EL ANTES DE LA ENTREVISTA

Este domingo me levanté con ganas de saber cómo sería la entrevista de Jordi Évole a Arnaldo Otegi. Encontré algunos vídeos como adelanto que me llamaron la atención. Mi error fue seguir buscando. Comencé a leer entonces las noticias que algunos medios de comunicación habían hecho sobre dicho encuentro. Entonces, me encontré con numerosos comentarios que criticaban la postura del periodista de laSexta por llevar a su programa al vasco.

Évole no es la noticia, sino el intermediario

Es innumerable la lista de personajes que se han puesto detrás de mi pequeña grabadora con los que no he estado de acuerdo en muchas cosas. Puede que Jordi Évole no esté de acuerdo con lo que le haya contado Otegi. O puede que sí. Ni lo sé ni me importa. Porque Évole no es la noticia, sino el intermediario. El cable que conecta la información con el espectador. Y eso nunca puede ser dañino.

Otra cosa es que por el camino nos encontremos con una entrevista tendenciosa. Pero eso no lo sabremos hasta que se vea el contenido del mismo y son muchas las voces que se han adelantado a criticar la entrevista sin verla. 

Lo que ha hecho Jordi Évole se llama periodismo. Tal vez es que en este país no estamos acostumbrados a que un medio de comunicación otorgue tal libertad de prensa como para entrevistar a Arnaldo Otegi. El objetivo es bien sencillo: conocer todos los puntos de vista, sin juzgar ni prejuzgar. Ofrecerle la información al espectador y que sea él el que tome sus propias decisiones y conjeturas. 

Tal vez es que los medios se han acostumbrado demasiado a ser ellos los que le marcan la pauta al espectador/lector/ciudadano. Tal vez es que los medios cada vez tratan más de tontos a sus seguidores. Y es que tal vez Jordi Évole ha tratado a sus espectadores como seres inteligentes capaces de tomar sus propias decisiones. 

Se me cae un poco la esperanza hasta la suela de los zapatos cuando leo ciertos insultos contra Jordi Évole que le acusan incluso de apoyar a una banda terrorista. Un documento periodístico que no pretende otra cosa que mostrar una cara de la noticia. Un testimonio con el que no hay ni que estar de acuerdo pero que merece la pena escuchar. Pero las dianas fáciles tienen excedente en dardos.

EL DESPUÉS DE LA ENTREVISTA

Jordi Évole ha conseguido un relato televisivo magistral en cuanto a forma y contenido. Un relato periodístico que pone sobre la mesa un tema tabú y lo trata con absoluta tranquilidad. Jordi Évole puso contra las cuerdas un discurso de Arnaldo Otegi que trató de justificar las declaraciones vertidas hace años cuando la banda terrorista ETA estaba en activo. 

El programa no necesitó adornos o incentivos. Una conversación entre dos personas que ofrecía un relato egocéntrico ante el cual cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Évole puso el mensaje sobre la mesa sin matices ni objeciones.

Una mesa. Un paisaje nublado. Dos personas. Una tableta. Évole contó como apoyo con mensajes de familiares y víctimias de la banda terrorista antes los que se tuvo que enfrentar Otegi. Se enfrentaba a sus fantasmas. A sus propias declaraciones. Una declaración que hace historia en televisión y que debería estudiarse en las facultades de periodismo donde se enseña tan poco periodismo práctico.