Cuando era niño, allá por los años sesenta del pasado siglo, eran frecuentes los cortes de suministro eléctrico. El desarrollismo ya había comenzado en España a raíz del 'Plan de Estabilización' de 1959. El general Franco organizó un equipo económico para salir de la autarquía, con algunos ministros de brillante preparación y común pertenencia al Opus Dei. El plan funcionó y España inició un espectacular despegue económico.

Pese al inicial desarrollismo, en los pueblos de Castilla y León se "iba la luz", como entonces denominábamos a los cortes de fluido. No tengo memoria de un apagón de la magnitud del ocurrido el pasado lunes, que ya ha entrado en la historia de España, por supuesto en la más negra. Aquellos apagones sesenteros eran locales o zonales.

El gran apagón de esta semana debiera tener funestas consecuencias para algunos mandamases políticos o para el propio presidente del Gobierno, si España fuera ahora una democracia real y no solo formal. Sánchez hizo de nuestra democracia 'atrezzo' o cartón piedra.

En aquella Castilla y León de mis mocedades aceptábamos que se "fuera la luz" de forma resignada. En las casas había velas, candeleros, linternas y, por supuesto, transistores de radio con pilas. No todas tenían frigoríficos, ni congeladores.

Soy de los españoles que se ha ido a la cama a la luz de una vela, después de cenar un bocadillo de chorizo de Pamplona o de foie gras Mina. Y sin rechistar, que en la dictadura relucía en las calles el charol de los tricornios. Si no te gustaba el foie gras y no había en casa salchichones matanceros, la otra opción era encamarse 'in albis'.

Franco tenía una enorme connivencia con la oligarquía de las empresas eléctricas, bien alineadas con el Movimiento. Para uno de ellos se inventó el Condado de Fenosa. ¡Qué rostro! Hacían pingües negocios con los españolitos que empezaban a tener cuatro durillos a plazo fijo en un banco. En la dictadura o te comías el bocadillo de chorizo de Pamplona o te aplicaban la "Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo".

El apagón de este lunes tiene mucho tufo de dictadura. Como la del viejo general. La diferencia es que Sánchez compareció en la tele sin bigotillo y gorra de plato. Franco se quedaba acomodado en un sillón de orejas en El Pardo, mientras las amigas de doña Carmen Polo tomaban el té con acartonada rigidez protocolaria. Entre las amistades de doña Carmen "Collares" estaría alguna consorte de oligarca de las eléctricas.

Este último gran apagón que desazonó a España, huele que apesta a dictadura madurista. Es un apagón a la venezolana. Como aquel 'mega apagón' del jueves siete de marzo de 2019. Duró entre cinco y siete días. Tal y como está el percal en España, recemos a Santa Rita.

Sánchez ha reaccionado como Maduro, o como la dictadura castrista, también fecunda en apagones. Con explicaciones toscas de brochazo grueso. A este señor, a quien ustedes leen (y bien que se lo agradezco), comentó hace un par de años un preboste de una gran eléctrica: "La red eléctrica española está obsoleta y tiene graves problemas estructurales. Un día habrá un gran apagón". Fetén de lerén. Uno no desvela fuente, porque pretendo seguir valiendo más por lo que callo que por lo que digo.

Pedro Sánchez habló como un 'teleñeco'. Justificó el gran apagón y marchose a Moncloa. Quizá esa misma tarde hubiera un té en palacio con Begoña Gómez y las señoronas del sanchismo, copionas de las de Carmen 'Collares'. Allí habría generadores, iluminación en las lámparas de araña y sándwiches. Y para los españoles, a la camita derechos con un bocadillo de foie gras.