Opinión

Pablo, Pablito, Pablete

15 diciembre, 2020 08:49

Como el vicepresidente 2º de este gobierno frankenstein ha vuelto a amenazar con censurar a los toros al decir que: le incomoda enormemente  que las corridas sean patrimonio cultural.



Ahora se ha metido con la Tauromaquia que según nuestro Tribunal Constitucional es una expresión cultural  propia de los españoles y por lo tanto protegida, abusando desde el régimen totalitario que, de momento, ocupa en el Gobierno de España en tándem con el Sr. Sánchez, para tratar de suprimir la cultura de un pueblo sin atender a argumentos jurídicos, estado de Derecho y poner en peligro la convivencia democrática.

A mí como aficionado a los toros, me ha “tocado los costados” acción que nunca se puede hacer a alguien que es bravo, porque suele “venirse arriba”  y en este caso revolverse con este artículo.

¡Pablo, Pablito, Pablete!

Era la frase estrella del periodista deportivo José María García. ¡En la que basó su fama! metiéndose con el Presidente de la Federación Española de fútbol Pablo Porta.

Ahora es aplicable al vicepresidente 2º del Gobierno quien hace de su capa un sayo, “saltándose a la torera” las normas que él, abusando de su poder, obliga a los agentes de la autoridad a sancionar a aquellos que den vivas a España y al Rey.

Este político, iracundo republicano, se pasa por el forro de sus caprichos todas las normas de educación y civismo habidas y por haber, sin que al parecer haya alguien por encima de él, capaz de ponerle en el sitio que marcan las normas de urbanidad en un nepotismo autoritario fuera de la normalidad.

Mal camino lleva España con políticos como este que insulta a todo el mundo, lanza a las hordas contra los agentes de la autoridad, apoya a los etarras asesinos y a los catalanes revolucionarios y se permite el lujo de desafiar al propio Rey cuando éste preside un acto constitucional.

Este siniestro personaje, ilusionó a muchos españoles cuando con verborrea comunista bolivariana basada en su formación académica universitaria, prometió acabar con los políticos corruptos  que, formando parte de la  casta abusaban del poder para tener acongojados a los ciudadanos de a pie.

Engañó a muchos españoles desencantados con los políticos  e incluso a mí me hizo dudar en los primeros momentos al confiar en que gente culturalmente preparada podía acabar con esta especie de juego de pin pon con mando del PP y del PSOE de manera alternativa y nefasta.

Tiró de honradez hasta en el sueldo a cobrar políticamente. Sueldo que sería como el de cualquier trabajador al que apoyaría en toda acción laboral con vivienda barata, horas de trabajo justas y bien pagadas y apoyo gubernamental total.

Luego, cuando entró en la casta, se compró un casoplón  con créditos blandísimos de dudoso pago de vuelta y comenzó a blindarse en seguridad utilizando a las fuerzas de seguridad para protegerse tanto él como su familia.

Cuando comenzó a saborear las prebendas que el cargo político comporta, sus falsas ideas democráticas afloraron. Y cuando algunos medios que escaparon a su control,  le sacaron los “trapos sucios” (muchos y diversos)  lo llevaron a esta especie de demencia que comparte con su socio de gobierno Sánchez por conservar el poder, el aforamiento que conlleva y la seguridad de que la justicia, hasta donde pueda, le blindará momentáneamente hasta que todos los que le rodean en el gobierno sean juzgados y condenados por delitos de lesa gravedad.

Finalmente, como “la mentira tiene las patas muy cortas” se  descubrió ante el mundo entero y mis dudas (emanadas de que durante la carrera padecí el haber sufrido como formadores universitarios a profesores titulares que eran verdaderos cuasi analfabetos en el tema a desarrollar) desaparecieron.

Me di cuenta que Pablete era un vividor más que se había doblegado a las directrices dimanadas de gobiernos marxistas lenilistas en detrimento de su moral de docencia y de sus creencias patrióticas para España.

¡Pablito debió hacer un mal inmenso en la Universidad! adoctrinando a miles de alumnos/as en sus ideas marxistas y revolucionarias que como semilla habrán calado en terrenos abonados creando el caos en las calles y en las instituciones que hayan dirigido posteriormente.