Carlota Sánchez y su novio, Luis Carlos Rivera.
Carlota, detenida por el crimen de sus padres, "impulsó" a su novio a acabar con sus vidas y esperó a que se durmieran
Luis Carlos confesó a dos amigos haber matado a Javier Sánchez y Esther Latorre y volvió a hacerlo en el reconocimiento forense.
Más información: Carlota, detenida por el crimen de sus padres, les pedía dinero y "cada vez que iba a su casa de Tauste a verles había gritos".
Carlota, la detenida por el doble crimen de sus padres en Tauste, "impulsó" a su novio Luis Carlos a matar a sus padres y esperó a que ambos se durmieran para acabar con sus vidas.
Es la conclusión de la titular del Juzgado de Instrucción de Ejea de los Caballeros una vez analizados los "múltiples indicios" sobre la comisión del delito, que sacudió en pleno verano a este pueblo de apenas 7.000 habitantes de la provincia de Zaragoza.
Tanto Carlota, con problemas de esquizofrenia y embarazada de unos tres meses, como Luis Carlos fueron enviados a prisión provisional por el doble crimen. Es allí, en la cárcel de Zuera, donde permanecen a la espera de ser juzgados por homicidio por un juzgado popular.
Hasta el momento eran varias las incógnitas que rodeaban a este trágico suceso, ya que no se ha encontrado ni la ropa que llevaban puesta en el momento de la comisión de los hechos ni el arma homicida.
No obstante, el auto de entrada en prisión al que ha tenido acceso a EL ESPAÑOL arroja luz sobre qué sucedió realmente aquel fatídico fin de semana de principios de agosto en Tauste.
Salvaguardando siempre la presunción de inocencia, la magistrada asegura que existen indicios de que el 7 de agosto Carlota Sánchez y su pareja, el colombiano Luis Carlos de la Cruz Rivera Jiménez, viajaron desde Zaragoza a Tauste, donde vivían Javier Sánchez y Esther Latorre, los padres de ella, para acabar con sus vidas.
Los novios accedieron al domicilio de las víctimas con las llaves de ella. En ese momento no estaban en casa, por lo que decidieron esperar a su llegada.
Una vez lo hicieron, dice textualmente el auto de prisión, "esperaron a que Javier Sánchez se durmiera en la habitación, momento en el que comenzaron a propinarle un gran número de puñaladas, causándole la muerte".
La madre subió entonces a la parte superior de la vivienda. Fue en ese momento cuando, según la juez de Ejea, Carlota y Luis Carlos salieron de la habitación donde se hallaba el cuerpo sin vida de Javier y, repentinamente, comenzaron a asestarle una gran cantidad de puñaladas.
Esto explicaría que el cuerpo sin vida de Esther fuera hallado en las escaleras, mientras que el de su marido fue encontrado en el dormitorio principal.
Luis Carlos confesó
Aunque la magistrada reconoce que en estos momentos de la instrucción se desconoce quién portaba el arma y mató al matrimonio, el propio Luis Carlos admitió durante el reconocimiento forense haber causado la muerte de ambos.
También lo confesó a un par de amigos.
En este sentido, la juez es clara: existen indicios "de que Carlota fue la que le impulsó a cometer el delito", habiendo sido "planificado" y "ejecutado por ambos investigados".
En estos momentos, los dos están acusados de homicidio, pero no se descarta que puedan terminar respondiendo por asesinato conforme avance la investigación.
Esto elevaría las penas a hasta 25 años de prisión por cada víctima mortal, según recoge el Código Penal.
La juez de Ejea tiene sobre la mesa serios indicios. Entre ellos, la autopsia que acredita la muerte de ambas víctimas, el informe forense en el que ambos investigados reconocen haber cometido los hechos y las fotografías aportadas en el atestado de las cámaras de grabación situadas en la localidad, en las que se muestra el recorrido llevado a cabo para llegar al lugar de los hechos.
En ellas se ve que los dos se cambiaron de ropa al ir y volver.
También dispone la magistrada de las conexiones de los teléfonos móviles de los investigados a las antenas de telefonía, que muestran el recorrido que hicieron el día de los hechos. Según el documento, coinciden con las horas en las que acudieron a Tauste y volvieron a Zaragoza.
"Es capaz de hacer algo así"
La propia hermana pequeña de Carlota, defendida por el abogado Juan Manuel Martín Calvente -que en su día llevó la defensa de Igor el Ruso- reconoció a la Guardia Civil que su hermana era capaz de hacer algo así.
A esto se unen otros dos indicios 'de peso': la cerradura de la vivienda del matrimonio, que no estaba forzada, y las propias lesiones que presentaba Carlota en el rostro fruto, previsiblemente, del forcejeo con su madre.
Respecto al móvil, la juez expone que hay indicios de un posible conflicto entre la hija y los padres que podría haber desencadenado los hechos.
Según pudo saber EL ESPAÑOL, Carlota acostumbraba a pedir dinero a sus padres y siempre que iba a su casa "había gritos", de ahí que sus vecinos no se alarmaran en exceso al oírlos aquella trágica madrugada.
Por lo que ha trascendido, Carlota, Luis Carlos, Javier y Esther protagonizaron una sonada discusión en uno de los restaurantes de la localidad pocas semanas antes de su muerte.
Esa noche, los novios les habrían comunicado que esperaban un hijo en común, noticia que el que fuera dirigente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA) y su mujer no recibieron de buen gusto.
Con la entrada en prisión de Carlota y Luis Carlos, la juez quería evitar también el riesgo de fuga. Sobre todo por la parte de este último, defendido por el letrado Sergio Piracés.
Suboficial de la Marina en su Colombia natal, llevaba solo unos meses de relación con Carlota. No obstante, los novios no atravesaban su mejor momento.
Él tenía una amante, una tercera persona que trató de utilizar sin éxito como coartada.
En Zaragoza, Luis Carlos se había acogido a la regularización extraordinaria de inmigrantes y no tenía trabajo.
Él mismo reconocía en las filas que se formaron en el Ayuntamiento de Zaragoza para conseguir los papeles que buscaba un futuro mejor para su familia tras haber pasado varios meses de precariedad.
En el caso de Carlota, dice la juez, es obvio que existe un arraigo, pero, sin embargo, no solamente el arraigo es motivo suficiente para excluir el riesgo de fuga, puesto que el riesgo de sustraerse de la Justicia "no se produce únicamente con la huida del país".
"Aunque la investigada carece de antecedentes penales no podemos obviar los hechos que se le imputan y de la prueba indiciaria que apunta a su participación en la comisión de los delitos", añadía para justificar su entrada en prisión.