David Sánchez junto a Begoña Gómez en la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados

David Sánchez junto a Begoña Gómez en la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados EFE

Opinión

Una de cal y una de arena

"Ahora se dirá también que los cinco magistrados que han avalado al juez Peinado tienen intereses espurios contra el Gobierno y su presidente".

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Es un dicho muy conocido lo de la cal y la arena, aunque no del todo correcto, pues uno que fue albañil en la humilde categoría de peón sabe que la mezcla correcta es dos de arena y una de cal o más bien cemento.

Viene esto al caso y no hablo de fútbol, donde hasta ahora todas son de cal, sino a la política judicial en la que mientras se avala por el Tribunal Europeo la amnistía, se sienta en el banquillo a Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez; dos de los casos más relevantes. Amén de la condena, benigna, pero condena, a su “hermanísimo”.

Por cierto, respecto a esta última sentencia, decir que es todo un tratado de Derecho Penal con sus 377 folios en los cuales se desgrana y analiza con todo detalle las circunstancias del caso y se justifica con creces la sentencia condenatoria basada en lo que denomina “nepotismo” (folio 250) o en palabras corrientes “enchufismo”, que es la base de la condena por prevaricación administrativa contra los acusados encabezados por el hermanísimo.

Desde luego se podrá decir lo que se quiera de estos jueces, menos que se lo han trabajado a conciencia y son cuatro más la instructora cinco y todo por unanimidad. Si bien hay un hecho llamativo, y es que el fiscal, en este caso la fiscal, no ha acusado sino más bien lo contrario, dejando en muy mal lugar al Ministerio Público, se dirá que por órdenes de la superioridad, pero que quedan en el aire y sin posible devolución las cantidades indebidamente cobradas, ya que las acusaciones populares que son las que han sacado adelante el proceso no tienen legitimidad para exigirlo.

Y es que el famoso lawfare o justicia politizada cada vez es una acusación menos consistente y las famosas “cloacas” siguen expidiendo basura y malos olores como corresponde a su condición.

Y no digamos de nuestro paisano regional José Luis Rodríguez Zapatero, que por mucho que infravalore sus joyas, estas están ahí, brillantes y relucientes, con un origen y un destino desconocido, pero seguro en su caja fuerte. Y no solo “las dichosas joyas”, como las denominó el juez instructor de la Audiencia Nacional, sino los negocios tan lucrativos como turbios a los que se ha venido dedicando nuestro prócer.

El otoño siempre o casi siempre ha sido caliente y este que viene lo va a ser en alto grado y nunca mejor dicho por todo lo que se avecina y se espera de una justicia que está haciendo gala de su cometido: “dar a cada uno lo suyo”, como decían nuestros antepasados romanos en leyes y tratados. Y con una innovación muy importante en el caso de Doña Begoña: serán los propios ciudadanos quienes digan si es culpable o no culpable. Una prueba de fuego para el tribunal del jurado, que no jurado popular como indebidamente se denomina a este tribunal, representativo de la sociedad en su conjunto.

Ahora se dirá también que los cinco magistrados que han avalado al juez Peinado tienen intereses espurios contra el Gobierno y su presidente, lo que asombra igualmente que la unanimidad de los cinco magistrados y no digamos el denostado juez Peinado también quede en entredicho. ¿Se dirá lo mismo de los nueve ciudadanos y ciudadanas que compondrán el tribunal? Esperemos que su veredicto sea convincente.