Sandra en el Pirineo.
Sandra, la veinteañera que dejó Barcelona por un pueblo del Pirineo, se marcha: "La soledad es insoportable"
Hace un año la catalana se instaló en un pueblo aragonés de 100 habitantes, ahora ha tomado la decisión de volver a la ciudad.
Más información: Sandra, la catalana que 'lo dejó todo' para vivir en el Pirineo aragonés: "Aquí el alquiler me cuesta 450 euros al mes"
Hace apenas un año, Sandra, una joven catalana de 28 años, sorprendía al dejar atrás la ciudad para instalarse en un pequeño pueblo del Pirineo aragonés de menos de 100 habitantes.
Su historia se convirtió en ejemplo para quienes buscan una vida más tranquila, alejada del ruido y el estrés urbano, y una alternativa al estilo de vida de ciudad pagando apenas 450 euros de alquiler.
Ahora, aquella aventura llega a su fin.
La creadora de contenido ha anunciado en su canal de YouTube que abandona el municipio aragonés para comenzar una nueva etapa en Valladolid, donde vivirá junto a su pareja.
Lo hace, asegura, por una mezcla de razones emocionales y económicas que reflejan también algunas de las dificultades de vivir en la España despoblada.
"Ha sido una de las etapas más bonitas de mi vida. No hay nada de lo que me alegre más que de haber tomado esta decisión y haber vivido esta experiencia tan increíble", explica al comenzar el vídeo.
Sin embargo, reconoce que su situación ha cambiado por completo en los últimos meses.
El detonante fue la muerte de Jack, su perro, al que define como "mi mejor amigo, mi compañero de piso y mi compañero de vida".
Su pérdida, admite, ha transformado por completo su día a día.
Sandra junto a su perro.
"Cuando estaba Jack yo estaba perfecta. La gente me preguntaba cómo llevaba el invierno sola y yo siempre decía que no estaba sola, porque vivía con él. Ahora entro por la puerta y lo echo de menos. Su falta la noto muchísimo", confiesa emocionada.
Sandra explica que el pueblo donde ha vivido tiene menos de 100 habitantes y que gran parte de las viviendas permanecen vacías buena parte del año. Sin su perro, asegura, la sensación de soledad se ha multiplicado.
"De repente he pasado de estar tranquila y a gusto con mi rutina a sentirme muy, muy sola. Ahora necesito más apoyo y más compañía, y aquí es mucho más difícil encontrarlo", reconoce.
Su experiencia pone sobre la mesa una realidad que afecta a muchos municipios de la España vaciada. "Es la pescadilla que se muerde la cola. Como no hay gente joven, no hay vida; y como no hay vida, la gente joven se acaba marchando", reflexiona.
A esa soledad se suma otro problema: la inestabilidad económica.
Sandra trabaja como editora de vídeo y creadora de contenido, una actividad que, según explica, le ha permitido vivir donde quisiera, pero que también le ha dejado meses especialmente complicados.
"Ha habido meses en los que he ingresado solo 200 euros. El alquiler son 450, luego están la comida, la gasolina, la cuota de autónomos... Así es imposible ahorrar o plantearte un futuro", relata.
Por eso ha decidido mudarse a Valladolid junto a su novio, una ciudad que considera un punto intermedio ni muy pequeña ni muy grande. Allí espera encontrar mayor estabilidad personal y profesional.
Pese a su marcha, Sandra insiste en que no se arrepiente de haber apostado por la vida rural y rechaza idealizarla, pero también demonizarla.
"Vivir en un pueblo ha sido una experiencia increíble y sé que algún día volveré. Me imagino de mayor viviendo rodeada de naturaleza, con animales y un terreno. Pero para cumplir ese sueño también hace falta dinero", sentencia.
Mientras tanto, continuará creando contenido desde Castilla y León, donde pretende seguir descubriendo pueblos y contando cómo es adaptarse de nuevo a una ciudad sin perder el vínculo con el mundo rural.