Kiko Navarro, guardia civil, y Unkar, perro de rescate de avalanchas del Greim de Jaca

Kiko Navarro, guardia civil, y Unkar, perro de rescate de avalanchas del Greim de Jaca Cedida

Huesca

Kiko y su perra Unkar, rescatadores de las avalanchas del Pirineo: "Ella detecta un cuerpo en 15 minutos"

El guía canino y su perro participaron en las dos últimas avalanchas mortales que se saldaron la vida de cuatro personas.

Más información: Llamada a la precaución tras los últimos aludes mortales en el Pirineo aragonés: "El peligro nunca es cero"

Zaragoza
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El guardia civil Kiko Navarro comparte un trabajo esencial con Unkar. No es una compañera de trabajo cualquiera, sino que va a cuatro patas y tiene unos instintos únicos. Este pack de dos conforma parte del Grupo de Rescate e Intervención de Montaña de la Guardia Civil con base en Jaca. Así, son una unidad clave cuando se produce una avalancha en el Pirineo aragonés.

Además de ser una unidad específica, las cualidades de Unkar la hacen aún más especial. Esta pastor belga milanois no es una perra cualquiera, sino que sus instintos "de búsqueda, caza y presa" la hacen única para poder llevar a cabo el rastreo de personas sepultadas bajo la nieve.

Su olfato y su capacidad puede llegar a marcar la localización aproximada de personas incluso bajo seis metros de nieve. Por ello, no hay duda de que es la primera en ponerse en guardia y llegar al terreno una vez que ocurre un alud.

Para guiarla no se va de su lado Kiko Navarro. Este guardia civil alcanza los 22 años de servicio en el Greim, con lo que suman multitud de rescates a sus espaldas en sus largos años de servicio, aunque esta estrenada especialización de guía canino es reciente y, como él mismo, dice "porto la L de novato". De la mano de Unkar lleva cinco años, cuando se convirtieron en pareja oficial como guía canino y perro de detección de avalanchas pero, sobre todo, en una pequeña familia.

Kiko Navarro junto a su perra Unkar

Kiko Navarro junto a su perra Unkar Cedida

Su trabajo ha tomado relevancia a través de los últimos dos aludes mortales registrados en el Pirineo. Ambos trabajaron hasta la extenuación -junto al resto de la brigada- en el rescate de los cuatro montañeros sepultados por un alud en el Pico Tablato en Panticosa. Pudieron salvar la vida de una joven que quedó sepultada por la nieve, aunque tres montañeros no pudieron sobrevivir ante la avenida de nieve.

También participaron y fue una de las protagonistas del rescate en plena Nochevieja de un montañero en un nuevo alud a 2.500 metros de altura en la zona de Urdiceto (Valle de Bielsa).

"Nosotros trabajamos pensando que la persona que está debajo está viva, lo que supone mucho estrés y cada segundo le cuenta a esa persona. El aviso de una avalancha para un guía requiere una responsabilidad enorme porque somos los primeros que actuamos", recalca.

Un trabajo preciso en medio hostil

Para que Unkar pueda llegar a hacer su trabajo, se ha tenido que realizar un trabajo previo de adiestramiento. Este pasa por una socialización al entorno. "Muchas de las avalanchas se producen en estaciones de esquí, por lo que nos subimos con ella en la moto de nieve, en telesilla", señala Navarro.

Esta última, como el helicóptero de rescate, son "medios hostiles" para estos animales, por lo que la socialización tiene que ser "muy potente" para evitar el estrés del perro.

Una vez que estos perros, en este caso Unkar, consiguió normalizar el entorno, el trabajo de los guías se concentra en hacer de la nieve algo positivo, ya que tiene que introducirse en pequeños huecos bajo este elemento natural.

En primera instancia, los guías buscan hacer del espacio un lugar seguro para los perros, llegando a "darles de comer, agua y jugar para que no lo vean como una amenaza".

Así, van tapando poco a poco el agujero donde se encuentra la víctima "hasta que llega un punto que el perro necesita, para llegar a la persona que le va a dar el juguete, rascar la nieve para llegar a él".

A pesar de que se pueda pensar que la nieve es un elemento en contra del trabajo de estos perros guía, la verdad reside en que los poros de humedad que desprende son un "factor favorable" para el olfato.

"Un perro te puede batir una avalancha de un tamaño de un campo de fútbol en 5 minutos o 3, si llega descansado", señala. De esta forma, el trabajo de Unkar se centra en usar su olfato: "Van cuarteando la avalancha, haciendo un zigzag hasta que corta el cono de olor de la persona", explica Navarro.

Esto supone que en el punto donde señala la perra sale un "olor más denso" de la víctima, si bien declara que eso "no quiere decir que el cuerpo esté debajo justo de donde rasca" sino que aporta un lugar aproximado para que el equipo de rescate pueda comenzar a palear en la nieve o utilizar sondas de localización.

Un héroe de cuatro patas

Todo este entrenamiento luego tiene su ejecución. El equipo formado por Kiko y Unkar fueron de los primeros en estar prevenidos y en actuar en los dos últimos aludes mortales registrados en el Pirineo.

Su labor fue destacada, sobre todo, en el ocurrido el 31 de diciembre, donde, lamentablemente, se tuvo que notificar el fallecimiento de un hombre de 54 años mientras realizaba una excursión con raquetas en la zona de Bielsa. Un rescate a pie por la dificultad del entorno y la noche cerrada que se cernía sobre ellos.

Esto supuso que la perra tuviera que andar durante tres horas haciendo frente a las bajas temperaturas y a la nieve que caía sobre ellos, si bien eso no la frenó para hacer su trabajo: "Detectó el cuerpo en 15 minutos", destaca Navarro.

Con la función hecha, los rescatistas se dedicaron a palear y localizaron el cuerpo 2 metros más allá del punto inicial marcado. Una tarea en la que también participa el agente: "Una vez que el trabajo como guía finaliza, mi trabajo como especialista de montaña continúa".

Kiko Navarro junto a su perra Unkar

Kiko Navarro junto a su perra Unkar Cedida

Un tiempo que fue valioso no solo para los montañeros sino también para los propios profesionales ya que les evita "tiempo de sondeo y paleo". Pero sobre todo lo más importante es que les resta minutos de exposición a que se pueda registrar un alud o restos de nieve por caer a causa de la avalancha generada.

Sin embargo, ese tiempo que ganan gracias al trabajo de Unkar también tiene sus consecuencias ya que la perra trabajó hasta la extenuación. De los esfuerzos, la pastor belga tenía "tocadas" las almohadillas de las patas por lo que recibieron el año juntos en el Refugio de Urdiceto: "La tapé con el saco de dormir porque estaba tiritando y de lo cansada que estaba llegó hasta a roncar".

Una familia unida

La conexión que comparten no es baladí. Unkar forma parte de la familia de Kiko ya que vive desde hace cinco años entre ellos. Así, la familia de cinco de este guardia civil se vio aumentada con la llegada de la pastor belga. Una decisión en la que tanto su núcleo familiar como él reconoce estar "encantados".

De esta forma, le dan una calidad de vida en condiciones para un perro de estas cualidades. Si bien bromea que no está mimada sino que tiene "marcados sus límites" ya que para los instintos que predominan en su forma de actuar es la forma de "vivir más tranquila". La llegada de este nuevo miembro supuso "una bendición" para todos en casa.

Un sentimiento que se transmite también en la unidad de la Guardia Civil de montaña que la tratan como una compañera más a pesar de que algunos de ellos tienen miedo a los perros y la utiliza de "terapia" con sus compañeros. Así, se han acostumbrado a su presencia y es una más de la gran familia de la unidad de rescates de montaña.