Esto es, los tres pilares de la festividad, la misa, el baile y los toros. Así es nuestra tradición y así seguirá siendo.
En definitiva, pienso que ni unos ni otros, organizadores y oportunistas a posteriori, han estado en esta materia a la altura de las circunstancias y, por ello, quiero dejar constancia de este triste lapsus, que no empaña, por supuesto, el éxito del viaje papal.
Y como dije también en la carta citada y repetimos siempre los aficionados "Que Dios reparta suerte”.