Aunque parezca mentira, y a la ciudadanía el Debate sobre el Estado de la Comunidad le cautive tanto como ese repetido documental de La 2 de leones comiendo gacelas, este año en Castilla y León puede ser interesante. Hay una oportunidad para el Debate. Aquí al menos hay Debate y el parlamento será el centro de la política, frente a un Congreso de los Diputados ninguneado por un presidente del Gobierno que ha relegado el hemiciclo a la única emoción de los visitantes que se sientan en los escaños azules en jornadas de puertas abiertas.
Mañana comienza un Debate adelantado por Alfonso Fernández Mañueco respecto a las fechas en que suele celebrarse. Nadie sabe si por el manoseado cálculo electoralista o por simple estrategia política, para pillar al nuevo PSOE de Carlos Martínez todavía de mudanza de discurso y despachos. Será un Debate singular que probablemente no cambie el guion escrito por el presidente para lo que queda de legislatura, pero que servirá, quizá como nunca antes, para evidenciar el estado de la política en la comunidad.
Es un Debate con un gobierno en minoría que presuntamente desea agotar su mandato. Una situación inédita para el PP que elimina la opción del paseo triunfal de logros al que acostumbran cuando acompañan las mayorías. Mañueco, si de verdad desea gobernar un año más antes de convocar elecciones, debería jugar estas sesiones como una partida de Risk. Sin presupuestos y con Vox cada vez más enconado, las votaciones de las propuestas de resolución serán un termómetro de la temperatura en las relaciones con unos y otros.
Es un Debate distinto en el que presidente y líder de la oposición seguirán sin poder mantener un cara a cara parlamentario. Carlos Martínez no es procurador en las Cortes y seguirá las sesiones desde su despacho. Su reto, entonces, es que la distancia no diluya el giro del PSOE en Castilla y León tras la era Tudanca. Martínez está virando mucho, quizá demasiado si comienzan a prestarle atención en Ferraz, y estos días previos ha propuesto pactos de comunidad con el PP y hasta convocar elecciones y que gobierne la lista más votada. No dice que eso ya ocurre aquí mientras les pitan los oídos en La Moncloa.
Cuidado porque eso de los pactos entre PP y PSOE para dar estabilidad y que la gobernabilidad no dependa de los extremos (aquí Vox) es una idea que lanzó Tudanca en sus estertores antisanchistas, mientras le estaban moviendo desde Madrid la silla de secretario general. Una idea revolucionaria en un partido socialista que basa su estrategia de supervivencia en la polarización del electorado.
El Debate es una oportunidad del Gobierno para trabajar alianzas. Mañueco las necesita si este último año de legislatura quiere gobernar Castilla y León. Si solo desea mantenerse en el Colegio de la Asunción, puede hacer como Sánchez y resistir en una democracia prorrogada. Sin presupuestos, sin socios, sin elecciones y sin parlamento.