Ignacio Jáuregui, psiquiatra y psicólogo

Ignacio Jáuregui, psiquiatra y psicólogo

Opinión

Inteligencia Artificial (IA): ¿médico, dietista, entrenador personal... para adolescentes?

Ignacio Jáuregui, psiquiatra y psicólogo
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En los últimos años, la IA se ha convertido en una herramienta muy utilizada para buscar información sobre salud, ejercicio y alimentación. Muchos adolescentes recurren a aplicaciones, redes sociales o chatbots para recibir, por ejemplo, consejos dietéticos rápidos.

Sin embargo, aunque estas herramientas pueden ser útiles, también presentan riesgos importantes. La falta de supervisión médica, la difusión de información incorrecta y la vulnerabilidad de los jóvenes pueden provocar consecuencias negativas para su salud física y mental.

Si nos fijamos en la alimentación, las plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial pueden generar recomendaciones sobre dietas, pérdida de peso o hábitos alimentarios. Los adolescentes, que se encuentran en una etapa de desarrollo físico y emocional, son especialmente sensibles a este tipo de mensajes.

La IA puede proporcionar respuestas rápidas, pero no siempre tiene en cuenta factores individuales como la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física o las necesidades nutricionales específicas. Todo ello puede llevar a que los adolescentes sigan dietas inadecuadas o incluso peligrosas.

Riesgos

Uno de los principales problemas es que la IA puede ofrecer información que no siempre está verificada por profesionales de la salud. En muchos casos, los consejos dietéticos se basan en datos generales o tendencias populares en internet.

Por ejemplo, pueden recomendar dietas extremadamente bajas en calorías, eliminación completa de ciertos grupos de alimentos o ayunos prolongados. Para un adolescente en crecimiento, estas prácticas pueden provocar deficiencias nutricionales, cansancio, cambios de humor, problemas de desarrollo y otros.

Impacto en la salud mental y la imagen corporal

Es bien sabido que los adolescentes suelen estar muy influenciados por la presión social y los estándares de belleza difundidos en internet. Cuando la IA genera recomendaciones centradas únicamente en la pérdida de peso o en conseguir un determinado aspecto físico, puede reforzar una relación poco saludable con la comida.

Esto puede contribuir a: trastornos alimentarios como anorexia o bulimia, baja autoestima o ansiedad relacionada con el cuerpo. La falta de orientación profesional aumenta el riesgo de que estos problemas pasen desapercibidos, pudiendo generar severas consecuencias a medio y largo plazo.

Falta supervisión profesional

A diferencia de un nutricionista, un médico o un psicólogo, la IA no puede realizar una evaluación completa de la salud de una persona. Tampoco puede observar síntomas físicos o emocionales que podrían indicar problemas más graves. Simplemente sabe lo que le hacemos saber, lo cual presenta graves sesgos.

Los profesionales de la salud consideran factores como el historial médico, diversos análisis clínicos, los elementos propios de una etapa de crecimiento y desarrollo, los hábitos de vida de la persona, etc. Sin toda esta información, cualquier recomendación dietética, de ejercicio, diagnósticos, etc., puede resultar incompleta cuando no inadecuada.

La clave: educación digital

No parece que tenga mucho sentido basar en “prohibiciones” todo cuanto tiene que ver con la reducción de los posibles riesgos de la tecnología digital, estaría condenado al fracaso y al diseño de estrategias para esquivar dichas prohibiciones. Para reducir estos riesgos, lo que parece fundamental es enseñar a los adolescentes a utilizar la tecnología de forma crítica y responsable.

La educación digital puede ayudarles a identificar información fiable, entender los límites de la IA y a consultar siempre con profesionales de la salud antes de seguir una dieta, un programa de ejercicio o incluso emprender tratamientos aconsejados por la IA. Además, padres y educadores deben acompañar a los jóvenes en el uso de herramientas digitales relacionadas con la salud.

En resumen, la IA ofrece nuevas oportunidades para acceder a información sobre alimentación y bienestar, pero también presenta riesgos importantes cuando se utiliza sin supervisión. Los adolescentes, debido a su etapa de desarrollo, son especialmente vulnerables a consejos dietéticos incorrectos o extremos, así como a otras pautas relacionadas con su salud física y mental. Por ello, es esencial fomentar el pensamiento crítico, la educación digital y el acceso a profesionales de la salud para garantizar que la tecnología se utilice de forma segura y beneficiosa.

Y lo dicho hasta aquí también resulta aplicable a muchos adultos que han encontrado en la IA su consejero de cabecera. En este sentido, desde hace 10 años, la Fundación APE viene trabajando activamente en la actitud crítica y la educación digital con especial énfasis en el ámbito familiar, sin duda el más adecuado para una apropiada educación, digital y no digital.

Ignacio Jáuregui Lobera, psiquiatra y psicólogo y patrono de la Fundación APE