Constancio Navarro.
Zaragoza y su entorno se van a llenar de centros de datos (una pequeña parte de la famosa nube) que nos permitirá utilizar las llamadas inteligencias artificiales.
No deja de ser curioso que se vaya a constituir la mayor concentración de centros de datos de toda Europa. Nadie explica las razones, aunque parece que Zaragoza se encuentra muy bien situada para dar servicio al sur de Europa y que por aquí pasan infraestructuras informáticas importantes.
Pero tiene que haber más razones, porque se desconocen los beneficios o los inconvenientes que puede tener esta concentración. O por lo menos, nadie los explica.
Las empresas americanas, como Amazon Web Services o Microsoft, están obligadas a ubicarlos en Europa porque los datos europeos no pueden salir de Europa, porque la latencia (el tiempo que transcurre entre un “clic” y la respuesta que obtenemos) tiene que ser la mínima posible y porque cada vez que usamos la nube (cada vez que hacemos “clic” para ver un video, por ejemplo), esa información debe guardarse durante mucho tiempo.
El modelo de negocio de estas empresas es, evidentemente, obtener un beneficio económico, además de ofrecer un servicio a todos los ciudadanos.
Pero se desconoce la vida útil de estos centros (parece estar entre 5 y 20 años), si habrá que ampliarlos en el futuro o si se quedarán anticuados e inútiles. Lo que está claro es que ninguna administración ha aprobado una estrategia territorial para “ordenar” el caos que parece que se va a producir.
Estos centros necesitan suelo, energía y agua. Bastante suelo, mucha energía y mucha agua. De hecho, este tipo de centros ha tenido problemas en muchas partes del mundo, como Talavera de la Reina, Países Bajos (consiguieron evitar que se construyeran), Marsella, Irlanda o Chile por poner solo algunos ejemplos.
Hay que reconocer que Microsoft es la única empresa que ha presentado públicamente sus proyectos. Lo hizo en Ebrópolis como entidad en la que están representados todos los sectores de la sociedad zaragozana.
Pero la presentación fue, podríamos decir, triunfalista; recordaba esas películas donde una multinacional presenta en un pueblo (que suerte han tenido) un proyecto del que se van a beneficiar todos sus habitantes, y ya sabemos cómo suelen acabar estas cosas.
Se echó en falta un mayor realismo, una explicación de los problemas causados en otras ubicaciones y los beneficios para sus habitantes. No lo hicieron.
En cuanto al consumo de energía, aquí producimos muchísima renovable, aunque ellos la necesitan de manera permanente, lo que les obliga a solicitar de Red Eléctrica una cantidad de energía abrumadora. Y en cuanto al agua, vendieron un sistema de reciclaje que, al parecer, todavía está siendo testado en Norteamérica.
Es decir, consumirán muchísima agua porque hay que mantener (siempre) una temperatura adecuada en el interior de los centros. Por cierto, sus cubiertas (simples naves) son de decenas de hectáreas, pero ellos no colocan placas solares, sin que expliquen el porqué.
La cuestión es que desde el Gobierno de Aragón se les recibe con los brazos abiertos, incluyéndolos en los denominados Planes de Interés General de Aragón (PIGAs), por lo que estarán exentos de impuestos locales a la construcción (licencia, impuesto de instalaciones, construcciones y obras) y se reducirán los plazos de ejecución. Solo pagarán el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) y el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), siendo muy reducido el impuesto medioambiental (que es autonómico).
En cuanto a impuestos estatales, el IVA y los beneficios por la prestación de servicios, al ser estos electrónicos, se pagan en el destino. O sea, aquí no. Y el Impuesto de Sociedades será mínimo también.
Eso sí, urbanizarán el “polígono industrial” en el que se ubiquen y cederán a los ayuntamientos el porcentaje de suelo legalmente establecido, pero a los 10 años les trasladarán a esos ayuntamientos el coste para siempre de la conservación de esos polígonos.
La construcción de los centros generará empleo (que seguramente vendrá de otras regiones) temporal y después apenas nada. Son centros muy automatizados, que requerirán limpiadores, electricistas y poco más.
Parece que vamos a hipotecar a largo plazo nuestra tierra, nuestra energía y nuestra agua, sin que se aprecie trascendencia positiva para los ciudadanos.
Parece que van a dar, sobre todo, problemas, sin generar ningún impacto positivo en la sociedad. Ni siquiera se les exige, por ejemplo, crear una cátedra en la universidad para formar estudiantes. No se aprecia ninguna compensación.
Es una película que ya hemos visto muchas veces. ¡No nos damos cuenta de la suerte que hemos tenido!
El tiempo pondrá las cosas en su sitio.