Jorge Serrano, presidente de ATA

Jorge Serrano, presidente de ATA E.E.

Opinión

La economía tampoco cierra por vacaciones

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Agosto transforma nuestras ciudades, reduce el tráfico, cambia los horarios y nos recuerda la necesidad de detenernos, descansar y recuperar fuerzas. Sin embargo, para una parte importante de quienes trabajan por cuenta propia, el verano no significa necesariamente vacaciones. La economía real tampoco cierra en agosto.

Los últimos datos de empleo ofrecen motivos para valorar positivamente la capacidad de nuestra economía para seguir creando oportunidades.

España ha superado por primera vez los 22,5 millones de afiliados medios a la Seguridad Social, después de sumar más de 642.000 ocupados durante el último año.

Es una cifra relevante que debemos reconocer, porque detrás de cada puesto de trabajo hay una familia, un proyecto profesional y una mayor capacidad colectiva para sostener nuestro sistema de bienestar.

Pero las grandes cifras nunca deberían impedirnos observar lo que sucede a pie de calle.

El empleo no se crea por decreto ni aparece espontáneamente en una estadística. Nace cuando una empresa recibe un pedido, cuando un autónomo consigue un cliente, cuando alguien decide invertir sus ahorros, ampliar una plantilla o asumir el riesgo de iniciar una actividad.

Por eso, junto a la legítima satisfacción por los datos generales, debemos preguntarnos si estamos construyendo un entorno suficientemente favorable para que autónomos, pequeñas empresas y emprendedores puedan consolidarse, crecer y crear empleo estable.

Aragón dispone de fortalezas indiscutibles: una posición logística privilegiada, un tejido empresarial comprometido, capacidad industrial, profesionales cualificados y unas instituciones con las que debemos seguir trabajando desde el diálogo y la colaboración.

El objetivo común no puede ser otro que transformar esas ventajas en más actividad, más productividad y mejores oportunidades en las tres provincias.

Eso exige abandonar tanto el triunfalismo como el pesimismo. Reconocer los avances no significa ignorar las dificultades. Y señalar los problemas no debería interpretarse como una descalificación, sino como una contribución responsable para encontrar soluciones.

La realidad del autónomo constituye un buen ejemplo. Según el último informe de ATA, uno de cada tres trabajadores por cuenta propia no tendrá vacaciones este verano y un 23 % no podrá disfrutar de ningún periodo de descanso durante todo el año.

No siempre se trata de una elección. Muchos autónomos no pueden cerrar porque su negocio depende de una atención diaria, porque no disponen de personal que pueda sustituirlos o porque dejar de trabajar supone dejar de facturar mientras continúan llegando las cuotas, los alquileres, los seguros, los impuestos y las obligaciones financieras.

Para un asalariado, las vacaciones forman parte de sus derechos laborales. Para muchos autónomos, descansar implica calcular cuánto cuesta bajar la persiana.

Esa diferencia no debe servir para enfrentar a unos trabajadores con otros, sino para comprender mejor la vulnerabilidad de quienes asumen personalmente el riesgo de su actividad.

Y existen momentos en los que esa vulnerabilidad se multiplica. Lo saben bien los autónomos y pequeños empresarios afectados por los incendios, que no solo contemplan con angustia el daño humano, ambiental y patrimonial, sino que pueden ver desaparecer en unas horas explotaciones, talleres, comercios o proyectos construidos durante toda una vida.

También lo están comprobando quienes desarrollan su actividad en Ceuta y Melilla, donde cualquier alteración grave de la seguridad, de la movilidad o del funcionamiento normal de las ciudades tiene una repercusión inmediata sobre comercios, hostelería, transporte y servicios.

Cuando un autónomo se ve obligado a cerrar por una causa ajena a su voluntad, sus ingresos se detienen, pero buena parte de sus gastos no.

Estas situaciones nos recuerdan que las políticas públicas deben ser capaces de reaccionar con rapidez.

No basta con disponer de mecanismos de ayuda; es necesario que sean comprensibles, accesibles y suficientemente ágiles para llegar antes de que el daño económico resulte irreversible.

La mejor política de empleo continúa siendo facilitar que quienes ya generan actividad puedan mantenerla y que quienes desean emprender encuentren un camino razonable.

Necesitamos estabilidad normativa, seguridad jurídica, formación adaptada a las necesidades reales, financiación accesible y una Administración que acompañe, simplifique y confíe.

Eso requiere corresponsabilidad. Las administraciones deben escuchar y eliminar obstáculos innecesarios.

Las organizaciones empresariales tenemos la obligación de trasladar propuestas realistas. Y las empresas debemos mejorar nuestra productividad, nuestra formación y nuestra capacidad de adaptación.

Aragón ha demostrado en numerosas ocasiones que sabe avanzar mediante el acuerdo.

Debemos preservar ese clima de diálogo y utilizarlo para anticipar los retos que llegarán después del verano: la falta de profesionales en determinados sectores, el relevo generacional, la despoblación, la transformación tecnológica y la necesidad de fortalecer nuestro tejido de autónomos y pequeñas empresas.

Agosto es tiempo de descanso para muchos y de trabajo intenso para otros. Conviene recordarlo cuando encontremos una tienda abierta, recibamos un pedido, tomemos algo en una terraza o necesitemos cualquier servicio durante nuestras vacaciones.

Detrás habrá probablemente un autónomo, una familia o una pequeña empresa que continúa trabajando mientras el resto descansa.

Los buenos datos de empleo merecen ser celebrados. Pero la mejor manera de consolidarlos es cuidar a quienes, incluso en agosto, siguen levantando cada mañana la persiana de nuestra economía.

¡¡¡Feliz verano!!!

*Jorge Serrano, presidente de ATA Aragón