Francisco Pellicer

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Opinión

Carta a los Reyes Magos: el legado de la Expo también necesita cuidados diarios

Francisco Pellicer, presidente de Legado Expo
Publicada

Queridos Reyes Magos:

Sabemos que estas fechas están cargadas de trabajo. Cartas, listas interminables, deseos cruzados, logística complicada. Por eso intentaremos ser claros y no pedir imposibles. No queremos camellos eléctricos, ni incienso sostenible, ni milagros resilientes. Solo venimos a recordaros —con un poco de ironía y bastante seriedad— que en Zaragoza hay un legado que sigue esperando atención: el de la Expo 2008.

Han pasado ya dieciocho años desde aquel gran acontecimiento que transformó la ciudad y la reconcilió con sus ríos. Dieciocho. Una mayoría de edad en la que las cosas ya no pueden llamarse “nuevas”, pero sí maduras y nunca deberían estar descuidadas. Sin embargo, aquí estamos, escribiendo esta carta no tanto porque confiemos en la magia, sino porque la metáfora navideña permite decir algunas verdades sin levantar demasiado la voz.

La Expo fue un proyecto colectivo. No cayó del cielo envuelta en papel de regalo. Fue fruto de imaginación, planificación, consenso, inversión pública y una ambición poco habitual en una ciudad acostumbrada a pensar en pequeño. El lema “Agua y desarrollo sostenible” no era un eslogan vacío: era una declaración de intenciones que hablaba de derecho humano, de futuro, de equilibrios frágiles y de responsabilidad compartida.

Por eso nos sorprende —y nos preocupa— comprobar cómo parte de ese legado material e inmaterial se va deteriorando poco a poco, sin ruido, casi con resignación. Parques que envejecen mal, arbolado que desaparece sin reposición suficiente, equipamientos infrautilizados, riberas que necesitan más cuidado que la inauguración de un jardín de garnacha. Nada espectacular. Nada que salga en titulares urgentes. Justo por eso, peligroso.

No os escribimos para señalar con el dedo. Tampoco para pedir que lo resolváis todo vosotros, que bastante tenéis. Os escribimos para recordar algo que a veces se olvida: el legado de la Expo no pertenece solo a las administraciones. Tampoco a una asociación concreta. Pertenece a la ciudad. Y, por tanto, su cuidado es una tarea compartida.

Durante años, desde la Asociación Legado Expo Zaragoza 2008 hemos insistido en esta idea, a veces con informes técnicos, otras con mapas incómodos, hoy con esta carta. No porque nos guste repetirnos, sino porque los bienes comunes no se sostienen solos. Requieren atención constante, decisiones valientes y, sobre todo, una ciudadanía implicada, porque las cosas importantes no se pueden dejar solo en manos de los políticos.

Aquí viene la parte quizá menos mágica de la carta. Porque, queridos Reyes, no basta con esperar a que alguien “se haga cargo”. La ciudad no funciona por generación espontánea. Funciona cuando hay instituciones responsables, sí, pero también cuando hay vecindad atenta, asociaciones activas, universidades comprometidas, medios que miran más allá de la inauguración y ciudadanos que sienten esos espacios como propios.

No hablamos de sustituir a lo público ni de hacer voluntarismo barato. Hablamos de corresponsabilidad. De participación real. De abrir procesos donde la ciudadanía no sea solo cliente, usuaria o espectadora, sino parte de la conversación. Porque nadie cuida mejor un espacio que quien lo vive, lo recorre y lo necesita.

La ironía de escribiros a vosotros tiene algo de advertencia amable. Seguimos esperando soluciones casi mágicas cuando lo que hace falta es algo más prosaico: planificación, mantenimiento, escucha y continuidad. Menos foto y más cuidado. Menos evento brilli-brilli y más gestión cotidiana.

Zaragoza es una ciudad de clima duro, de veranos extremos y de suelos muy impermeables. El verde urbano, los corredores fluviales y los grandes parques no son lujos: son infraestructuras de salud, de convivencia y de resiliencia climática. Descuidarlos no es una anécdota; es una decisión con consecuencias.

Por eso esta carta es también una invitación abierta a la sociedad civil. A quienes pasean por el Parque del Agua, a quienes usan las riberas, a quienes enseñan, investigan, informan o simplemente observan. Este legado es vuestro. Participad. Exigid con argumentos. Proponed. Implicaos. No esperéis a que otros lo defiendan por vosotros.

Si algo nos enseñó la Expo fue que Zaragoza es capaz de pensar en grande cuando se lo propone. Recuperar ese espíritu no requiere nostalgia, sino compromiso presente. No requiere milagros, sino voluntad compartida.

Así que, queridos Reyes Magos, si tenéis que tomar nota de algo este año, apuntad esto: el mejor regalo para Zaragoza no cabe en un paquete. Se llama corresponsabilidad. Y, a diferencia de la magia, depende de todos nosotros.

Con afecto cívico y un punto de ironía,

Asociación Legado Expo Zaragoza 2008