Francisco de las Heras, director titular del Bachillerato Escuelas Pías, Montal-Calasanz
Durante los minutos previos a que la batuta del director arranque el primer acorde en la sala, escuchamos expectantes el sonido dispar de cada instrumento buscando su afinación: maderas, cuerdas, metales, percusión; escalas ascendentes, trinos, largas notas sostenidas…
Si todo quedara interrumpido en ese instante y hubiera que abandonar la sala, todos saldrían decepcionados con el único recuerdo de una cacofonía estéril, de una belleza que, por falta de consenso, no llegó a nacer. Podríamos decir que la educación es la obra más hermosa que una sociedad puede componer.
Plutarco la describía en Moralia como “la esencia de la felicidad y la causa del buen consejo, […] útil no sólo para una familia, para una ciudad o para una nación, sino para todo el género humano”.
Entre el oyente y el músico se crea un vínculo de mutuo respeto sin el cual no sería posible la magia de la música compartida. El primero reconoce al artista y el segundo da lo mejor de sí a quien ha elegido ir a escucharle. Respeto y elección son las dos palabras clave de este feliz encuentro.
La sociedad aragonesa sabe y reconoce el esfuerzo diario de cada docente y de todas las personas que, en el ámbito de la educación, se entregan a diario por nuestros niños y jóvenes.
Como sociedad madura, los aragoneses no deberían caer en exclusiones maniqueas que generalizan y etiquetan injustamente individuos y colectivos, porque todos los instrumentos son necesarios para crear la armonía de una sinfonía. Solamente hay que ponerse de acuerdo.
En 1978, el educador y filósofo alemán recientemente fallecido, Jürgen Habermas, consiguió que el “espíritu de consenso” inspirara la partitura del nacimiento de nuestra democracia. En el artículo 27, la Constitución Española recoge en la misma línea tanto el derecho de todos a la educación como la libertad de enseñanza.
“Democracia”, para el francés André Comte-Sponville, “es el régimen en el cual el pueblo es soberano”, es decir, que el pueblo tiene capacidad de elegir, y es obvio que el pueblo aragonés, en sus elecciones, ha elegido elegir.
El 75% del alumnado de secundaria obligatoria de todo Aragón estudia en la provincia de Zaragoza. De ellos, el 46% lo hacen en la concertada y el otro 54% en la pública. Es de justicia que se escuche la voz de estas 50.000 familias aragonesas que con sus impuestos pagan también la educación de todos.
Con sus votos y sus matrículas están expresando cómo quieren que su gobierno gestione la educación. Siendo la educación un pilar fundamental del estado de bienestar, el gobierno debe garantizar una educación pública para todos, pero al mismo tiempo no puede permitir que esa educación sea la única, porque la convertiría en el mejor instrumento de manipulación de cualquier régimen totalitario.
Hannah Arendt, superviviente del peor totalitarismo, defendió la convivencia entre lo público y lo privado, afirmando que la educación ha de ser el espacio de acción y de diálogo si no queremos que se destruya la vida privada y la diversidad política.
En Aragón deberíamos alegrarnos por contar con dos potentes redes educativas - pública y privada-concertada- que se complementan, que demuestran su valía y que son elegidas por las familias curso tras curso. Su confrontación es el camino contrario al avance y el peor ejemplo para nuestros hijos.
Deberíamos mirar hacia otras comunidades autónomas que empezaron a concertar los bachilleratos hace décadas: el País Vasco en los 80 gobernando el PNV apoyado por el PSE-PSOE; Andalucía, donde el PSOE-A comenzó a concertar algunos bachilleratos en 1985 al igual que en la Comunidad Valenciana lo hiciera el PP a partir de 1995.
Estas acciones son reflejo de quienes han comprendido que esta red dual no supone la resta de una a la otra, sino que juntas suman y permiten crecer a la sociedad.
Este debería ser nuestro objetivo, caminar y celebrar unidos que los nuevos aragoneses serán mañana ciudadanos mejor preparados, educados en el respeto y en la diversidad, capaces, en definitiva, de salvar sus diferencias y de ponerse de acuerdo por el bien y la dignidad de todos los seres humanos.
Así, “al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad”, también en educación.
*Francisco de las Heras, director titular del Bachillerato Escuelas Pías, Montal-Calasanz