Jorge Serrano, presidente de ATA Aragón. Zaragoza
Las mujeres autónomas desempeñan un papel esencial en la economía y la cohesión social del medio rural. Su actividad no solo contribuye al desarrollo económico de los territorios, sino que también se ha convertido en un factor clave para frenar la despoblación y mantener vivos a los pueblos. Sin embargo, su realidad cotidiana sigue marcada por importantes dificultades estructurales que limitan su crecimiento y su estabilidad.
En Aragón, como en muchos otros territorios de España, la vida de nuestros pueblos depende del esfuerzo silencioso de quienes deciden quedarse y es por este motivo por el que el reto de la despoblación sigue siendo una de las preocupaciones sociales y económicas que nos atañen.
En este contexto, ser mujer autónoma en el medio rural no es solo una opción laboral: en muchas ocasiones es la única vía real para acceder a la independencia económica y desarrollar un proyecto profesional propio. Pero además, es también una herramienta fundamental para sostener la vida en los pueblos. En Aragón, el número de mujeres autónomas asciende a 34.761 personas.
En una semana en la que celebramos el Día de la Madre, conviene detenerse a mirar una realidad que muchas veces pasa desapercibida. En el medio rural, ser mujer autónoma es, en muchos casos, sostenerlo todo: un negocio, una familia y un entorno que depende de su permanencia. Son mujeres que emprenden donde otros se marchan, que concilian donde casi no hay recursos y que sacan adelante cada día con una fortaleza silenciosa que rara vez se reconoce. Detrás de cada actividad hay también una historia de esfuerzo, de renuncia y de compromiso con su tierra.
Desde ATA Aragón queremos reconocer ese papel esencial y reafirmar nuestro compromiso con ellas. Porque apoyar a las mujeres autónomas del medio rural es apoyar la vida en nuestros pueblos. Son madres, empresarias y motor económico al mismo tiempo, y necesitan no solo reconocimiento, sino medidas reales que estén a la altura del esfuerzo que realizan cada día. Estar a su lado no es solo una obligación institucional, es una convicción firme: sin ellas, no hay presente ni futuro en el medio rural.
Porque cuando una mujer emprende en el medio rural no solo está creando su propio empleo, sino que está contribuyendo directamente a fijar población. Según distintos estudios del Observatorio del Emprendimiento (GEM España), cuando la mujer emprende en entornos rurales, la probabilidad de que la unidad familiar se establezca en el territorio puede aumentar hasta en un 80%. Es decir, su papel es decisivo en la estabilidad demográfica del medio rural.
Sin embargo, este potencial convive con barreras estructurales que siguen condicionando su desarrollo. La primera es la falta de servicios básicos, especialmente los vinculados a la conciliación. No existe medida de apoyo suficiente si en el municipio no hay una escuela infantil o si los servicios de atención sanitaria o transporte obligan a desplazamientos de decenas de kilómetros.
En España, más de 3.000 municipios rurales carecen de escuela infantil en su propio término municipal, lo que dificulta enormemente la organización del día a día de cualquier negocio. Esta situación obliga a las mujeres autónomas a una elección constante entre su actividad profesional y sus responsabilidades familiares, una tensión que, a menudo, deriva en abandono por agotamiento.
A esto se suma la brecha digital. Para muchas mujeres del medio rural, la digitalización es la principal vía de emprendimiento: venta online, servicios profesionales o actividades creativas que permiten trabajar desde el territorio. Sin embargo, esta oportunidad depende de una conexión estable que no siempre existe. Según el Informe de Cobertura de Banda Ancha del Ministerio de Transformación Digital (2024), alrededor del 20% del territorio rural español no dispone de acceso a internet de calidad, afectando a más de 1.500 municipios. Esto convierte la conectividad en un factor determinante de desigualdad.
Otro obstáculo importante es el acceso a la financiación y a la información. Los proyectos rurales suelen ser más pequeños, con márgenes ajustados y fuerte vinculación al territorio. A esto se suma la falta de conocimiento sobre las ayudas existentes: aproximadamente 4 de cada 10 emprendedoras rurales desconocen las líneas de apoyo disponibles o no saben cómo acceder a ellas, incluidas las europeas. No basta, por tanto, con que existan recursos; es imprescindible que lleguen, se comprendan y vayan acompañados de asesoramiento efectivo.
Por último, la invisibilidad del trabajo de la mujer sigue siendo una realidad en muchos negocios rurales. Es frecuente que las mujeres participen activamente en explotaciones o empresas familiares sin reconocimiento legal ni económico. La figura de la titularidad compartida en explotaciones agrarias ha supuesto un avance importante en este sentido, pero su implantación sigue siendo limitada.
En definitiva, las barreras que enfrentan las mujeres autónomas del medio rural no son estadísticas abstractas, sino dificultades reales que condicionan su día a día. Hoy hablamos de más de 1.270.000 mujeres autónomas en España que sostienen con su trabajo la economía y la vida de nuestros pueblos.
Se ha avanzado, pero el camino que queda por recorrer exige pasar de los diagnósticos a la acción. Porque apoyar a las mujeres autónomas del medio rural no es solo una cuestión de igualdad: Es una cuestión de futuro para nuestros territorios.