Televisión

¡Un ministerio para Belén Esteban, la mejor oradora de España!

9 abril, 2020 09:27

¡Ay hija mía! ¡Qué bien has hablao! Este orgulloso comentario se lo dedicó la estrella residente en Paracuellos del Jarama a su retoño Andreíta. Aquello fue cuando la Esteban andaba luciendo pijama en la casa de GH VIP. Pues chica, resulta que eso de “de tal palo, tal astilla” va a ser una verdad como un templo. Si la niña habla bien, la madre domina la lengua de Cervantes como si llevara a sus espaldas 10 legislaturas como diputada. Que tiene la lengua vivaracha, vamos.

A donde quiero llegar, sufrida lectora, es a la conclusión en la que todos hemos confluido alguna vez: Belén Esteban maneja los tiempos del discurso como nadie. ¿Puede alguien, de otra manera, convencer tanto durante tantos años? ¿Puede alguien vivir de lo que vive la Princesa de Sálvame sin tener esa locuacidad innata? No, hija no. Belén habla, habla y habla desde el púlpito de su programa diario. Lo grave es que se entiende lo que dice y, además, levanta a la masa. Belén podría ser alcaldesa, concejala de Benidorm, vocal de algún cabildo, ministra del chándal… O ahora que Rajoy ha dicho que se espera... ¡Que la hagan Presidenta antes de que se lo piense! 

Belén podría ser alcaldesa, concejala de Benidorm, ministra del chándal… ¡Presidenta!

En toda esta historia del pueblo de Belén Esteban contra Toño Sanchís, el que fuera representante de la artista, la colaboradora la lleva de cráneo. Está bien jodido, nena. Da igual que le haya levantado el parné a la de San Blas o no. No importa si sus comisiones eran abusivas, si quería ser más estrella que su protegida o si tiene o no la llave de la paz mundial. Belencita, cada tarde, abre la boca y suelta su perorata asesina contra Sanchís… y convence. Y vence. La diva del parpadeo morse le tiene bien cogido por las gónadas. ¡Por los huevos! ¡Le tiene cogido por los huevos!

¿Me vas a decir que no? A ver, darling, yo creo que Belén debería aprovechar sus dotes de parlamentaria y afiliarse a alguno de estos partiduchis de la nueva política. Ya estoy viendo el debate de los presupuestos generales del Estado: “Vamos a ver, señor Rajoy, el dinero para las ayudas a toda la que quiera ponerse extensiones es sagrado… ¿me entiendes? A ver si ahora va a tener que ir todo el mundo con el pelo de cualquier manera. Aquí lo sintético manda. ¡Por las extensiones ma-to!” eso sería un buen debate.

Luego podría ir también a laSexta Noche a arañotearse la cara con Marhuenda: “A ti lo que te pasa es que no tienes lo que hay que tener para hablar de tu vida. Yo cuento mi historia… ¡porque Jesulín y la Campanario han hecho todo lo posible porque mi Andrea no quiera venir al Congreso a ver a su madre! ¿me entiendes? Yo soy la voz del pueblo, ¿¡vale?! Así que mmmmm". Acompañando este sonido se coge el “morro” con los dedos índice y pulgar como diciendo “calladito estás más guapo.

Ministra de exteriores

La Esteban sí que sabe repartir estopa a diestro y siniestro. Una mirada asesina por aquí, un discurso encendido por allí… un par de “¡ma-to!”, “¡te arrastro!” y tiene al público en el bolsillo. Yo la usaría para mandarla por ahí de ministra de exteriores. Sería delicioso que pusiera en su sitio a Nicolás Maduro a golpe de berrido.

Una entrevista con Michelle Obama departiendo amigablemente sobre cuánto debe apretarse un corpiño para quedar bien embutida. Un par de clases prácticas de maquillaje fantasía a Angela Merkel... Un par de verdades bien dichas a la cara de Kim Jong-un: “¿sabes por dónde te vas a meter las bombas atómicas? ¡por donde amargan los pepinos! Y a ver si comes más verdura, que estás arrebatao. Tienes la papada on fire... Te van a tener que hacer las casacas los de las carpas de los circos" Eso sería diplomacia y no lo de Margallo. ¡Un frenesí!

Belén Esteban, esa parlamentaria convincente. Le vende una bolsa de cubitos de hielo a un esquimal, arena al que vive en el desierto, un pañuelo al que no tiene mocos… ¡un peluquín a Chewbacca! Menos mal que mi Mon Santiso no ha coincidido con ella en las tardes televisivas. No quiero ni imaginarme lo que habría sido capaz de hacerle… Belén es como el flautista de Hamelín pero sin flauta. Ella suelta su cantinela y todas las ratitas van a su encuentro como hipnotizadas. ¡Dame tu poder Belén! ¡Quiero ser arma de destrucción masiva!